Proveedores petroleros, contra la pared

Quienes les prestan servicios a las grandes compañías denuncian una caída del 40% en los trabajos de exploración, lo que generará una crisis aún más fuerte cuando las reservas se acaben.

La caída en los ingresos de los proveedores del negocio petrolero ha alcanzado el 45%. En Puerto Gaitán, Meta, las tractomulas ya no tienen qué movilizar en sus tanques. / Gustavo Torrijos - El Espectador

El año pasado, por la vía 40, en pleno Carnaval de Barranquilla, a comienzos de febrero desfiló imponente una carroza de Pacific Rubiales. Llamaba la atención por su tamaño, su color, había derroche de alegría y entusiasmo. Había razones para celebrar. Mal contadas, por invitación de la petrolera, disfrutaban unas 300 personas que festejaban la diversidad cultural. Pero cinco meses después, la realidad empezó a cambiar, el precio del barril de petróleo inició una caída libre (perdió más del 50% de su valor) y nada volvió a ser como antes, tanto que este 2015, en el mismo carnaval, no hubo ni un asomo de la petrolera. Sin carroza. Sin invitados.

Una realidad que les ha pegado a todos los que están involucrados en el negocio, empezando por las petroleras, que han tenido que recortar sus planes de inversión, exploración y también sus estructuras laborales. Pero la crisis no se quedó sólo ahí. A los proveedores (camioneros, ingenieros, empresas de montaje y perforación, etc.), como dirían los cafeteros, les llegó la roya: sus operaciones bajaron más del 45%, las petroleras y sus grandes operadores les están pidiendo que bajen las tarifas e, incluso, les han enviado mensajes indirectos en que les advierten que si no lo hacen, pondrían en duda la continuidad de la relación comercial.

La cuestión es que: aceptan o aceptan. El Espectador conoció una carta que Brad Johnson, director de Adquisiciones y Materiales del Hemisferio Occidental en Halliburton, les envió a sus proveedores en Colombia. Allí, argumentan que la caída de los precios de las materias primas ha creado incertidumbre, que sus clientes han ajustado presupuestos y reducido planes, “lo cual es indicativo de menor calidad”. Y, básicamente, les dejan clara la nueva realidad: “Como parte de la estrategia para gestionar con éxito nuestro negocio a través de este período, necesitamos confirmar con usted un descuento del 20% con efectividad inmediata”.

Y a quienes les dirigió la carta, no les ha quedado otra que aceptar. Sin embargo, fuentes consultadas por El Espectador aseguraron que bajar ese 20% es trabajar a pérdida, los ingresos no darán para pagar los gastos y auguran, desde ya, la quiebra de varias empresas del sector. “Si bajamos ese 20%, el mensaje sería que estábamos ganando de sobra, demasiado, y los estábamos robando. Y eso no es así. La ganancia, incluso, es menor al 10% y ellos nos piden que bajemos el doble de lo que ganamos”.

La realidad, como el precio del petróleo, es crítica. Rubén Darío Lizarralde, presidente de la Cámara Colombiana de Bienes y Servicio Petroleros (Campetrol), alertó sobre “una disminución en los contratos que se venían desarrollando en exploración. La caída ha sido del 40%”. Y suelta un dato importante en época de vacas flacas. “Respecto a las tarifas, todas las empresas las están reduciendo, con un elemento complejo: hace unos 5 o 6 años el precio estuvo como está ahora, se negociaron esas tarifas, luego el precio subió y nosotros no incrementamos los precio. Ellos ahora están pidiendo descuentos nuevamente, pero sobre la base de las que ya se habían negociado”. Y agrega: “Es que esto es muy complejo, las empresas están transando su margen operacional”.

Por temor, varias de estas compañías prefieren no ser nombradas, pues no quieren arriesgar los contratos que hoy tienen vigentes, pero ya tomaron la decisión de salir, de a pocos, del país. A pesar de que el precio del petróleo esté por el piso en todo el mundo, “aquí hay debilidad en infraestructura, grandes problemas con las comunidades que hacen que los costos de exploración suban de manera dramática. Lo que está pasando es que ya están cogiendo sus equipos y se están moviendo a otros mercados que no tienen esos problemas tan fuertes”, detalla el líder gremial.

Y para completar, algunas petroleras dilatan la recepción de las cuentas de cobro. Y cuando las reciben, ya no pagan a 30 días, están trasladando esa facturación hasta los 60 días, de forma tal que tienen más caja, pero dejan a sus proveedores contra la pared. La situación ya tiene una cuantía de dolientes. Hay empresas que desaparecieron, como una del negocio de la sísmica, mientras otros que tienen solvencia han logrado fusionarse.

Por eso, propone Lizarralde, “sería interesante que se estableciera una fórmula. Cuando los ingresos de las empresas de servicios petroleros están afectados por la disminución del precio, la fórmula impacte positivamente a esas empresas, de modo que las apoye cuando la situación es más compleja; y también, que reciban más recursos cuando no es tan complicado. Eso da la posibilidad de tener una empresa montada sobre elementos más estables”.