Sindicalistas venezolanos en "resistencia" ante crisis de industria

Los sindicalistas criticaron los controles de precios y las abultadas plantillas de trabajadores que a su entender han "atrofiado" el sector.

Sindicalistas de las empresas de la minería básica estatal en Venezuela dicen estar "en resistencia" ante el momento crítico del sector, golpeado por una fuerte caída de la producción, falta de inversiones y mala gestión que atribuyen al gobierno de Hugo Chávez.

En conversación con corresponsales extranjeros en Ciudad Guayana, a unos 700 km al sur de Caracas, en el estado Bolívar, donde se concentran buena parte de las empresas mineras, los sindicalistas criticaron los controles de precios y las abultadas plantillas de trabajadores que a su entender han "atrofiado" el sector.

Hasta hace unos años, eran empresas exitosas que producían acero, aluminio o carbón a su máxima capacidad, pero hoy requieren de un rescate que sólo será posible con inversiones y planificación, aseguraron.

"Tenemos minas, mano de obra, energía y las máquinas, pero todas nuestras empresas dan pérdidas. Ésta es la realidad de un modelo político que nos atrofia", asegura Emilio Campos, dirigente de Carbonorca, productora de ánodos de carbón.

"Una empresa que pudiera producir 160.000 toneladas de ánodos anuales hoy produce 40.000", dijo este líder sindical que define como una "lucha de resistencia" las protestas diarias que lidera desde hace más de 50 días.

Las empresas básicas son regidas por el Plan Guayana Socialista 2009-2019 que busca reimpulsar este sector concebido en los años 60 como una alternativa de desarrollo en este país petrolero.

Sin embargo, en la crisis eléctrica de 2010 provocada en parte por una severa sequía, todas tuvieron que aplicar recortes energéticos que mermaron su producción.

El gobierno de Chávez les ha destinado millones de dólares y canalizado recursos de un enorme fondo de cooperación con China, que ha entrado con fuerza en la economía venezolana.

Pero para los líderes sindicales esto no es suficiente para saldar las deudas con los empleados y los proveedores, comprar insumos o mantener las maquinarias.

"Hay un desastre" en las empresas de Guayana. "Pero seguiremos resistiendo porque estamos convencidos de que viene un cambio", aseguró Henry Arias, dirigente sindical de la compañía de aluminio Alcasa, en alusión a las elecciones presidenciales del próximo año, en las que Chávez aspira a la reelección.

Las empresas de Guayana destinan gran parte de su producción al mercado local con precios regulados por el gobierno, más bajos que los del mercado internacional.

"Pero al regular precios surgen mafias y escasean los productos. Esa política no da resultados, lo que da es corrupción", aseguró José Jiménez, sindicalista del sector acerero.

La situación también es muy compleja en la industria del aluminio: la producción de la empresa Venalum cayó de 430.000 toneladas hace tres años a unas 270.000 esperadas para 2011, según cifras oficiales.

"En 2009 la crisis capitalista mundial hizo caer los precios en 70% y en 2010, cuando pensábamos que nos recuperábamos, vino un plan de ahorro energético" que obligó a apagar casi la mitad de las celdas de producción, comentó el presidente de Venalum, Rada Gamluch.

El ejecutivo defiende la contratación de mano de obra afirmando que mejoró la situación de miles de trabajadores que estaban tercerizados y destaca que, aún en los momentos críticos, éstos no han sido despedidos, recordando además haber destinado 400 millones de dólares en los últimos tres años a Venalum.

Alcasa necesita por su parte "más de 2.500 millones de dólares para estabilizarse", afirmó Arias, cuya empresa bajó su producción en una década de 18.000 a 5.000 toneladas mensuales.

Como la industria del aluminio, la del acero también está en crisis. La producción de la Siderúrgica del Orinoco (Sidor) cayó de 3,5 millones de toneladas en 2008 -cuando fue estatizada- a 1,8 millones en 2010, según cifras de la empresa.

"Nuestra planta se paraliza todos los días por distintas razones. No hay dinero para insumos, para repuestos, varios hornos están apagados", lamenta Jiménez, al estimar que con unos 1.000 millones de dólares "la empresa estaría recuperándose".

Sidor también tiene una plantilla abultada que podría llegar a los 13.000 trabajadores este año. Al momento de su estatización tenía 4.000 trabajadores, dijo su dirigente sindical.

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