Ser ético en los negocios no es tan simple como "hacer lo correcto"

La reestructuración del Banco Cooperativo del Reino Unido abrió el debate sobre a quién se le debe prestar el dinero.

La moneda inglesa ha sido una de las más atractivas para los prestamistas. Por eso los nuevos inversionistas del Banco Cooperativo hablaron de apoyar proyectos ambientales y evitar hacer créditos a los vendedores de armas. / 123rf

“La honestidad es la mejor política, pero quien está gobernado por esta máxima no es un hombre honesto”, dijo Richard Whateley, arzobispo de Dublín, quien era un teólogo del siglo XIX. Su observación resulta muy relevante para el debate moderno en torno a la naturaleza de la ética en los negocios.

 El Banco Cooperativo del Reino Unido acaba de anunciar una reestructuración que elimina el valor de las acciones actuales. Durante muchos años, el mensaje publicitario del banco ha sido su aspiración a estándares más altos de conducta ética que su competencia. Los abogados del diablo podrían aprovechar los problemas financieros del banco y decir que estos son la prueba de que la honestidad no paga, pero eso no fue lo que aconteció en este caso. El Banco Cooperativo falló por las razones que generalmente llevan al fracaso de los bancos y los negocios: malos préstamos en propiedad comercial y la adquisición mal dirigida de otro negocio por parte de una gerencia cuyas ambiciones eran más grandes que sus capacidades.

 Los portadores de bonos ahora tendrán control sobre el banco. En la práctica, estos son principalmente fondos de apalancamiento que se especializan en deuda atribulada. Son instituciones que no se destacan por su compromiso social y ambiental. Los dueños anteriores del banco, la cooperativa Co-operative Wholesale Society, le aportarán capital nuevo y tendrán una participación minoritaria. Society ha dicho que los artículos de asociación de la compañía reestructurada incluyen un compromiso a favor del comportamiento ético, pero no sería sabio darles mucho peso a estas palabras: estos compromisos en la declaración de objetivos de otras organizaciones han tenido poco impacto sobre lo que hacen en la práctica.

 Los clientes que estén preocupados pueden sentirse más confiados por el reconocimiento que el banco hace de que tiene mucho sentido para los nuevos propietarios mantener las políticas: apoyar proyectos ambientales y evitar hacer préstamos  a los vendedores de armas, los vendedores de tabaco y otros que trabajan en empresas supuestamente “inmorales”.

 Esta posición ética ha tenido una ventaja competitiva importante al atraer negocios de individuos u organizaciones con preocupaciones sociales, y con autoridades locales en lugares del país que tienden más a la izquierda. Es probable que las ganancias que lleguen de una política que se distancia así de su competencia sean lo suficientemente seguras como para no querer perderlas.

El eslogan de que un buen negocio es un negocio rentable es superficial. Es un intento por lograr que un dilema ético se disuelva en una espuma de buenas intenciones. Cuando lo correcto coincide con el interés propio, no hacen falta los consejos de los filósofos y los teólogos. La ética entra en juego cuando el buen comportamiento y el negocio rentable no necesariamente coinciden.

El obispo Whateley notó la diferencia entre el hombre honesto y el hombre para quien la honestidad es la mejor política. Cuando usted lidia con el hombre para quien la honestidad es la mejor política, nunca sabe cuándo llegará la ocasión en que la honestidad ya no será la mejor política. Los banqueros, no los obispos, dan cátedra sobre su integridad personal. El hombre que insiste en lo honesto que es, rara vez gana, o merece, nuestra confianza. La integridad que valoramos es una característica personal u organizacional, no una estrategia de negocios.

Generalmente podemos reconocer la diferencia, así como podemos distinguir entre la actitud solícita de la amistad y la buena voluntad de un hombre tratando de convencernos de un negocio. Los psicólogos Lara Cosmides y John Tooby han sugerido que hemos evolucionado una capacidad bien afinada para detectar estos engaños. El mundo en el que vivimos es uno en el que la mayoría de las personas son honestas la mayoría del tiempo. Algunos se aprovechan de eso y generalmente nos sentimos inclinados a castigar este comportamiento desviado, incluso cuando no hace parte de nuestro interés propio. Esto es un desenlace más favorable para todos que aquel en el que la norma es el oportunismo.

El general Robert E. Lee, cuya integridad personal lo hizo un comandante efectivo y una figura reverenciada, le hizo eco al obispo Whateley cuando observó que el hombre honesto es honesto por convicción, no por política. Paradójicamente, la mejor estrategia comercial a largo plazo para los fondos de apalancamiento que hoy controlan el Banco Cooperativo puede ser contratar a gerentes cuyo compromiso con la posición ética es enteramente genuina, y facilitar que el control pase a una organización que comparte valores similares. Si la honestidad es la mejor política, entonces la mejor política tiene que ser honesta por convicción.