¿Qué puede aprender Colombia de Malasia?

Un grupo de colombianos del negocio de las TIC está conociendo de este modelo asiático para aplicarlo en nuestro país. ¿Qué encontraron?

 Un grupo de empresarios del sector TIC pasó por Malasia para aprender sobre innovación.
Un grupo de empresarios del sector TIC pasó por Malasia para aprender sobre innovación.

¿Qué tienen en común Malasia y Colombia? No solo el clima, aunque están a 19.000 kilómetros de distancia en línea recta; no solo la ubicación, porque tienen salida costera y extensas posibilidades de exportar; no solo las tasas de crecimiento, teniendo en cuenta que mientras en el mundo han venido a la baja estos dos han logrado mantenerlas en positivo. La clave está en que las dos, a pesar de tener una historia relacionada con la minería, se la están jugando por la industria de las tecnologías de la información y la comunicación, TIC. Y eso se llama cuarta revolución industrial.

Por eso, un grupo de empresarios del sector de las TIC, reunidos por la Federación de Software de Colombia, Fedesoft, aterrizó en Kuala Lumpur, Malasia, para entender, desde los protagonistas, qué es lo que está haciendo este pequeño país del sudeste asiático para ser catalogado como uno de los que más crece en el negocio de la tecnología y la innovación en el mundo.

La razón es que Malasia trabaja constantemente en ciencia e innovación. Lo hace con la unión entre el gobierno, el sector privado y la academia, fomentando el desarrollo del capital humano y las inversiones en proyectos que cambian profundamente a la sociedad. Patentan, desarrollan, crean servicios, solucionan problemas, conectan el conocimiento. El resultado: reducen la pobreza elevando los ingresos de sus habitantes.

Chin Chee Seong, presidente de Pikom, la asociación que representa a la industria TIC en Malasia, junto con Stan Singh-Jit, uno de los altos consejeros de la organización, cuenta que su país “es uno de los que más promueve las TIC en su región” geográfica. Tanto que viene cambiando la forma en la que participan en la economía porque insertan la tecnología en la educación, le preguntan al mercado qué tipo de profesionales se necesitan y así los van formando para las ofertas corporativas que, en últimas, son las mismas que necesitan las demás empresas del resto del mundo.

“Proporcionamos la plataforma para que los jugadores TIC y los usuarios se reúnan, compartan ideas y podamos llevar a la industria a otro nivel”, apuntan, mientras muestran en su hoja de presentación a algunos de sus miembros, las empresas más encumbradas del negocio mundial: Cisco, Epson, Microsoft, Dell, Intel, SAP, Huawei, Symantec, Oracle, Olympus, Fujitsu, Panasonic, Hitachi y Canon, entre otros. Al final, todos ponen: el Gobierno ayuda con inversión y políticas abiertas, los empresarios compiten sanamente y, contrario a otras economías, aquí se unen para sacar adelante proyectos complicados y la academia pone lo suyo entregando el conocimiento.

Oswaldo Medrano, gerente general de Ikonosoft, parte de los colombianos que visitan Kuala Lumpur, ya tiene sus propias conclusiones: “Uno de ellos mencionaba que desarrollar una aplicación desde cero hacía que uno perdiera competitividad. Decidieron no desarrollar de cero sino que buscaban lo que estaba hecho, ganaban la implementación y lograban soluciones rápidas para hacer sobre eso una herramienta de gestión en las universidades”.

Medrano cree que los malayos tienen “mentalidad más dispuesta al mercado globalizado, no les da miedo hablar de región, mientras que nosotros en Latinoamérica, teniendo el mismo idioma, no pensamos en la misma tónica. Eso deberíamos hacerlo, una apuesta regional. Además, aquí en Kuala Lumpur tienen un esquema educativo en el que meten la tecnología en la educación, eso en Colombia no es una política de Estado. Se podría iniciar y además, recibir más apoyo del Gobierno”.

En últimas, este empresario lo resume así: “la clave está en la ‘coopetencia’ y no en la competencia. Todo en Colombia es un secreto, la gente es celosa, aquí la orientación está en la cooperación. Nos falta tener más visión, mirar más en grande, pensar en grandes negocios”.

Y el talento, ¿qué? Orlando Briceño, de BD Guidance, presidente y BDO, habla de la capacidad de los colombianos y su formación. Recuerda que la ingeniería de sistemas ha sido una carrera que no es bien vista porque carga con un estereotipo incorrecto, “sabiendo que los ingenieros son los que están modificando el mundo. Ellos ofrecen soluciones que impactan a la comunidad. El gobierno colombiano tiene algún enfoque hacia la tecnología, pero se debe producir más entrenamiento. En otros países se ve que no se debe tener un título para poder ejercer”.

Sobre Malasia, Briceño resalta la capacidad que tiene “para capturar la atención de compañías internacionales”, tanto que atiende mercados como el financiero de los estadounidenses. Es algo que “podríamos hacer nosotros, podemos tener menos diferencias en, por ejemplo, zona horaria”. Y como Medrano, coincide en que en Colombia “tenemos un mercado muy grande, necesitamos aliados, debemos hacer transferencia de tecnología en todos los países de la región, no solo pensar en ganar una comisión. Colombia puede ser un integrador que ofrezca soporte para el resto de la región”.

Y aunque hay muchos que creen que abrir la puerta es quedar expuestos para que lleguen multinacionales y acaben con la industria nacional, Briceño considera que hay que “decirles que vengan y trabajemos entre todos”. Con él comparte opinión Juliana Bermeo, directora de Posicionamiento Global de Fedesoft: “En Malasia están abiertos a crear sinergias porque han logrado que contar una idea no signifique que otro se la quite. Se conectan y sacan lo mejor”. Es, sin duda, algo en lo que hay que trabajar muy fuerte en Colombia.

Jaime Torres, presidente de la compañía que lleva su nombre cree que la diferencia que hay entre los dos países es que “en Colombia se quiere lograr todo rápido, mientras que aquí todo es a largo plazo, está integrada toda la cadena”. Sobre la misión empresarial, considera que este tipo de misiones “sirven para proyectar al país” en el sector TIC. También está Pablo Pinilla, de WIN Software,  quien es enfático: “me impactó la estrategia corporativa íntegra y profunda con respecto a innovación y desarrollo. En todas partes se menciona al ministro de finanzas. Eso quiere decir que hay interacción entre todos los actores. Es coordinada y profunda: el gobierno, proveedores de tecnología y la academia. Hay centros de investigación y centros de apoyo para el desarrollo, para capacitación y para promoción".

Para María Isabel Sierra González, directora Ejecutiva de Intersoftware, la organización que agrupa varias empresas del sector en Medellín, hay muchas cosas que sí existen en Colombia pero no se muestran. “No estamos tan atrasados, pero falta financiación del Gobierno y más mecanismos para gestionar esos recursos. Más intención de invertir. Y con ello más incentivo para la producción de patentes”.

Y Julio Medina, de Perceptio, presente en la misión empresarial, hace dos lecturas. “Lo mejor es que Colombia, por medio del Mintic, designe una comisión para que vaya a los 5 países mas avanzados en la construcción de ecosistemas que favorezcan el desarrollo de las empresas y de las exportaciones TIC. Se podría tomar las mejores practicas de ellas y con esto construir una estrategia”.

Por el lado de qué se puede llevar a Colombia de lo visto en Malasia, aparece la idea de planear ciudades como “Cyberjaya en Medellín, Bogotá, Barranquilla y Cali, y de esta forma tener nuestros propios laboratorios de aplicación del conocimiento con una entidad que se encargue de plantear dichas ‘smartcities’ y administrar los recursos de ellas, y otra que integre la industria TI con el sector publico”.

Así es como, observando modelos internacionales, la industria del software colombiana, de las TIC, busca adoptar las mejores prácticas globales, teniendo en cuenta que hoy aporta el 1,19% del Producto Interno Bruto del país y aspira a 2020 estar bordeando el 5% de toda la producción de la economía. ¿Podrá lograrlo el país? Pues por el lado Faris Yahaya, gerente director de Cyberview, una de las entidades de Malasia que depende del ministerio de Finanzas y encargado de parte del desarrollo tecnológico allí, ya se está ejecutando la tarea para alcanzar esto: “La industria de la tecnología en Malasia ha experimentado un fuerte crecimiento desde 2012, sumando más de 9.000 puestos de trabajo y más de 31.000 millones de dólares al PIB. La contribución de la industria de más del 12% al PIB anual aumentará al 17% para el año 2020”. Malasia y Colombia sí son bien parecidas, pero hay que trabajar fuerte porque nos llevan una distancia bien larga cargada de innovación y tecnología.

*Artículo posible tras invitación de Fedesoft. 

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