La ruta a América Central

La agenda comercial de Bogotá incluye ahora a cinco países de esa región.

Las instalaciones del Hotel Bogotá Royal se convirtieron el martes en un escenario de consultas técnicas y privadas, propuestas de rebajas de aranceles y protección de sectores. Sus salones fueron el lugar escogido por los equipos negociadores de Colombia y Costa Rica para iniciar la primera ronda de conversaciones con las que ambos países buscan sellar un tratado de libre comercio y consolidar el intercambio binacional que, según cifras oficiales, ascendió a US$134,5 millones en mayo pasado.

Pero los diálogos no han estado exentos de nerviosismo. “Hay que negociar con pinzas”, le explicó Luis Obando, asesor en comercio internacional de la Cámara de Industrias de Costa Rica, al diario La Nación de ese país. El principal temor de los empresarios ticos se relaciona con las industrias agrícola y de alimentos, las mismas a cuya mesa de negociación llegaron con una propuesta de exclusión total de beneficios comerciales.

Pero del otro lado de la mesa, las oportunidades son el denominador del discurso colombiano. “Costa Rica es un mercado muy importante, pues es el país de la región que más ha aceptado a nuestra industria”, señala Camilo Acevedo, presidente de la Cámara de Comercio Colombo Centroamericana y del Caribe. De hecho, Proexport identificó ventajas estratégicas en los segmentos de confitería, dotación hotelera e institucional, materiales de construcción, joyería y bisutería.

Este proceso de negociación es la última etapa de la política comercial colombiana en territorio centroamericano, la cual se inició a finales de 2009 con la entrada en vigor del TLC con Guatemala. El país cuenta hoy con tres tratados vigentes (el acuerdo del Triángulo Norte, que, además del guatemalteco, incluye a los mercados de Honduras y El Salvador) y dos negociaciones en curso (Panamá y Costa Rica —ver gráfico—).

Sin embargo, a pesar de estos avances, los mercados de esa región no han sido explorados a profundidad. “El acuerdo del Triángulo Norte apenas incluye el 70% del universo arancelario con desgravaciones a 15 años. Aún queda mucho trabajo por hacer para que el comercio de manufacturas y servicios reemplace a los productos energéticos en las exportaciones”, dice Acevedo.

El único país que falta en la ecuación es Nicaragua, con el cual Colombia, además de un litigio fronterizo, sufre la aplicación del impuesto de soberanía, de 35% más arancel, para los productos que no son considerados básicos. “A pesar de las diferencias ideológicas, es un mercado que sigue siendo apetecido por la industria colombiana”, asegura.