¿Qué tan deteriorada está la economía?

¿A quién no le asusta ir a hacer mercado, poner en el carrito lo de siempre y cuando va a pagar, que la registradora le marque un 20 o 30% más de lo que pagaba hace seis meses?

Fedesarrollo estima que para este año la economía crecerá en un 2,5% y que sería la más alta de la región. / Archivo

¿A quién no le afana tener a un miembro de la familia desempleado o con el miedo latente de perder el trabajo? ¿A quién no le preocupa llevar más de un año escuchando en los medios de comunicación que se vienen tiempos difíciles para el país por cuenta de la dramática caída en el precio del petróleo? ¿A quién no le inquieta que en su empresa no le suban el salario porque le dicen que “todo” el mundo está en tiempos de ajustarse el cinturón? ¿A quién no?

Y no se trata sólo de ese afán que aqueja a muchos colombianos. La realidad es que comprar un producto importado se volvió un lujo, los que tenían la posibilidad de viajar al extranjero cambiaron sus planes porque se les triplicaron los gastos, usar el transporte público le está pegando cada vez más fuerte al bolsillo de los trabajadores y pedir un crédito, la acción más básica en una sociedad de consumo, no está en los propósitos porque se volvieron carísimos.

Esto es lo que siente la gente en la calle. El ciudadano de a pie. Pero, más allá de la sensación, ¿cuál es la realidad del país en materia económica? Unos hablan de aterrizaje forzoso, otros prefieren llamarle reacomodo, un ajuste también le nombran y deterioro aparece en los calificativos. El Espectador, en aras de entender la situación más allá de las emociones, consultó a varios expertos para que, desde sus orillas, expliquen qué tan grave es la situación del país y si se trata sólo de síntomas o más bien ya vamos en enfermedad.

Por un lado está Simón Gaviria, director del Departamento Nacional de Planeación, quien responde sobre, quizás, el más sensible: el desempleo, que alcanzó el 11,9% en enero. “Siempre cuando vemos enero, hay un incremento porque en Navidad el sector de comercio contrata mucha gente. Lo que vimos es un incremento interanual de enero a enero donde hay sectores fuertemente comprimidos en su capacidad de generación de plazas laborales, pero cuando hacemos la valoración más profunda, lo que identificamos es un fenómeno regional. Vemos que de las 13 principales ciudades el 80% del desempleo creado ocurrió en la ciudad de Bogotá. Y cuando lo vemos a nivel nacional, Bogotá es responsable de dos terceras partes del nuevo desempleo en el país”.

Entonces, ¿qué hay que hacer? “Esto va a requerir un trabajo intenso entre el Gobierno Nacional y el de Enrique Peñalosa para ver qué es lo que pasa en la ciudad. Tenemos muy claro que está vinculado a las cifras de construcción, transporte y manufactura. Esperamos que con las certidumbres jurídicas del nuevo Plan de Ordenamiento Territorial, de la expedición de planes parciales y del trabajo que se haga con cajas de compensación familiar se va a ayudar a reactivar el crecimiento económico de la ciudad y, por ende, el de sus empleos”.

Los empresarios e industriales, los que generan las plazas laborales, tienen lo suyo. “No diría que el desempleo está disparado. El dato de enero fue malo en términos del indicador, pero es el primer mes malo, no es una situación crítica, no es una tendencia generalizada. Teníamos 36 meses bajando. Y esto pasó por el aumento en la tasa de participación, porque hay más personas buscando trabajo”, relata Bruce Mac Master, presidente de la Andi. Recuerda que “la economía ha tenido un dinamismo menor que lo que registró en los años 2013 y 2014”, y por eso en los temas laborales hay que tener constante monitoreo en “el desempleo y la informalidad, que son los grandes retos que tiene el país”.

Eso por el desempleo. Y lo demás, ¿qué? ¿Estamos tocando las puertas de una crisis? Alberto Carrasquilla, exministro de Hacienda, dice enfáticamente que no. “No hay crisis. Si hubiera crisis las tasas de interés estarían más altas, tendríamos salidas de capitales masivos. No hay crisis, si alguien dice eso está equivocado, pero tenemos unos desafíos que hay que superar, eso es indiscutible. La situación económica del país hoy está muy complicada, muy difícil, las cifras lo muestran: la deuda pública en Colombia, según los últimos datos que tenemos, es del orden de 41 puntos del PIB, a lo cual le agregaría unas consideraciones sobre el tema de vigencias futuras, que en este momento valen del orden de otros 11, 12 puntos del PIB”.

Eso quiere decir que el paciente, ya diagnosticado, tiene síntomas, pero enfermo enfermo... no está. Juan Pablo Córdoba, presidente de la Bolsa de Valores de Colombia, considera que “la economía colombiana ha demostrado ser sólida, que ha respondido adecuadamente al shock -es que no debemos subestimar el tamaño del shock que ha sido muy significativo- y dentro de eso la economía colombiana ha reaccionado bien, ha tenido la institucionalidad adecuada”.

El dólar, que está por el cielo, es otra de las angustias porque encarece los productos importados. “Creo que todo el tema de la flexibilidad de la tasa de cambio y la respuesta del Banco de la República, creo que ha sido adecuada, y eso lo reconocen las calificadoras. Es decir, que a pesar de que se ha deteriorado la economía este año, las calificadores le siguen dando voto de confianza y Colombia aún es un país con grado de inversión”, apunta Córdoba. El mismo que, pidiendo con urgencia la reforma tributaria estructural, soltó un apunte de recetario: “Para qué nos vamos a esperar más, el tipo (Colombia) ya tiene síntomas de fiebre, creemos que tiene una infección, pero no esperemos un año a ver si logramos tratar al paciente”.

Leonardo Villar, director de Fedesarrollo, recuerda que Colombia terminó el año pasado con un crecimiento cercano al 3% y es el mayor entre los países medianos de América Latina. “En Fedesarrollo estimamos para este año un 2,5%, que incluso sería de los más altos de la región. Teniendo en cuenta el impacto por la baja del precio del petróleo y su renta, la situación se puede calificar de manera positiva. Los retos están en los ajustes y las medidas que habrá que tomar para hacer ese ajuste son grandes, probablemente impopulares y costosas, pero urgente para que no tengamos que enfrentar una crisis. Ahí es donde se ve la reforma tributaria estructural como una necesidad ineludible”.

De calificadoras, banqueros y centros de pensamiento

Para sumarle una dolencia al país, la semana pasada el Gobierno anunció formalmente un recorte en el presupuesto de 2016 de $6 billones. Y ahí, en la presentación que hacía el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas (ver entrevista páginas 3), a sus colegas, se apreciaban los cambios en las proyecciones, las estimaciones macro que tenía el Ejecutivo para este año. La inflación la pasó de 3,2% a 5,5%, el crecimiento de 3,5 a 3,0%; la TRM de $2.700 a $3.200, la producción de crudo la bajó de 1 millón de barriles a 921.000 y el precio del petróleo Brent de US$50 a US$35.

Carlos Raúl Yepes, presidente de Bancolombia, considera que la economía colombiana está en transición, “no en crisis”. Cree que nos estamos ajustando a una nueva realidad, en la cual los factores externos, que por mucho tiempo beneficiaron al país (precios de las materias primas, flujos de capitales, comercio internacional), cambiaron de tendencia y difícilmente se recuperarán. Recuerda que el reacomodo a estas condiciones ha implicado desafíos importantes, muchos de los cuales se están materializando de forma simultánea y configuran un entorno macroeconómico retador para 2016.

“Se aprecia una desaceleración más pronunciada de la actividad productiva, una tendencia al alza en el desempleo, unas fuerzas inflacionarias adicionales en el corto plazo, un desequilibrio externo acentuado y presiones sobre las finanzas públicas. Como es natural, la combinación de estos factores genera preocupación entre los agentes económicos y afecta la confianza de los consumidores y empresarios”, advierte.

Con esa imagen en el cuadro clínico, ¿qué se debería formular? “Creemos que el país tiene el margen de maniobra suficiente para lograr un aterrizaje controlado de la economía, el cual es necesario para lograr el doble propósito de controlar la dinámica de la inflación y moderar los déficits gemelos. Es posible que este aterrizaje implique que el crecimiento en 2016 sea inferior al 2,5%, pero sentará las bases para que los riesgos macroeconómicos que hoy enfrentamos se desactiven paulatinamente”.

Y no podían faltar las calificadoras, pues de su examen depende que los inversionistas traigan su dinero al país. Ya S&P le advirtió al Gobierno que debía ajustarse y éste le respondió recortando los $6 billones. Carlos Fiorillo, director de Fitch Ratings para América Latina y el Caribe, considera que Colombia ha venido creciendo un poco más que el resto en la región. “El Gobierno y el Banco de la República han tomado acciones para corregir, por un lado el tema de la inflación y la economía ha sido capaz de absorber el shock petrolero a través del desplazamiento del tipo de cambio. No ha sido realmente el comportamiento de otras economías con vulnerabilidades a precios de comodities y creo que hay una respuesta política creíble como para que estos temas se corrijan y pueda el país mantenerse dentro de un grado de inversión, insisto, que es definitivamente una distinción importante frente a la región”. Todo un espaldarazo y, además, un parte de tranquilidad. Eso que tanto busca y necesita todo el mundo. ¿O quién no?

 

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