Política mueve al Mercosur

La consolidación del nuevo bloque económico significaría una nueva presión para los integrantes del Mercado Común del Sur.

Los constantes disensos en el Mercosur obligarían a sus miembros a buscar por su cuenta acuerdos comerciales con Estados Unidos y Europa. / AFP

Al oriente de los Andes, en el grupo de países que se extienden hacia la costa Atlántica y que conforman la coalición regional del Mercosur, se observa con malestar el nacimiento de la Alianza del Pacífico, su rival.

Mientras esta última se encuentra en su floreciente juventud, algunos temen que el Mercosur, el pacto comercial formado en 1991 que incluye hoy a Brasil, Argentina, Venezuela, Uruguay y Paraguay, esté comenzando a marchitarse.

Aquel lejano proyecto ambicioso de integración ha flaqueado en los últimos años debido a prioridades conflictivas entre sus diversos miembros. Los intentos de establecer un acuerdo de libre comercio con Europa se han dilatado por 15 años y están congelados por la decisión de Argentina de proteger su industria local.

Sus miembros han luchado contra serios ataques de inestabilidad y se encuentran separados por barreras geográficas. Brasil, el líder del grupo, a menudo ha sobresalido a expensas de los demás, con las inequidades y asimetrías que llevan a protestar a los más pequeños.

El año pasado Danilo Astori, vicepresidente de Uruguay, el integrante con menor población del bloque y que disfruta el papel de Estado observador en la Alianza del Pacífico, expresó el deseo de su país por convertirse en miembro de pleno derecho del nuevo grupo “lo más pronto posible”. Incluso criticó la “inactividad” del Mercosur. Diversos analistas sostienen que la Alianza del Pacífico, que está más centrada en promover el libre comercio que en proteger la industria local, se ajusta mejor a las necesidades uruguayas.

Pero Dante Sica, economista en la consultora bonaerense Abeceb.com, insiste en que “la Alianza del Pacífico no es una amenaza para Mercosur” y resalta las enormes diferencias entre ambos bloques.

Aunque las metas en pro de los negocios del primero son enteramente económicas, los fundadores del Mercosur se inspiraron en Europa y se propusieron ir más lejos. Concibieron el grupo como una herramienta de fortalecimiento democrático a medida que sus miembros se recuperaban de las consecuencias de las dictaduras militares de los años 80 y buscaban una integración política y cultural.

La actitud de ambos hacia el libre comercio es muy diferente: el proteccionista Mercosur cuenta con acceso preferencial a menos del 7% de los mercados globales. Las economías más abiertas de la Alianza del Pacífico tienen acuerdos comerciales con países que representan el 75% de la economía mundial, asegura Abeceb.com. Por lo tanto, y aunque el PIB combinado de los países del Mercosur es mucho mayor que el de la Alianza (US$3,1 billones frente a US$2,2 billones), los intercambios totales (exportaciones más importaciones) de este último ascendieron a US$1,1 billones en 2012; los del primero sumaron US$653.000 millones.

A pesar de que muchos teman que la Alianza del Pacífico pueda ser otro clavo en el ataúd de una Suramérica unida, Matías Spektor, especialista en asuntos internacionales de la Fundación Getúlio Vargas en Río de Janeiro, sugiere que su éxito puede añadirles nueva presión a las maltrechas economías del Mercosur para que retomen los esfuerzos con miras a sellar acuerdos comerciales no sólo con la Unión Europea, sino también con Estados Unidos.

El inconstante crecimiento de Brasil, que busca un acuerdo con la Unión Europea como un paso clave para explotar su poder negociador con Estados Unidos, y una inminente recesión en Argentina pueden ser incentivos para que el Mercosur se decida por las negociaciones comerciales, dice Spektor. La crisis económica de Venezuela tendría un efecto similar. “La Alianza del Pacífico puede ser el catalizador que conduzca a la unión de los países de la región”, asegura, y añade que “mucho dependerá” de la nueva presidenta chilena, Michelle Bachelet.

Algunos temen que la izquierdista Bachelet le dé una dirección diferente a la Alianza del Pacífico, cuyos proponentes más entusiastas pertenecen a la derecha, y fortalezca los lazos con sus aliados ideológicos más cercanos en Brasil y Argentina. Otros sostienen que no puede afrontar riesgos de ese tipo cuando la economía chilena se desacelera.

En una columna publicada en el diario español El País, Heraldo Muñoz, canciller chileno, consignó que el nuevo gobierno valoraba la Alianza del Pacífico “como un modelo de integración y una plataforma comercial”, aunque daba su apoyo a discusiones que lleven “a una convergencia con Mercosur”. Si ambos bloques fallan en ese objetivo y se consolidan los planes para crear el Acuerdo Estratégico Transpacífico de Integración Económica (que incluye a los países de la alianza con Estados Unidos y varias naciones asiáticas), significaría un “problema geopolítico” para el Mercosur, dice Daniel Kerner, analista de América Latina en la consultora de riesgo político Grupo Eurasia.

En su opinión, el “creciente desencanto” y las prioridades divergentes de los miembros del Mercosur serían su perdición. “Los comenzaremos a ver tratando de anular los consensos alcanzados para que puedan sellar diferentes acuerdos comerciales”, sostiene. Añade que Uruguay ha esperado firmar por mucho tiempo un tratado con Estados Unidos, mientras que Brasil puede negociar un acuerdo bilateral con la Unión Europea si Argentina sigue causando problemas. “Para cada uno de ellos, Mercosur se convertirá en algo menos relevante. Los otros acuerdos nuca morirán”.

A diferencia de la Alianza del Pacífico, orientada principalmente hacia el sector privado, el Mercosur no es un bloque comercial, dice Spektor. En términos de la integración política que ha forjado entre sus miembros, añade, ha sido “un éxito rotundo”. “¿El modelo está funcionando? Claramente no. ¿Pero quién dijo que perseguía el libre comercio?”.

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