“Ser sindicalista no es ser guerrillero”: Adriana Rosenzvaig

Una de las figuras más importantes del sindicalismo en el mundo explica el papel que cumplirán los movimientos de trabajadores en el posconflicto, justo cuando en Colombia se está hablando del plebiscito de refrendación.

Adriana Rosenzvaig, secretaria regional de UNI Américas. / Andrés Torres
Adriana Rosenzvaig, secretaria regional de UNI Américas. / Andrés Torres

Adriana Rosenzvaig nació en Buenos Aires, Argentina, en 1950. Antes de terminar el bachillerato comenzó a participar en actividades políticas y sindicales; estuvo presa durante la dictadura militar y al salir tuvo que exiliarse a México con sus dos hijos. En 1984 volvió a su país para hacerse cargo de la Secretaría de la Mujer del Sindicato Gráfico Argentino y en 1998 se convirtió en la primera latinoamericana en ser elegida como secretaria general de la Federación Gráfica Internacional. Ahora es la cabeza visible de UNI Américas, una organización que protege los derechos de más de 4 millones de trabajadores desde Canadá hasta Chile.

De paso por Colombia, Rosenzvaig conversó con El Espectador sobre la cuarta conferencia regional de la organización, el evento sindical más grande en la historia reciente del país. Habla sin tapujos. Pide que no se estigmatice a los movimientos que representa y se atreve a dar su visión sobre cómo será la protesta en tiempos de paz en un país como el nuestro.

¿Cuáles son los temas centrales de la próxima conferencia?

Uno de los ejes será el proceso de sindicalización. En el año 2010 definimos una estrategia contundente llamada “Rompiendo barreras”, que tenía como propósito transformar el concepto tradicional del sindicato. Tratamos de buscar dónde estaban nuestros afiliados y de construir políticas en torno a esto. Pudimos ver que los perfiles habían cambiado y que la presencia de mujeres y de jóvenes en el sector era cada vez más fuerte. Además, logramos apuntarles a sectores que a raíz de privatizaciones o a cambios tecnológicos se han desplomado y aún no están sindicalizados. “Rompiendo barreras” responde, sobre todo, al hecho de no aceptar como natural el declive de los sindicatos, sino a plantearnos políticas para poder revertirlo. El segundo eje será Colombia: paz con justicia social; el tercero, gira en torno a la sostenibilidad en la región. En este sentido, queremos hacer un profundo análisis sobre el medioambiente, el rol de los sindicatos en la lucha contra el calentamiento global, el derecho de huelga y la negociación colectiva, la banca pública, regulaciones contra los paraísos fiscales y la especulación financiera. El cuarto eje es el nuevo mundo del trabajo: robotización, aumento de precarización, trabajo solitario, nuevas tendencias y brecha de género.

¿Por qué decidieron realizar la cuarta conferencia en Medellín?

Esperamos que para la fecha del evento Colombia haya firmado los acuerdos de paz. Desde la secretaría general de UNI Américas estamos apoyando a todos nuestros afiliados en la pedagogía de la paz. Queremos que, además de votar por el sí, se conviertan en activistas en temas de posconflicto y reconciliación. Por otra parte, consideramos que estos cinco años de trabajo en Colombia demostraron que a pesar de las situaciones adversas, es posible crecer y fortalecer el movimiento sindical en el país. Si en Colombia -que fue durante mucho tiempo el lugar más peligroso para los sindicalistas- se puede, se puede en cualquier otra parte. Además, vamos a hacer un homenaje al movimiento sindical colombiano que ha resistido la persecución, la invisibilización y los asesinatos sistemáticos. Es muy significativo el hecho de que aun con pocos afiliados, los sindicatos colombianos hayan podido mantener su influencia y su poder en la toma de importantes decisiones en el país. Al mismo tiempo, reconocemos que el departamento de Antioquia ha sido uno de los principales escenarios de la violencia contra el sindicalismo en Colombia, hasta el punto de que el 50 % de las víctimas fueron de Medellín. Por último, creemos que en el mundo hay un enorme interés por Colombia, por los acuerdos de paz, por el fin del conflicto.

¿Qué hechos concretos demuestran el fortalecimiento de la UNI en el país?

Por ejemplo, en cinco años de trabajo, el sindicato de la salud privada pasó de tener 23 afiliados a 12 mil. Además, sindicatos del sector comercio pasaron de 100 a 10 mil afiliados y se están consolidando como referentes en la economía nacional. Sin embargo, para nosotros lo más importante es que el movimiento sindical colombiano está entendiendo la realidad de una manera distinta y muy pronto podrá ejercer plenamente su derecho a la negociación colectiva y la exigencia permanente por la responsabilidad social empresarial. Creemos que si bien todavía existen diferencias entre los sindicatos afiliados a la UNI, ya la mayoría comparte una identidad común que nos ha permitido marchar juntos sobre distintos escenarios.

¿En qué consiste esa identidad?

UNI Américas tiene visibilidad y capacidad de reacción. A lo largo de los años hemos logrado construir lazos de confianza con los sindicatos; ellos saben que cuando debatimos políticas estratégicas, planteamos reformas serias. Además, creo que tiene que ver con que hemos obtenido grandes éxitos para los trabajadores. No somos una organización testimonial, somos una organización de acción, con relaciones con muchas empresas en el mundo. Incluso, la UNI ha alcanzado 50 acuerdos globales con compañías multinacionales de la talla de Carrefour, EuroMED y Telefónica. No obstante, creo que la presencia permanente de la UNI en cada país ha sido fundamental, los sindicatos sienten que son realmente una parte constitutiva de la organización. Uno de los propósitos de la conferencia es acercarse a los jóvenes y a los empleados de los sectores emergentes, propios de la globalización, como las telecomunicaciones y la tecnología informática

¿Cuál es la estrategia que plantean para lograrlo?

Nosotros estamos tratando de hacer un gran acento en dos sectores donde los jóvenes son absoluta mayoría: call centers y almacenes de moda rápida como Zara, H&M y Falabella. El punto es que en estas empresas casi todos los empleados son menores de 35 años, con opciones sexuales diferentes, y esto cambia muchas cosas. Hace un mes hicimos el primer taller sobre moda y descubrimos que el trabajo en las redes internas y, sobre todo, en las cadenas de suministro es semiesclavo. La idea es que el sindicato empiece a ocuparse del bienestar laboral de sus afiliados. Por otra parte, en los call center los jóvenes laboran en condiciones de explotación extrema y no todos son conscientes de ello. Queremos imitar algunas experiencias sindicales exitosas en Estados Unidos. Por ejemplo, jóvenes que hacen teletrabajo han logrado organizarse para proveer servicios adicionales de declaración de impuestos o contención en temas legales. Incluso, ya surgió el primer sindicato de conductores de Uber en Nueva York, con 1.500 afiliados, esto demuestra que la lucha colectiva siempre será más eficiente que la lucha individual.

¿Cómo está el panorama de movimiento sindical en Latinoamérica?

En Argentina el sindicalismo sigue siendo fuerte. Aun en medio de la tormenta que ha desatado la política neoliberal del gobierno de Macri, el movimiento sindical todavía tiene capacidad para poner agenda y generar opinión. Los sindicatos controlan casi todo el sistema de salud y las obras sociales que manejan prestan un servicio enorme en entretenimiento, educación y formación. Creo que el movimiento se va a ver afectado, porque en este tiempo se han perdido 200 mil empleos y el sector de la construcción se ha reducido en 27 %. El gobierno quiere controlar la inflación con tasas de desempleo muy altas y recesión. Sin embargo, el 22 de agosto habrá un congreso para unificar las tres grandes centrales sindicales y a partir de allí, estoy segura, se darán pasos firmes para la consolidación de nuestros derechos. En el caso de Brasil, el golpe de Estado contra Dilma está acompañado de políticas antisindicales y antilaborales, incluso se habla de la extensión de la semana laboral a 70 horas. Además, hay 55 leyes en el Parlamento que quieren extender la precarización laboral y la subcontratación en todas las áreas de trabajo, eso va a ser un desastre para el movimiento sindical. Sin embargo, lo que ha ocurrido en Chile es muy interesante, hace unos años no había casi ningún sindicato afiliado a la UNI, ahora somos una marca registrada; todos los trabajadores quieren pertenecer. Incluso a la cuarta conferencia vendrá una delegación muy numerosa del país austral.

¿Cuáles son las lecciones que el movimiento sindical le puede dar al posconflicto en Colombia?

En el posconflicto nosotros tendremos que buscar los mecanismos para mitigar la guerra cotidiana entre las empresas y los trabajadores. Queremos que se abra una postura de diálogo en la que el ejercicio del derecho sindical sea legítimo y donde ser sindicalista no sea sinónimo de ser guerrillero. En esta etapa los sindicatos tendrán que crecer en madurez y entender que la confrontación no será solamente con un megáfono en la calle, sino dialogando. Creemos que con la apertura del proceso de paz se abre un período interesante para el país, ahora sí habrá que construir la paz en la calle, con la gente.

Para un trabajador común, ¿cuáles pueden ser las ventajas de afiliarse a un sindicato?

Nosotros consideramos que un empleado sindicalizado, además de tener garantías de empleo o mejoras salariales, adquiere una serie de beneficios en sus condiciones cotidianas de trabajo. Por ejemplo, la UNI se preocupa por la higiene y la seguridad laboral, el acoso sexual y la moral, o la estabilidad. Además, la mayoría de los sindicatos ofrecen apoyo jurídico a sus afiliados y tienen convenios con centros vacacionales, hoteles y universidades.

 

últimas noticias