La SAC: el gremio de gremios que cumple 145 años

La Sociedad de Agricultores de Colombia surgió con la necesidad de tecnificar el sector agropecuario. Casi siglo y medio después, asegura buscar la competitividad y aportar a la paz.

Recientemente, la SAC ha impulsado la conformación de una alianza para el desarrollo de la agroindustria. / EFE

La Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC) surgió con la esperanza de sofisticar la agricultura, que en la segunda mitad del siglo XIX aún no lograba consolidarse como un renglón estable de la economía nacional, en parte por su débil carácter técnico. Nació hace 145 años, en los Estados Unidos de Colombia, en un momento de estímulo para el comercio en el país y en el que la producción agrícola, con la quina, el tabaco y el café, lograba ganarles terreno a los productos mineros en la canasta exportadora. Ésta, sin embargo, no pudo evitar estar sometida a los vaivenes de la economía mundial.

Su promotor fue un liberal radical, el expresidente encargado Salvador Camacho Roldán. Sin embargo, como reconstruyen José Antonio Ocampo, Joaquín Bernal, Mauricio Avella y María Errázuriz, en el libro Historia Económica de Colombia, la vida temprana de la SAC fue irregular, no muy diferente de lo que pasaba con toda la agricultura como sector. El origen del gremio difícilmente habría podido estar al margen del cultivo que, desde entonces, sobresaldría en el agro nacional, el café. De hecho, en 1904, se consolidó como la Sociedad de Productores de Café.

Dos años después pasó a ser la SAC, un gremio en búsqueda de beneficios para los agricultores colombianos y que, como cuenta Absalón Machado en La cuestión agraria y el desarrollo agropecuario, incluso tuvo un papel de peso en la consolidación de un ministerio de agricultura en los primeros años del siglo XX. En un contexto en que la actividad gremial en el país empezó a tomar vigor, se formó la Federación Nacional de Cafeteros, en 1927. Ésta sigue siendo la organización de la producción más importante del país, que maneja cerca de $260.000 millones al año a través del fondo parafiscal de los caficultores.  

La SAC, sin embargo, dicen Ocampo y otros autores, “continuó ejerciendo un papel gremial activo, particularmente en la defensa de los intereses de los grandes propietarios rurales contra los intentos reformistas de López Pumarejo”, en los años treinta, lo que también ocurriría con las iniciativas de reforma en los años setenta. En su estudio sobre la SAC, el historiador y también expresidente del gremio Jesús Antonio Bejarano, sin embargo, intentó dar cuenta de que el papel de organizaciones como la Sociedad de Agricultores de Colombia  ha  trascendido el interés de ejercer influencia en las políticas nacionales, al dedicarse, por ejemplo, a la difusión de conocimiento técnico.

Según el exministro Roberto Junguito, también expresidente de gremios, entre los que está la Sociedad de Agricultores de Colombia, el mayor logro fue “que la SAC se convirtiera en gremio de gremios muy representativo de la agricultura colombiana y no estar simplemente representada por unos pocos grandes agricultores como era antes de los años ochenta”, según se lee en la edición de aniversario gremial de la Revista Nacional de Agricultura. Hoy, para el economista uno de los principales retos de la institución, que tiene más de 50 afiliados, es adquirir mayor liderazgo, junto con el Consejo Gremial.

Entre las iniciativas recientes de la SAC está la de “consolidar el desarrollo agroindustrial en Colombia”, de la mano de Fedepalma, a partir de una agenda que se empezó a trazar en noviembre pasado. Entonces, se sumaron a la alianza por la agroindustria el gremio bananero Augura, Fedearroz, la Federación Nacional de Cafeteros, Fenavi, Asocolflores, Asocaña, el gremio de porcicultores Pork Colombia, Fedecacao, Conalgodón y Asohofrucol, entre otros. La coalición, según el documento que firmaron, se conformó con la convicción de que la agroindustria facilita la adopción de tecnología, contribuye al “uso sostenible de los recursos naturales y de la conservación de la biodiversidad” y ayuda a mejorar la gobernanza territorial, entre otros aspectos.

Desde agosto pasado se supo que quien había estado al frente de la SAC los últimos 15 años, Rafael Mejía, dejaría la institución para irse a trabajar más cerca del Gobierno, en la Bolsa Mercantil de Colombia (BMC). “El doctor Mejía logró agrupar y liderar varias organizaciones que por su carácter sectorial tenían diferencias importantes”, manifestó Augura luego de que se conoció la renuncia del ahora presidente de la BMC.

Mejía, entre otras cosas, hizo parte de la Misión para la Transformación del Campo, un grupo de expertos que diagnosticó el sector rural y entregó recomendaciones al Gobierno para sacar el campo del rezago histórico en el que se encuentra. Además, con el Ministerio de Agricultura, dejó planteada una agenda de cinco puntos para impulsar la agricultura: una reforma arancelaria, mecanización agrícola, formalización laboral, agua e infraestructura, y asistencia técnica.

En cuanto a política, los ojos de la SAC, durante los últimos años, han estado puestos sobre la creación de las zonas de interés de desarrollo rural, económico y social, zidres, una figura creada por el Gobierno para desarrollar regiones apartadas, pobres, con poca población y en donde la tierra es muy costosa de adecuar para que produzca. Las zidres fueron demandadas por inconstitucionalidad, y en la Corte la votación quedó empatada, por lo que ahora el asunto está en manos de un conjuez.

Durante todo el debate, la SAC ha salido en defensa de estas nuevas zonas, un punto que es muestra del tipo de diferencias que tradicionalmente han existido entre los miembros de la Sociedad de Agricultores de Colombia y los trabajadores rurales y campesinos, diferencias que han derivado en la constitución de otras organizaciones como Dignidad Agropecuaria. Esta última ha sido acérrima crítica de las zidres, pues las han visto como una amenaza para los pequeños productores y la agricultura familiar. De hecho, Dignidad Agropecuaria y otros han tratado de reivindicar la producción familiar a través de la iniciativa de un referendo en defensa del agro, la soberanía alimentaria, los campesinos, mujeres rurales y grupos étnicos.

“Llegamos a un punto en el que debemos pensar en el futuro del agro, en cambiar nuestro discurso y pasar a hablar de empresarizar y formalizar a los pequeños, medianos y grandes productores; a comenzar a consolidarlo con oportunidades y capacidades reales para ellos mismos y generar las condiciones para dar el gran salto hacia una agricultura sólida, competitiva y sostenible”, escribió, a propósito de los 145 años de la SAC, su presidente encargado, Alejandro Estévez.

Juan Manuel Ospina, líder del gremio hasta 1998, afirmó: “La vieja pero vigorosa SAC con su experiencia y sabiduría está llamada a ser elemento clave para defender y acompañar a una agricultura próspera, competitiva, sostenible e integrada en términos de productores y de procesos productivos, que podrá surgir vigorosamente en este tercer posconflicto desde los distintos”.

La SAC se ha convertido en un referente del sector del agro, por asuntos que van desde sus estudios económicos y su interlocución con el Gobierno hasta sus propias iniciativas y afiliados -varios de los gremios con más peso en la producción y la industria- o sencillamente su tradición. Hoy, la SAC se presenta –una vez más- como una aliada en la búsqueda de la paz y la competitividad del sector agropecuario nacional, consignas no muy diferentes a las que tenía hace 145 años. Celebrará su aniversario con la iluminación de la Torre Colpatria, el edificio más empinado de Bogotá, en donde la SAC, en lo más alto, tiene su sede.