Puertas abiertas al microcrédito

Una mujer de familia de banqueros es quien tiene las riendas del modelo que busca ofrecer préstamos para los más necesitados en el país.

Luz Ángela Sarmiento Gutiérrez es una mujer tímida que llegó al país hace dos años, cuando su padre Luis Carlos Sarmiento Angulo, dueño del Grupo Aval, le encomendó dirigir el banco que les permitiría a los más pobres acceder a la banca. Al lado derecho de su escritorio hay unas pequeñas réplicas de aviones que le recuerdan que, aunque debe viajar constantemente a Estados Unidos, donde viven sus hijos, su compromiso está en Colombia con las madres cabezas de hogar que sueñan con tener ayudas financieras para poner en marcha los talleres de costura, los restaurantes y los salones de belleza con los que, gracias a la ayuda de Grameen Aval Colombia, pueden sacar a sus hijos adelante.

Ella, hija del hombre más poderoso del sector bancario en Colombia y el más rico del país, según la revista Forbes, a diferencia de su padre, quien ha sido protagonista de perfiles y grandes reportajes en los medios de comunicación, no es una mujer dada a los lentes de las cámaras. Mientras la prensa se centra en la expansión del Grupo Aval y la fortuna de su padre, valorada en US$4.700 millones, asegura que su trabajo es ambicioso, altruista, social, pero muy silencioso, tanto que para muchos colombianos ha pasado inadvertida la bancarización de las 2.070 mujeres de estratos uno y dos que hoy, por cuenta de Luz Ángela y su equipo de colaboradores, ponen a Bogotá como la ciudad donde se habla del banco de los pobres.

¿Considera despectivo el término con el que llaman a Grameen Aval: el banco de los pobres?

No, para nada. He tenido la oportunidad de conocer a las señoras que han sacado los microcréditos y son mujeres luchadoras, inteligentes y trabajadoras. Es el banco de los pobres porque está dirigido a personas que no tenían acceso al crédito. Pero ni yo las veo así y ellas tampoco.

¿Cuántos clientes y sucursales tiene en la actualidad Grameen Aval?

A febrero de 2011 teníamos 2.074 clientes en Bogotá. Estamos operando en tres oficinas: Usme, Bosa y Suba, y próximamente en San Cristóbal Norte. En cuatro años esperamos tener 10.000 clientes.

¿Cuál es el monto básico y el máximo de los microcréditos?

El básico es de $380.000, el promedio $500.000 y lo máximo que hemos dado en este momento ha sido $1 millón.

En esos rangos, ¿cuáles son las tasas de interés que se manejan?

El 29% efectivo anual, que está por debajo de la usura permitida para los microcréditos. No cobramos la administración del 7%. Realmente es una tasa organizada y para las personas es cómoda. Además, se les da dos semanas para el pago.

¿Cuáles son los requisitos que deben tener los interesados para aspirar a un microcrédito?

Tiene que ser una mujer que viva en alguna de las localidades en las que están nuestras oficinas. Aunque la responsabilidad del crédito es individual, nuestra filosofía es conformar grupos de mínimo cinco personas, quienes semanalmente se reúnen para recibir capacitación, hablar sobre los diferentes proyectos y recaudar los pagos semanales de cada crédito. Ya se han conformado casi 360 grupos. No hay mora, los pagos son excepcionales. Ellas tienen una responsabilidad magnífica. El 13% de los hogares beneficiados han tenido la oportunidad de volver a solicitar más préstamos. Creemos en las personas y tomamos el riesgo, que sin duda ha valido la pena tomar.

¿Usted considera que con el microcrédito se logrará acabar con el llamado ‘gota a gota’?

Ese es el camino para acabarlo. He hablado con las mujeres beneficiadas con nuestro microcrédito y esto es lo que dicen: “No habíamos podido prosperar porque se nos iba la vida pagándole al ‘gota a gota’”. Salir de ese ciclo es lo que hace la diferencia en la economía de las familias y la de sus negocios.

Ángela Sarmiento, la filósofa

En 2009, Grameen Colombia Aval surgió con un capital semilla de US$100 millones otorgado por la Fundación Luis Carlos Sarmiento Angulo y con el conocimiento de Grameen Trust, primer banco de microcrédito en el mundo, ubicado en Bangladesh e inspirado en el modelo de microcrédito de Muhammad Yunus, Premio Nobel de Paz 2006. Ella, mujer elegante y con mucha clase, relata que supo de Muhammad Yunus y su modelo de microcrédito hace 30 años, “y me pareció que era una idea muy bella. En ese momento se la conté a mi papá y él me dijo: “No mija, eso no debe funcionar”. En 2006, mi padre tomó la decisión y yo le dije: “Papi, tengo que ser yo quien esté enfrente de eso, por favor, déjame, déjame”.

Unos nacen pobres y otros ricos...

La pobreza existe no por falta de inteligencia, creatividad o trabajo duro, sino por falta de oportunidades. Si hubiera nacido en estrato uno, estaría pidiendo un microcrédito.

¿Difiere en algo el modelo de microcrédito de Bangladesh con el colombiano?

En parte sí. El modelo en Bangladesh es más rural y nosotros somos más urbanos. La mayor diferencia está en que nosotros tecnificamos el modelo. En Colombia estamos empleando más tecnología: en lugar de desembolsos en efectivo, utilizamos tarjetas débito y transacciones por celulares.

Yunus, creador del modelo, es acusado de desviar dineros de Grameen en Bangladesh e incluso algunos economistas consideran que ha promovido el sobreendeudamiento entre los pobres. ¿Qué opina?

Una cosa es Muhammad Yunus y otra cosa es el microcrédito. Este señor es una persona reconocida en el país e imagino que habrá diversos intereses políticos de diferentes partes. El nuestro es con Grameen Trust, no con él. Así que el destino que él tenga no nos afectará. Sin embargo, pareciera que fuera por un conflicto de intereses políticos. Por otra parte, el microcrédito se maneja como cualquier otra operación bancaria, se debe estudiar al cliente y su capacidad de endeudamiento.

¿Es buen negocio bancarizar a los de más bajos recursos? ¿Los beneficiarios qué ganan?

A lo primero, definitivamente sí. La persona ve la diferencia porque no queda esclava del ‘gota a gota’. Para el sistema financiero y para el país, entre más gente esté metida en la banca legalizada es un reto, porque así todos nos moveremos hacia delante. Este modelo se puede hacer con o sin ánimo de lucro, nosotros lo hacemos de la segunda forma, pero finalmente es un negocio, como cualquier cartera: si es bien manejada, será exitoso.

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