TLC de América del Norte: lecciones aprendidas

El 17 de diciembre de 1992 México, Estados Unidos y Canadá suscribieron el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que entró en vigor el 1° de enero de 1994.

El proceso de negociación e implementación del Tratado generó amplias expectativas entre la ciudadanía mexicana, particularmente en el sector empresarial. El instrumento estaba diseñado para facilitar el acceso de productos mexicanos al mercado más importante del mundo, con el que compartimos 3.000 km de frontera y que potenciaría el crecimiento económico. De manera paralela, existían serias dudas sobre la capacidad de adaptación de algunos sectores productivos al nuevo escenario de competencia.

El TLCAN es un acuerdo asimétrico, debido a que de él forman parte dos países industrializados y uno emergente. De manera general, este instrumento reguló los intercambios de capital, mercancías y servicios; determinó los plazos y modalidades de desgravación de los productos; incluyó un esquema de reglas de origen (93% de contenido regional), y creó instancias y mecanismos para resolver diferencias entre los países miembros. Se establecieron, además, las siguientes instituciones trilaterales: i) La Comisión de Libre Comercio, conformada por los ministros de Comercio de los tres países y encargada de supervisar el proceso de implementación e interpretación del Tratado. ii) El Grupo de Coordinadores, responsable de la gestión diaria del TLCAN, y iii) 30 comités especializados, con el objetivo de garantizar la implementación y administración efectiva del acuerdo.

Es preciso mencionar que índices como el PIB per cápita, las reservas internacionales y la inversión extranjera directa en México han experimentado un crecimiento sostenido durante el tiempo de vigencia del TLCAN. México exporta hacia Estados Unidos el 80% y a Canadá el 3,5% de su producción, y la balanza comercial es de US$600.000 millones. El grupo de ganadores de este tratado lo conforman las empresas exportadoras y las pymes proveedoras, los inversionistas y las transnacionales, los consumidores y el gobierno.

Se destacan ventajas como el incremento de la capacidad competitiva y la innovación de las empresas, la posibilidad de acceso a tecnología de punta y el incremento de la calidad de la planta laboral. Estos factores han permitido el establecimiento en México de centros de ingeniería y diseño en áreas como la construcción de satélites de comunicación, jets y turbinas, de televisores de última tecnología y teléfonos inteligentes, por mencionar algunos. Esta dinámica ha convertido a México en el noveno proveedor de la industria aeroespacial estadounidense. Además, produce más manufacturas que el conjunto del resto de América Latina.

Las empresas no competitivas y aquellas orientadas exclusivamente a atender el mercado interno fueron las más afectadas. El sector agrícola es el más sensible por su doble condición de mano de obra intensiva y principal productor de alimentos de la población rural. Debido a que los países industrializados subsidian la producción agropecuaria, en los tratados asimétricos el tiempo de desgravación suele ser insuficiente para adoptar medidas que permitan competir con este sector.

Próximamente se cumplirán 18 años de la entrada en vigencia del TLCAN. La experiencia mexicana registra la necesidad de implementar un plan para afrontar la entrada en vigor de un acuerdo de comercio, la gradualidad para la desgravación de sectores sensibles y fortalecer a marchas forzadas los sectores económicos vulnerables.

Estos elementos permiten señalar que un acuerdo de libre comercio como el TLCAN es un instrumento necesario para la promoción del comercio y la inversión. Pero no es una panacea que resuelva los problemas económicos de un país asociado y menos aún la distribución del ingreso. La paradoja es que los socios comerciales siguen siendo competidores. En ese sentido, la innovación e investigación son el apalancamiento indispensable para tener empresas competitivas en la globalización que vivimos.

En el caso de Colombia, la aprobación del Tratado de Comercio con Estados Unidos es también un triunfo político, porque se reconoce su emergencia como nación respetuosa de los derechos humanos y con certidumbre jurídica para la inversión extranjera, en el marco de una democracia consolidada.

* Embajador de México en Colombia.

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