PSA Peugeut Citröen anunció por lo menos 10.000 despidos

El plan fue fuertemente criticado por el gobierno francés, para quien el conglomerado no ha sido lo suficientemente convincente a la hora de explicar sus razones para ejecutarlo.

La comuna parisina de Alnay-sous-Bois se convirtió en 1973 en el centro de las miradas de la industria francesa, en el mismo año en el que la automotora Citröen le presentó al mercado el modelo DS 23, cuyo motor de 2.347 centímetros cúbicos lograba producir 143 caballos de fuerza gracias a su sistema de inyección de combustible. La planta de producción allí localizada fue clave no sólo en la producción de las 96.990 unidades que la firma contabilizó en aquel año, sino también en los planes del conglomerado PSA Peugeot Citröen, fundado en 1976 con la unión de ambas compañías.

En los años siguientes la vieja planta de producción permaneció como una más de las 16 instaladas por el conglomerado en todo el mundo, las mismas que le permitieron vender 3,5 millones de unidades en 2011. Y habría seguido siendo un nombre más de no haberse convertido hoy en la protagonista principal del más reciente anuncio de la empresa, presagiando su cierre.

“La envergadura y el carácter duradero de la crisis que afecta a nuestra actividad en Europa vuelven indispensable este proyecto de reorganización que nos permite adaptar nuestra capacidad de producción a la evolución previsible de los mercados”, dijo, a modo de disculpa, Philippe Varin, presidente del directorio del conglomerado. La medida, que también implica el cierre de la plata de Rennes, afectará al 10% de sus trabajadores en Francia, o sea, a entre 8.000 y 10.000 personas.

Tan pronto se difundió la noticia, los sindicatos protestaron. De nada sirvieron los argumentos de una pérdida de 700 millones de euros para la división de automóviles de PSA durante el primer semestre de 2012 o las proyecciones de una pérdida de mercado de 10% para el conglomerado francés, pues anunciaron que la lucha “va a empezar”. "Tenemos el derecho de pedir al gobierno que intervenga”, indicó Jean-Pierre Mercier, delegado del CGT, el principal gremio sindical del país, ante los sindicatos de PSA.

Y todo indica que el gobierno francés está dispuesto a tomar cartas en el asunto. Arnaud Montebourg, ministro de Recuperación Productiva, anunció el rechazo de la administración al plan de restructuración del conglomerado y dio a entender que los despidos no fueron lo suficientemente justificados por parte del directorio: “Pedimos a PSA que examine lealmente todas las otras soluciones además de las que reservó a varias instalaciones en Francia y sobre todo a esos miles de empleados involucrados”.

Este es el primer enfrentamiento público entre los industriales y el gobierno del presidente François Hollande, quien llegó al poder este año promoviendo una política de estímulos a la alicaída producción industrial del país, que según cifras de Eurostat (la agencia comunitaria de estadísticas), cayó 2,1% en mayo pasado frente a los registros del mes anterior.

De hecho, Michel Sapin, ministro de Trabajo, aseguró que el anuncio debió realizarse el año pasado, en plena época electoral, pero no se hizo efectivo para proteger a la candidatura del expresidente Nicolás Sarkozy de una caída abismal en las encuestas.

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