El comercio exterior se podría reducir hasta 32 % este año

Qué nos dicen los puertos de la economía

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Las operaciones marítimas de comercio exterior dejan ver cómo se está comportando la demanda en Colombia y el mundo. Así les ha ido a estas terminales de carga en lo corrido del año y así se preparan para su regreso a la normalidad.

Los puertos son la cara de la economía. Si el país anda bien, los puertos también. Si bien los centros de comercio exterior no han detenido sus operaciones, no se puede decir que hayan salido bien librados del COVID-19. Así como en otros lugares del mundo, el tráfico portuario en Colombia cayó un 10 % el primer semestre del año.

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Las operaciones portuarias copian fielmente la demanda interna y externa de bienes de un país. Como las economías se desaceleraron por la pandemia y las medidas adoptadas por los gobiernos para contenerla, los puertos del mundo vieron que era inevitable escapar al impacto. En Colombia, la Cámara Marítima y Portuaria de la Andi proyectó, en el pico de la crisis, que a final de año el comercio exterior se podría reducir entre un 13 y 32 %. Sin embargo, es posible que el escenario sea menos negativo si hay una recuperación en las cifras del segundo semestre.

“Durante los aislamientos la gente interrumpió su ciclo normal de consumo y las fábricas menguaron su producción, lo que género que los procesos de tránsito y comercialización de bienes no fueran los mismos. La caída también se acentuó por el impacto en el precio de los commodities, que son de los bienes más transados en Colombia. Aun así, la reducción no ha sido tan profunda como se proyectó”, dijo Carolina Herrera, directora de la Cámara Marítima y Portuaria, conformada por sociedades portuarias, operadores portuarios y prestadores de servicios.

Estadísticas de la Superintendencia de Transporte muestran caídas en todas las zonas portuarias del país, en algunos casos de hasta dos dígitos. El peor resultado entre enero y junio de 2020 lo tuvo la región Pacífico (-22,7 %). Por ciudades, la mayor caída fue en La Guajira (-45,5 %). Por sociedad portuaria, la variación negativa más alta la tuvo Coremar Shorebase (-97,3 %). Sin embargo, también hay resultados positivos, como el de la Sociedad Portuaria el Cayao (+120,8 %) y el crecimiento de la zona portuaria Cartagena (+4,8 %), jalonada por empresas como Algranel (+26,1 %) y Contecar (+10,8 %).

La Andi hizo proyecciones en tres escenarios con base en cálculos de expertos a escala mundial. El panorama más positivo habla de un período de cinco años antes de que Colombia recupere el tráfico portuario pre-COVID (200 millones de toneladas) si se mantiene la tasa de crecimiento histórica. Los empresarios esperan terminar el año sin pérdidas y lejos de estos pronósticos.

“Las caídas registradas pueden mantenerse o empeorar según como funcione la economía del país. Nosotros hemos reaccionado bien a la pandemia y nuestros resultados operativos y financieros están por encima de la medida internacional. Aspiramos que la situación mejore en los últimos meses del año, pero la realidad es que hay mucha afectación en la producción y el nivel de desempleo está muy alto, dificultades que se trasladan a los puertos porque son parte de la cadena logística del transporte internacional de mercancías”, señaló Domingo Chinea, presidente de la Sociedad Portuaria de Santa Marta.

Por su parte, Andrés Osorio, presidente de Compas, empresa que administra y opera seis puertos multipropósito en Colombia, aseguró: “Independientemente de la pandemia, el sector portuario continuó trabajando porque se trata de un servicio esencial, pues una buena parte de la carga es fundamental para garantizar el abastecimiento del país. En general, nuestros puertos han tenido un buen comportamiento y su caída es inferior a la del mercado, pero no hemos estado exentos de una afectación en la carga movilizada. Con la reactivación económica que se está dando esperamos que haya una nueva dinámica”.

Cargas como el acero, que se importa para las obras de infraestructura y la construcción de vivienda, y el carbón, que es el segundo producto de exportación del país, podrían contribuir a esa recuperación si la demanda vuelve a la normalidad. En lo corrido del año, respecto a 2019, los volúmenes de ambos han caído alrededor del 40 %. También se redujo la importación de vehículos y de electrodomésticos o equipamiento industrial que viaja en contenedores.


En la Sociedad Portuaria de Santa Marta, por ejemplo, la disminución en la exportación de carbón, producto del que dependen entre un 30 y 40 %, les dificulta la recuperación en el corto plazo. Aunque los demás tipos de exportaciones se han comportado dentro de lo esperado y las de productos agropecuarios (banano, aguacate, uchuva, café y aceite de palma) incluso han crecido, el carbón pasa por una crisis de precios internacionales bajos y menor producción en minas que los obliga a buscar cargas sustitutas.

Pero no todo son malas noticias. Al mismo tiempo, uno de los puertos de Cartagena logró una nueva frecuencia directa con Corea, algo que, según la directora de la Cámara Marítima y Portuaria de la Andi, “genera una nueva alternativa y mejora la conectividad”. Por su parte, Barranquilla pudo diversificar la carga de frutas gracias a su inversión en sistemas de enfriamiento, y Tolú mostró un resultado sobresaliente con las ampliaciones hechas. “Ha habido grandes esfuerzos para mantener la infraestructura y sacar adelante la capacidad de apoyar el comercio exterior. Los puertos siguen invirtiendo, procurando ser más eficientes a pesar de esta situación. Ellos no han bajado la guardia y siguen comprometidos”, destacó Carolina Herrera, directora de la Cámara Marítima y Portuaria.

Osorio también destacó los resultados en Tolú, que es operado por Compas, tras una inversión de US$40 millones para ampliar a 2,5 millones la capacidad para mover cereales al año, dado que estos productos representan un 72 % de su operación. De hecho, el puerto registró un crecimiento del 44 % en granel alimenticio entre enero y agosto de 2020 (con cerca de 600.000 toneladas) respecto a 2019 y se espera que siga aumentando. Recientemente se destinaron US$6 millones a la adquisición de una grúa móvil que levanta hasta 124 toneladas de peso para incursionar en otros negocios, como el de contenedores. “En el sector portuario siempre hay que estar haciendo inversiones para adaptar la operación a la mejor tecnología. Tenemos que ser cada vez más eficientes y mucho más rápidos, de manera que esto nos permita atender más barcos”, dijo el presidente. Sin embargo, estas inversiones también podrían verse amenazadas por la coyuntura, pues algunas concesiones que administran puertos en Colombia tienen dificultades para cumplir los compromisos pactados, según la Cámara Marítima y Portuaria de la Andi. La directora del gremio dejó en claro que las empresas tienen la voluntad de entregar lo acordado, pero planteó que se les permita prorrogar los tiempos en caso de que no puedan hacerlo en el corto plazo sin necesidad de modificar el alcance del contrato.

Dado que en el mundo la mayoría de los puertos son operados por privados designados por los gobiernos, se están revisando las inversiones programadas para determinar bajo las nuevas condiciones qué es lo que el mercado va a empezar a pedir y adecuarse a esas necesidades. “Todo ha cambiado, la pandemia ha requerido más tecnología, así que podría ser necesario implementar software y ampliar la infraestructura física, por lo que los puertos pueden llegar a necesitar más inversiones en unos rubros que años atrás no eran tan importantes”, manifestó Herrera.

El tráfico portuario en Colombia moderó el ritmo de crecimiento que traía desde la crisis económica de 2008, que no solo pasó de tasas interanuales de dos dígitos a uno en las últimas dos décadas, sino que ya está por debajo del 7 %. Este mismo fenómeno se repite en varios países de América Latina y el mundo: el crecimiento de movimiento de contenedores pasó del 13 al 5 % en dos años, el de carga seca cayó del 6 a menos del 3 % y el de graneles ya no tiene tasas superiores al 10 %, sino promedios del 6 %. “La pandemia aceleró y profundizó ciertas características que ya se venían advirtiendo en el transporte marítimo, como la ralentización”, concluyó la directora.

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