¿Ser o no ser el Silicon Valley latino?

Las ‘startups’ colombianas atraen cada vez más inversión. Su función social y su modelo de negocio son objeto de debate.

A principios de la década de los 70, el periodista Don Hoefler, apasionado por la tecnología y quien publicaba semanalmente su boletín Microelectronics News, dedicó una serie de artículos para hablar de la cada vez más pujante industria microelectrónica y de semiconductores del Valle de Santa Clara, al sur de la Bahía de San Francisco, California. Lo tituló “Silicon Valley, USA”, es decir, el valle de silicio.

El término, se dice, ya era común entre los lectores y amigos de parranda de Hoefler, pero no se hizo popular hasta que se publicó la serie de textos del periodista. Hoy se usa para hablar del punto con mayor densidad de empresas de software y hardware en los Estados Unidos, hogar de, entre otros, Apple, Facebook e Intel.

Ese lugar, la península de San Francisco, se lleva el primer puesto en la lista de puntos en la geografía mundial con mayor número de empresas de software milmillonarias fundadas después de 2003, con 53 compañías en total, según un mapa difundido por el Banco Interamericano de Desarrollo. Latinoamérica no figura en el mapamundi de las acaudaladas startups.

Muchos factores pueden incidir en que así sea. Sólo por mencionar uno, mientras en los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) hay 81 usuarios de internet por cada 100 habitantes, en América Latina se cuentan 43 por cada 100 habitantes. Según ha dicho el Banco Mundial, un 10% más de banda ancha en las economías en desarrollo puede significar 1,38 puntos porcentuales más en su producto interno bruto.

En Colombia, el ministro de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC), Diego Molano, ha dicho que el país tiene un déficit de más de 90.000 profesionales TIC. La empresa de tecnología Cisco asegura por su parte que en el mundo faltan 2,4 millones de personas especializadas en generación de redes y que esa cifra tiende a duplicarse durante la próxima década.

A pesar de todo, las palabras innovación, emprendimiento, startups y ángel inversionista están con seguridad entre las palabras más pronunciadas en el mundo de negocios colombiano y latinoamericano. En el país cada vez son más populares conceptos como aceleración y mentoría, con las nuevas tecnologías de por medio.

Han aparecido iniciativas como Wayra, una academia para estructurar y financiar nacientes ideas de empresa que utilicen las TIC, o catalizadores como Endeavor, que asesora y conecta a emprendedores “de alto impacto” —con ingresos millonarios y cientos de empleados— con inversionistas.

Wayra se ha dado a la tarea de organizar el Colombia Startup, cuya última versión, en 2014, reunió a 1.500 asistentes, 164 inversionistas y 900 emprendedores. Endeavor, por su parte, tiene entre sus filas a Álex Torrenegra, creador de Bunny Inc y Voice 123, plataformas a través de las cuales es posible contactar con profesionales de doblaje, servicio que utilizó Pixar para Toy Story.

Ejemplos de éxito en el emprendimiento tecnológico como ese, o como el de Andrés Barreto, uno de los creadores del servicio de música Grooveshark, son cada vez más numerosos. Muchos se preguntarán si Colombia puede de algún modo apuntar a ser el Silicon Valley de la región, un título que The Economist le ha dado a Chile: Chilecon Valley. ¿Puede el país parir al próximo Mark Zuckerberg?

Para Jayme Faria, consultor sénior en TIC de Frost & Sullivan para Latinoamérica, que Colombia se proponga en este momento ser el epicentro de negocios milmillonarios de tecnología de la región “es muy agresivo. No lo creo”. Asegura que “en algunas áreas de TI, Colombia trae buenas tasas de crecimiento, pero también son bases menores”.

“El déficit de ingenieros es resultado de una cadena de valor en educación que empieza desde el colegio. Uno no puede esperar que la gente de repente quiera estudiar ingeniería. Un ingeniero no se hace en los cinco años que dura la carrera”, apunta David Palacios, director de Inccubated, una incubadora de negocios en el sector de la educación, sobre el contexto colombiano para el emprendimiento a través de plataformas tecnológicas. Dice, por demás, que el emprendedor colombiano tiene que apuntar a un modelo de negocio sostenible. Con más de 13 millones de personas catalogadas como pobres, se tiene que pensar en la base de la pirámide como el usuario y, por ende, ofrecer un servicio al que de alguna manera se pueda acceder. Una pyme que aproveche la tecnología es, para él, una buena opción de sostenibilidad.

“Los (emprendimientos) más interesantes son los que resuelven problemas sociales. Es decir, aquellos que ofrecen servicios para educación, salud, inclusión financiera, y que abarcan a gran parte de la población”, dijo a El Espectador Fernando Lelo de Larrea, socio fundador de Venture Partners México, una organización mexicana para la inversión de capital privado en startups latinoamericanas.

 

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