Puerto Rico: Entre el impago y el desarrollo

Pese a que las autoridades de la isla reconocen que su deuda es impagable, apuestan por un plan de desarrollo basado en los servicios y el turismo.

Esta semana, el gordo de la lotería Powerball de Estados Unidos atrajo el interés mundial. Se trataba nada menos que de un acumulado récord de US$1.500 millones, que con razones de peso puso a vibrar a los puertorriqueños, quienes, según medios locales, gastaron US$4.000 por minuto en promedio durante el día del sorteo. Los titulares de prensa aseguraban que pegarle al premio era la ilusión de muchos habitantes de la isla, estado libre asociado de Estados Unidos sumido en una crisis económica por cerca de una década.

El 2016 para Puerto Rico pinta incierto. El país completa nueve años de recesión y acumula una deuda de US$73.000 millones, un monto cercano a su Producto Interno Bruto (PIB). De sus obligaciones, hace unos días, el 5 de enero, no pudo pagar US$37,3 millones, de los cuales US$35,9 millones son deuda de la Autoridad para el Financiamiento de Infraestructura (Prifa) y US$1,4 millones de la Corporación para el Financiamiento Público. Standard & Poor’s bajó la calificación de la deuda de Prifa al nivel más bajo. Aun con esas dificultades, las autoridades de desarrollo económico esperan que el PIB de la isla despegue por fin.

Para muchos, la raíz de la crisis de las finanzas ha estado en que los bonos emitidos por Puerto Rico han estado exentos de impuestos en todo Estados Unidos. La medida, adoptada por el Congreso de la economía más grande del mundo en 1917 para impulsar el desarrollo insular, según el analista de Bloomberg James Gibney, hizo demasiado atractivos los bonos para los inversionistas. “Para Puerto Rico, mientras tanto, los bonos se volvieron como calientes tarjetas de crédito: acaba el cupo de una y págala con otra”, escribió Gibney en octubre pasado, dos meses después del primer impago.

En entrevista con El Espectador en julio pasado, cuando los ojos del mundo estaban puestos sobre el impago de Grecia, el secretario de Desarrollo Económico y Comercio de Puerto Rico, Alberto Bacó, explicó que la debacle de la deuda se empezó a cocinar desde que los gobiernos posteriores a 1996, cuando se eliminó el beneficio que daba Estados Unidos a las empresas de manufactura que operaran en la isla, no pensaron un nuevo modelo de desarrollo sino que se dedicaron a tomar deuda y más deuda.

“Lo que ha sucedido es que muchos de los vencimientos de esa deuda llegaron en este período. Como consecuencia de eso, en vez de tener un período como cuando solo se pagaban los intereses de la deuda, es decir, cantidades menores o porciones, en estos tiempos se han combinado el pago regular de la deuda con el vencimiento de ésta”, explicó en diálogo con este diario Luis Daniel Muñiz, subdirector de la Compañía de Turismo de Puerto Rico.

La economía puertorriqueña depende fuertemente de Estados Unidos, por eso la crisis inmobiliaria de hace unos años le pegó directamente, afectó su actividad económica y por ende las fuentes de ingreso que el gobierno necesita para operar, según los analistas. “En los últimos años los planes de austeridad han provocado una crisis socioeconómica con dos efectos: una pérdida paulatina del poder adquisitivo de los puertorriqueños y un movimiento masivo migratorio hacia los Estados Unidos. Eso ha reducido a su vez la gobernabilidad en materia económica hasta el punto en que Puerto Rico está casi en bancarrota y en la imposibilidad de cumplir con obligaciones de pagos”, explica Mauricio Jaramillo, internacionalista y profesor de la Universidad del Rosario.

Íngrid Rivera, la máxima autoridad de Turismo en la isla, reconoció que el 2015 fue un año “duro financieramente”. Sin embargo, según ella, una cosa es la crisis de las finanzas del gobierno central y otra el desempeño del plan de desarrollo económico. Rivera destacó la baja del desempleo, que, de acuerdo con cifras oficiales, cayó de 13,9 % a 11,4 % entre octubre de 2014 y el mismo mes del 2015.

Entre las grandes apuestas de la isla para sacar a flote la contracción que ha experimentado su PIB (0,9 % en 2014), está la promoción de la industria aeronáutica, impulsada en gran parte por la consolidación de Lufthansa, que plantó su centro de mantenimiento en Puerto Rico en 2014. “Esto tiene un impacto importante, porque por ejemplo se establecen y expanden escuelas para la formación de ingenieros”, asegura Rivera.

Asimismo, el país se ha puesto en la tarea de abrir oficinas comerciales en la región, específicamente en Perú y Colombia durante esta administración. La idea es exportar servicios como los de call center y seguir promoviendo el turismo, por ejemplo, con la disposición de 5.000 habitaciones adicionales a las 15.000 actuales, de ahora a 2018. No en vano, Bacó aseguró entonces que aspira que la isla pase de un comportamiento económico en terreno negativo a 5 % de crecimiento en cinco o siete años.

Sin embargo, el atractivo de la isla no deja de ponerse en entredicho con situaciones como la demanda que Walmart le interpuso por la subida del gravamen a las compras entre las casas matrices y las filiales en Puerto Rico. Esta semana, por demás, se supo que Gamestop, la cadena de tiendas de videojuegos, terminará sus operaciones allí a partir de marzo, lo que dejaría a alrededor de 400 personas sin empleo. Para muchos continúan además los problemas de vieja data, como los costos de energía, los segundos más altos en una jurisdicción de Estados Unidos según estudios. Lo anterior, para Muñiz, es sin embargo injusto.

“Allí (en Estados Unidos) tiene diversificación de fuentes: petróleo, gas natural, viento, sol, nuclear, que es bien eficiente y barata. Nuestra gran parte del portafolio de energía está basada en petróleo, entonces depende de la volatilidad de ese precio. Actualmente está por los US$0,19 a US$0,21 el kilovatio/hora. Cuando se compara Puerto Rico con el resto de la cuenca del Caribe, tenemos precios más bajos que el resto”, explica Muñiz.

Puerto Rico, con 3,5 millones de habitantes, debe maniobrar para impulsar su plan de desarrollo con las finanzas públicas en calzas prietas, al tiempo que su soberanía es tema de debate en el Tribunal Supremo de Estados Unidos. La isla, cabe resaltar, no ha podido acogerse a la ley estadounidense de quiebras por no pertenecer a la Unión. La próxima semana, sin embargo, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Jack Lew, viajará a Puerto Rico para reunirse con el gobernador, Alejandro García Padilla, para abordar el tema de la crisis de la deuda. Lew, además, envió una carta al Congreso de Estados Unidos para que apruebe una ley que permita a Puerto Rico reestructurar su deuda, tenida principalmente por fondos estadounidenses, inversionistas particulares y fondos buitres.