Entrevista con David Casassas

Renta básica universal o repensar la sociedad

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El investigador de la Universidad de Barcelona, miembro de la Basic Income Earth Network (BIEN), explica qué es la renta básica y por qué es una herramienta para disminuir la desigualdad y mejorar las condiciones laborales de los más pobres, más aún en tiempos de pandemia.

David Casassas, profesor e investigador de teoría social y política de la Universidad de Barcelona y miembro de la Basic Income Earth Network (BIEN), ha dedicado la mayor parte de su vida profesional a estudiar la renta básica. La ha defendido, desde varios espacios, como una herramienta que no solo puede ayudar a disminuir la desigualdad, sino también a promover vidas más dignas. De fondo, este investigador de universidades como Oxford y la Católica de Lovaina, habla de cómo este derecho podría generar ciudadanos más libres y, acaso, felices.

¿Qué es la renta básica?

Es una asignación monetaria, pagada por los poderes públicos, de acuerdo con tres principios: universalidad, es decir, que la reciben todos los ciudadanos de un territorio; incondicionalidad, y con ello nos referimos a que la recibes en cualquier circunstancia que acompañe tu vida sin importar, por ejemplo, niveles de ingreso o número de personas con las que vives, y, en tercer lugar, individualidad, la reciben los individuos, no los hogares. Y eso es importante, teniendo en cuenta que en los hogares hay relaciones de poder. Hay que añadir que la renta básica debe ser una cantidad suficiente para cubrir las necesidades básicas de la vida y eso se calcula de acuerdo con el país en el que estemos. Y, por supuesto, no sustituye otras políticas en especie, como vivienda, educación y salud, entre otros. Lo único que sustituye son los subsidios monetarios focalizados.

¿De dónde puede sacar un país el dinero para costear la renta básica?

Los recursos para financiarla salen de las arcas públicas. Es muy importante que entendamos que la renta básica está ligada al sistema impositivo. Por lo cual una gran mayoría de la población, al menos 60 % o 70 %, sale ganando con ella; hay un 20 % que más o menos queda igual, y luego está el grupo que más tiene y que también la recibe. Pero, hay que aclarar, que, si paga impuestos, ese grupo social, a final de año, cuando hace la declaración de impuestos, tiene que dar mucho más que esa paga mensual de la renta básica. Ahora bien, ¿de qué impuestos sale? Hay un debate filosófico, político y técnico sobre si debe salir de los ingresos personales; de la imposición al patrimonio, como lo propusieron en Argentina; del impuesto de sociedades; es decir, beneficios empresariales, o sobre un impuesto al capital financiero especulativo, la famosa tasa Tobin. Además, es importante mencionar que hay dos fuentes de ahorro en la financiación de la renta básica: no pagas todos los subsidios focalizados que ahora tenemos y no gastas en todos los estudios y comprobaciones para determinar quién necesita los subsidios. Si hay un subsidio universal e incondicional, pues hay una reducción en los costes de administración muy importantes. Se estima que por cada dólar que sale de prestación monetaria sale casi uno destinado a la gestión del programa focalizado.

¿Por qué el debate de la renta básica ha salido a relucir tanto en medio de la pandemia?

La gente se ha sorprendido de una cosa: de lo rápido que hemos caído. Y han caído vidas y trayectorias laborales que parecían seguras. Muchas personas, en el norte y en el sur, se han dado cuenta de que en dos semanas de confinamiento desaparece cualquier atisbo de seguridad material. Esto ha hecho que el debate sobre el derecho incondicional a la seguridad material se haya extendido en todo el mundo. Hay muchos sectores que nunca habían pensado en la renta básica y con lo sucedido se lo están planteando seriamente. Incluso, medios del establecimiento, como el Financial Times, la están sugiriendo para un nuevo contrato social.

¿Cómo se conecta la renta básica con la búsqueda de la libertad?

La renta básica debe ser vista como la universalización del derecho humano a elegir una vida propia. Esto ya existe. Los ricos lo tienen, pero como solo lo pueden hacer ellos, no es un derecho, sino un privilegio. Lo que se busca con esta herramienta es que eso cambie a un derecho al alcance de todos. Si me permites el chiste, esto se entiende mejor en Latinoamérica, donde hay repúblicas, a diferencia de España, donde vivimos en un reino. Me explico: un régimen republicano reconoce que no hay libertad posible si no hay acceso incondicional a recursos. ¿Por qué? Porque los recursos te dotan de poder de negociación para rechazar lo que no quieres para tu vida y tirar para adelante en otras actividades. El filósofo anglosajón Philip Pettit dice que para evaluar si somos libres tenemos que superar el test de la mirada: ¿te puedo aguantar la mirada o debo agacharla porque dependo de ti material o simbólicamente? En una verdadera república, necesitamos que todos los ciudadanos —todos los colombianos, por ejemplo— puedan mirarse frente a frente sin temer del otro, ya sea el marido, el empresario o quien sea, a la hora de decidir sobre su vida libremente. Por ello, lo que toca preguntarse en países que formalmente son repúblicas es si realmente son repúblicas o solo simulacros de ellas.

¿Tener que acudir a empleos que no deseamos para sobrevivir podría considerarse esclavitud?

En esta misma tradición republicana tenemos autores como Aristóteles o Marx, tan distintos, uno era un aristócrata y el otro era un revolucionario, pero ambos decían que cuando los contratos de trabajo asalariado surgen en condiciones de desposesión, quienes los firman no tienen la capacidad de codeterminar esa relación de trabajo, con lo cual están transfiriendo a la otra parte, es decir, los empresarios, la potestad de decidir cómo, cuándo, por qué y de qué modo se trabaja. Eso acerca el trabajo asalariado a la condición del esclavo. La renta básica está pensada para horizontalizar estas relaciones de trabajo, tan a menudo lesivas de la libertad de la gente. Y esto no significa que el empresario sea una mala persona por definición, sino porque fruto de la desposesión se genera una relación profundamente jerárquica, en la que la gran mayoría pierde el derecho a codecidir.

¿Es la renta básica la gran salida a la desigualdad?

Es un mecanismo que contribuye, pero no debe estar solo. Necesita también de otras políticas. Y esto es muy importante porque ha habido una defensa neoliberal de la renta básica. En Estados Unidos, por ejemplo, hay quien dice que en vez de tener “un papá Estado” que nos controle, se debe eliminar el estado de bienestar o impedir que este se construya, pero dando a la gente unos cacahuetes para que lleguen a fin de mes de alguna manera. Esto es una distopía neoliberal, porque imagínate que tengamos ahora que acudir al mercado a comprar la sanidad, la educación, la vivienda… La renta básica ya no tendría poder emancipatorio porque todo el dinero se acabaría rápido, al tercer día. Necesitamos que haya prestaciones en especie que la acompañen. Por otro lado, es importante tener en cuenta que también las grandes acumulaciones de poder económico privado son lesivas de la libertad de la gente.

Uno de los grandes argumentos en contra la renta básica es que el Estado no debería regalar todo a las poblaciones más vulnerables...

Yo sugeriría dos cosas ante el clasismo que hay en esta objeción. La primera es que si esa es la molestia, se debe poner un impuesto brutal sobre las sucesiones, para que todo el mundo empiece de cero. Si la gente no debería recibir nada, pues que no reciba nada nadie. Es muy curioso este argumento, porque detrás de él existe esa idea de que está mal regalarles cosas a los pobres, “porque son viciosos, villanos, chusma”; pero cuando se trata de regalarles a los ricos no hay un problema. Estas personas reciben el patrimonio de generaciones anteriores y, además, se les regala la plusvalía que extraen de sus trabajadores. Y más allá de eso, hay que aclarar que la renta básica no es un regalo, es un derecho. Se trata del derecho a acceder a la parte que te corresponde de la riqueza, la cual es un producto social que resulta de un esfuerzo colectivo que termina en manos de unos y no de otros por multitud de circunstancias y azares sociales que normalmente escapan a nuestro control.

También está el argumento que si se les da una mensualidad, la gente dejará de trabajar...

Nos tenemos que sacar de la cabeza que a la gente no le gusta esforzarse. A la mayoría le gusta sacar adelante un proyecto de vida propio, pero el famoso mantra liberal del “querer es poder” no es real. La renta básica hay que mirarla como una palanca de activación de muchas formas de trabajo que a mucha gente le gustaría llevar a cabo y no puede porque está atada a circunstancias difíciles, a trabajos alienantes y a la trampa de la informalidad, de la que no sales si no tienes esa palanca. No vean esto como una especie de “paguita”, sino como una herramienta para que se pueda rechazar lo dañino y activarse en proyectos individuales y cooperativos, como proyectos comunitarios que realmente quisiéramos hacer. Por otro lado, creo que hay sesgo clasista en este temor: es como si nos molestara que alguien que no tiene recursos decida no trabajar por un tiempo. Preguntémonos si eso sucede también con los ricos. Le decimos vagancia y holgazanería cuando son las mayorías populares quienes pueden gestionar cómo manejar sus actividades de trabajo.

Hace poco salió un estudio de renta básica en Finlandia que justo demostró que la gente no dejó de trabajar...

Exactamente. Demostró que no se deja de trabajar, pero la gente tampoco se ponía a trabajar más en el mercado de trabajo. Lo que se observó fue una mejora considerable en la salud mental, porque hubo una reducción del estrés financiero. También hubo una incorporación de actividades formativas para preparar la reincorporación al mercado de trabajo en mejores condiciones. Y esto mismo ha sucedido en Barcelona, en ciudades holandesas, en la India, en Namibia, en Kenia, en Canadá y en varios países más del sur y del norte donde se han hecho experimentos.

¿Cómo podría una renta básica impactar en fenómenos como la violencia en Colombia?

Yo no soy nadie para dar lecciones sobre qué debería hacerse en Colombia, pero algo puedo decir. Solucionar un problema tan profundo de violencia implica procesos masivos de inserción social de la gente. Pues bien, ¿a qué sociedad invitamos a exguerrilleros, exparamilitares, expresos a vivir una vida con sentido? ¿Una donde haya oportunidades u otra donde lo que te espera es un trabajo de mierda, informal y con baja remuneración? Entiendo que proyectos que pasan por la garantía de recursos para todos pueden permitir plantear una convivencia social y económica más fructífera. Tener la posibilidad de vincularte a un proyecto de vida con una fuerte dimensión colectiva ayuda mucho a que dejes atrás lo que te llevó o no te dejó salir de esa violencia e insertarte y generar tejido social con capacidad de absorber a personas que quieren arrancar una vida nueva.

¿En dónde existe la renta básica?

En México D. F. existe una renta básica incondicional e individual para mujeres y hombres mayores de 65 años. Y ahora Andrés Manuel López Obrador la quiere ampliar al conjunto del país. Obviamente, es un grupo particular, porque no se espera que vayan al mercado de trabajo, pero hay que destacar que se observa un incremento de la autonomía de estos individuos. También hay una renta básica en Alaska (Estados Unidos), desde los años 80, porque se asume que el petróleo que hay allí es de todos y los beneficios empresariales de los privados que lo explotan son gravados. Lo que se saca de esa imposición fiscal va al Alaska Permanent Fund y, al final del año, ese dinero se reparte igualitariamente entre los ciudadanos. Esa, por cierto, es otra forma de financiarla: repartiendo una parte de los beneficios de la explotación privada de un recurso común. Lo que pasa con la renta básica de Alaska es su insuficiencia. Estamos hablando de US$1.500 al año, que en Estados Unidos no es suficiente para vivir.

¿Cómo puede contribuir la renta básica a la lucha feminista?

Visto lo que han dicho las compañeras feministas, diría, quizá simplificando, que quienes están a favor tienen tres razones. En primer lugar, dicen que es una especie de contrapoder doméstico. En el hogar hay relaciones de poder y es importante que allí las mujeres puedan levantar la mirada y la voz ante sus compañeros y proponer o forzar otro reparto de tareas y otra corresponsabilidad con las actividades domésticas. En segundo lugar, la renta básica proporciona un reconocimiento indirecto a otros tipos de trabajo, como el doméstico y el comunitario, que no se remuneran y que hacen, mayoritariamente, las mujeres. En tercer lugar, otras autoras dicen que, históricamente, el feminismo ha dicho que las mujeres se han de liberar yendo al mercado del trabajo, pero nos recuerdan que allí todo termina siendo de lo más salvaje. Al final se cuestionan si salir del fuego del hogar patriarcal para caer en las brasas de la explotación del trabajo asalariado es una buena opción, y sugieren que quizá con la renta básica les puede ir mejor para armar otros proyectos, como redes de apoyo mutuo, iniciativas de cooperativismo, etc. Sin embargo, hay que mencionar un argumento en contra de la renta básica que esgrimen algunas feministas: en un mundo patriarcal, nos dicen, la renta básica puede condenar a las mujeres al trabajo doméstico. Sus compañeros podrían decirles que no es necesario salir al mercado laboral si tienen la renta básica, que ya cubre sus necesidades básicas. De este modo, quedarían encerradas en el hogar. Aunque me temo que ese riesgo ya existe ahora.

¿Por qué los ricos deben recibir la renta básica?

Porque el hecho de que lo reciba todo el mundo es la garantía de que su consignación sea efectiva el día uno de cada mes, de entrada, y no cuando has caído pobre y no puedes negociar tus condiciones de vida con libertad. En cambio, si esperamos a ver quién es rico o pobre, lo que haces es generar pobres para darles una renta para pobres. Si queremos evitar esto, debe ser para todos. Pero no hay que preocuparse porque cuando llegue el mes de pagar los impuestos, si cumplen y no evaden, los ricos aportarán al sistema mucho más que esa renta básica por doce meses. Además, es importante aclarar que también es un derecho y que muchos ricos, con la excepción, quizá, de los archirricos, pueden dejar de serlo en cualquier momento por los embates del neoliberalismo.

¿Quiénes son los mayores opositores de la renta básica?

Pierden quienes tienen a las grandes mayorías sociales disciplinadas, quienes pueden obligarlas a hacer aquello que ellos desean y necesitan. Sin duda, las grandes perdedoras serían las oligarquías. Aunque a mí me gusta ver la renta básica más como una invitación a una sociedad más cohesionada, sin violencia, sin grandes desigualdades, y esto a una persona rica también le debería interesar, si es que no prefiere vivir en un búnker y dedicarse a explotar a los demás.

¿Se puede perder en algún momento el derecho a la renta básica, por ejemplo, cuando se comete un delito?

Yo diría que no. Es un derecho de ciudadanía. Ahora bien, si te vas a la cárcel, puede que allí no necesites la renta básica. Lo que se puede hacer es ir depositando los pagos en una cuenta, para que cuando esa persona salga tenga un colchón que la ayude a reinsertarse.

En sus charlas hace un símil entre el trabajo asalariado y el divorcio...

Claro. Me explico: muchos dirán que estoy proponiendo que la gente abandone el trabajo asalariado. No, no. Lo que esperamos quienes apoyamos la renta básica es que el trabajo asalariado puede ser una decisión compatible con la libertad, siempre que yo conserve la posibilidad de salir de esa relación cuando resulte opresiva y de amenazar con que me voy, lo que me dota de poder de negociación para modificar esa relación. Por eso es parecido al derecho al divorcio, que no está pensando para que todos nos divorciemos, sino para que exista la posibilidad. Pues bien, con la renta básica tenemos la posibilidad de divorciarnos del trabajo asalariado. No estamos obligados a hacerlo, pero lo permite; lo que nos da fuerza para decir cómo queremos trabajar en realidad. Se trata de democratizar las relaciones de trabajo. Y, finalmente, en caso de divorcio, se trata de poder elegir formas de trabajo situadas fuera de los mercados y recibir remuneración por ello, como los cuidados de la vida en el ámbito doméstico o el trabajo comunitario.

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