Santa Rosa de Osos brilla como el oro

La empresa canadiense producirá 50 mil onzas anuales. El desarrollo de este proyecto, en el norte de Antioquia, es lo más cercano que tiene Colombia a un proceso participativo en el que la comunidad decidió en qué condiciones se podía hacer esta actividad.

Las vacas se trepan en las montañas, unas elevaciones de tierra con formas cónicas y unos casi escalones. Desde lejos parecieran una imagen sin dimensiones que dan la sensación de estrellarse contra ellas. Los animales se asoman indiferentes desde la cima mirando a los que pasan por la carretera que está debajo, en la falda.

Si pudieran hablar nos dirían que ven las matas de tomate de árbol que se extienden en casi todo el territorio rural de Santa Rosa de Osos, en el norte de Antioquia. Además que divisan los cerros en los que hay otras vacas con la misma actitud y sembrados de papa.

Con esa impresión el municipio va absorbiendo al foráneo. Nunca lo intimida, sólo lo sorprende. Con algo de diferencia por la marcada mano del hombre y el paso del tiempo que no da espera, algo similar habrán visto los colonizadores cuando llegaron por vez primera a esta zona del país.

El ser humano, por lo general, coincide en sus búsquedas más elementales. Lo que pasó entre los indios nutabes y los españoles en el norte de Antioquia demuestra que el azar, a veces, también echa una mano a quienes pretenden lo mismo. Los europeos, tras descubrir América, querían llevarse las riquezas posibles. En Santa Rosa de Osos la práctica minera era muy común.

“Nuestra historia se fundamenta en la minería. Lo primero que encontraron los colonizadores fueron vestigios de minería que practicaban los indios nutabes. Hicieron sus investigaciones y encontraron grandes cantidades de oro en la meseta. El capitán Antonio Serrano de Espejo fue el primero que solicitó un título de minas para Santa Rosa de Osos, hizo capitulaciones con el gobernador Manuel Velázquez, en 1636, y fueron aprobadas por el rey Felipe IV”, cuenta Martín Alonso Medina, uno de los historiadores más reconocidos de esa zona de Colombia.

La falta de tecnología para optimizar las operaciones, la epidemia de viruela que atacó a los esclavos y la abolición de este flagelo diezmaron de manera paulatina la actividad hasta que muchos empezaron a migrar a otras labores productivas, como la siembra y la ganadería.

Las marcas de la minería quedaron plasmadas en el paisaje. Las baticiones, unas perforaciones que parecen cráteres, son las huellas del frenesí aurífero que se desató en el territorio santarrosano. Precisamente estos fueron los indicios que sedujeron a la empresa canadiense Red Eagle. Eso y unos 500 túneles, algunos con más de 50 años de antigüedad.

Tras un período de investigación y viabilidad le apostaron al desarrollo de un proyecto minero. Como en la mayoría de estos procesos la comunidad, esa que sabía de su tradición extractiva, se opuso. Las autoridades habían aprobado la utilización de 499 hectáreas para desarrollar minería.

Fuentes hídricas, flora y fauna, una vez más, habían quedado al libre albedrío y en manos de una empresa. Los planes iniciales hablaban de una mina a cielo abierto, pero los habitantes siguieron diciendo que no. La resistencia fue efectiva, la empresa terminó por aceptar que no era la manera más viable de desarrollar ese proyecto.

Según el director de la Unidad Municipal de Asistencia Técnica Agropecuaria (Umata), Nicolás Ossa, “esta zona es importante por la conservación de las aguas, pues abastecen a Medellín y el Valle de Aburrá. Casi un 50% de las que se consumen son producidas en el norte y más del 60% de la electricidad que se usa allí se hace con estos recursos”.

Entre reuniones, controversias y alegatos -producto de la desinformación, pero también de la desconfianza por los malos procedimientos y evidentes impactos ambientales de la actividad minera en Colombia y el mundo- Red Eagle y su negocio fueron aceptados bajo unas condiciones, negociadas y aceptadas con la comunidad, sin ultraje y sin atentar contra los recursos ni la dignidad de nadie.

Cerca de 5.800 hectáreas, distribuidas en dos bloques, serán devueltas por la firma al considerar que podrían afectar el hábitat de animales como el puma y contaminar la estrella fluvial del cerro de San José. Asimismo, en compañía de la Fundación Guanacas y de la Umata, construirán un corredor biológico que, además, protegerá las especies de árboles que hay en la zona.

De esta forma comenzará labores, después de 25 años de no ser aprobada una licencia para esta actividad, la primera empresa dedicada a la extracción de oro. Un antecedente que sin duda es el punto de partida para un nuevo discurso: la comunidad decide cómo y cuándo se hace minería en su territorio. “Las mineras tienen que entender que en todo lado no se puede extraer”, reflexiona Ossa.

La mina San Ramón producirá cerca de 400 mil onzas de oro entre 2017 y 2025, y 270 empleos directos -en la fase de construcción y de explotación- y 500 indirectos. “No estamos generando falsas expectativas. Explicamos cuál es la mano de obra que podemos generar. No queremos que las personas dejen el campo, por eso máximo habrá una persona por familia para que los otros no descuiden las actividades lecheras o ganaderas. No se puede perder la vocación agrícola”, dijo Thyana Álvarez, directora de Responsabilidad Social de Red Eagle.

La caída de los precios internacionales, sin embargo, es una de las preocupaciones de la compañía (pues pasó de costar casi US$1.500 la onza a principio de este año a US$1.144 por onza este semana). Para Rafael Silva, country manáger de la minera canadiense: “Lo peor que le puede pasar a este proyecto es que el precio de la onza de oro quede por debajo de los US$1.000. Tenemos tres modelos financieros y a ese precio todavía se puede trabajar. US$1.300 es la cifra ideal para pagar el proyecto en poco más de uno año”.

En agosto empezará la construcción de la mina subterránea y se espera que para finales del próximo año entre en fase productiva.

Las vacas siguen mirando indiferentes y los cerros siguen en pie. El frío insiste en colarse por cualquier espacio que no sea cubierto por un abrigo. En Santa Rosa de Osos se camina sobre oro y no hay riesgo de que eso vaya a cambiar.

* El Espectador visitó la mina San Ramón por invitación de Red Eagle.

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ÓSCAR GÜESGUÁN SERPA *

Economía

Santa Rosa de Osos brilla como el oro

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