Preocupación por deterioro ambiental en la Amazonia

El 94% de los habitantes de la región siente que la deforestación, la contaminación, el cambio climático y la extracción de minerales e hidrocarburos amenazan al llamado pulmón del mundo.

Quienes habitan la Amazonia señalan que, si fuera necesaria la explotación de la selva, sus ganancias deberían invertirse en mejorar el transporte. / Javier Cajiao

Como nunca antes, los habitantes de la Amazonia colombiana manifiestan su preocupación por los cambios negativos que experimenta la región.

El testimonio de Roberto Ordóñez, líder indígena huitoto del municipio de Solano, deja más que claro este escenario. Su infancia, dice, transcurrió entre cedros, carrecillos, guamos, ceibas, canelos y tamarindos, y ahora, para encontrar un árbol como aquellos, tiene que recorrer dos días agua abajo por el río Caquetá, a donde no han podido llegar caucheros, cocaleros, madereros, ganaderos y mineros.

Esta realidad coincide con los resultados de la cuarta Encuesta de Percepción de Ipsos-Napoleón Franco y Amazonas 2030, la cual evalúa de qué manera perciben los habitantes de la región su calidad de vida: mientras el año pasado el 75% de los encuestados afirmó esta alarmado por las transformaciones en su territorio, esta vez la cifra ascendió a 94%. Es decir, 9 de cada 10 pobladores de la Amazonia colombiana sienten que hay un deterioro en sus ecosistemas.

A quienes habitan los departamentos amazónicos los inquietan la tala de sus bosques (85%), el aumento de la contaminación (62%) y del número de especies en vía de extinción (37%), la sobrepoblación (21%) y la variación del clima (19%).

Llama la atención que, aun cuando en la encuesta del año 2011 nadie mencionó como fuente de alarma la llegada de empresas a explotar los territorios, este año el panorama es otro: el 31% de la población siente temor al respecto, particularmente en el borde amazónico (parte del Meta, Nariño, Cauca y Vichada), donde la minería y la extracción de petróleo afectan tres veces más que hace dos años la vida de los pobladores.

Adicionalmente, de 1.363 personas entrevistadas, el 82% considera que la disponibilidad de alimentos en la Amazonia colombiana está amenazada, al igual que el oro (75%) y el petróleo (72%), recursos que según los encuestados deberían ser aprovechados por indígenas y campesinos y así generar inversiones para mejorar la educación, la calidad de vida y la prestación del servicio de salud.

El cambio climático también preocupa. La mayoría de quienes respondieron la encuesta señala que las inundaciones y los aumentos inesperados de temperatura han disparado el número de enfermedades en sus productos de sustento, disminuido la disponibilidad de estos y modificado su calendario ecológico. Peor aún, para el 19% estos factores han sido responsables de su desplazamiento hacia otras zonas.

La preocupación de los habitantes sobre las presiones ambientales que experimenta su región se refleja en los resultados del Índice Amazonas 2030, que mide de 0 a 100 (siendo 0 el peor escenario y 100 el mejor) el estado actual de los departamentos de la región en los aspectos social, institucional, indígena, ambiental y económico.

Si bien el índice muestra que la dimensión ambiental, compuesta por categorías como transformación de ecosistemas y actividad minero-energética, obtuvo un puntaje de 68, lo cual indica que se percibe en un estado normal, la tala indiscriminada se dispara y amenaza el equilibrio del llamado pulmón del mundo.

El índice confirma que la Amazonia es la región más deforestada del país. En promedio, cada año se destruyen 87.374 hectáreas de cobertura boscosa, que equivale al 46% de la tala en toda Colombia.

Rodrigo Botero, consultor en medio ambiente y exdirector de la territorial Amazonia y Orinoquia de Parques Nacionales, resalta que, contrario a lo que plantea el índice, la situación ambiental de la región no es normal. “Hay un estado de alerta que los ciudadanos manifiestan en la encuesta de percepción, razón por la cual debemos preocuparnos por los verdaderos factores que están incidiendo en la transformación de la cobertura boscosa”.

Estos son, según el experto, la minería ilegal, de la que no hay un control ni un sistema integrado que determine sus impactos y ubicación, y la extracción de hidrocarburos, “que en el caso del borde amazónico se está incrementando, y desconocemos información sobre cómo se están solicitando estas licencias”.

Al respecto, Wendy Arenas, coordinadora de la iniciativa Amazonas 2030 —de la que también hacen parte Gaia Amazonas, Etnollano, Cecodes, El Espectador, Semana y Caracol Televisión— resalta otros resultados del informe. Por ejemplo, mucho más que lo registrado el año pasado, la mayoría de los habitantes de la Amazonia colombiana —territorio que ocupa el 42% del país— se siente afectada en su vida cotidiana por el conflicto armado (76%) y los cultivos ilícitos (76%).

El aislamiento también preocupa. Según datos de la encuesta, en el último año, después del desempleo y la pobreza, la falta o el mal estado de vías y puentes alarma al 54% de los habitantes de la región, mientras el 22% considera que las ganancias provenientes de la explotación de la selva deberían invertirse en mejorar el transporte en sus territorios.

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