La transformación agrícola de América Latina, según el WEF

Tecnología, conocimiento compartido e inclusión de los pequeños productores, la fórmula propuesta.

 /Bloomberg
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“América Latina y el Caribe cuentan con una tercera parte de agua dulce y dos terceras partes de la tierra fértil del mundo. Es el exportador de alimentos más grande del mundo y sólo ha alcanzado una pequeña parte de su potencial de ampliar su producción agrícola. La base para crecer ya existe pero, para que toda la región pueda aprovechar su potencial, se requiere que muchas piezas puedan estar en armonía”.

Así, durante el Foro Económico Mundial edición Latinoamérica, líderes internacionales presentaron la realidad de la región, que le apuesta a convertirse en la gran despensa mundial de alimentos. Allí, en Medellín, se puso sobre la mesa la transformación de los sistemas agrícolas de América Latina y surgieron varias preguntas: ¿Cómo pueden las nuevas tecnologías y la innovación contribuir a aumentar las oportunidades agrícolas? ¿Cómo se puede incluir a toda la sociedad en el verdadero desarrollo del campo?

“Lo que va a suceder ahora es que vamos a pasar de 100 a 150 millones de toneladas de producción en tres o cuatro años, un crecimiento explosivo en Argentina. Lo que viene en la región son cambios en la forma de hacer las cosas, la cultura y los productos, todo vinculado con la tecnología, donde hay vida artificial y se diseñan plantas como objetos, está la nanotecnología, la big data, las nuevas maquinarias robotizadas y eso cambia el rol del agricultor y de la agricultura que hasta ahora se veía como un campesino encima de un caballo. Ahora será más como el ensamblador de una automotriz. Entonces el tema es cómo se prepara el mundo para eso, si el 70% de la pobreza está en el campo y por eso se da la migración hacia las ciudades”, apuntó en su intervención Gustavo Grobocopatel, el presidente del Grupo Los Grobo.

Aunque parece un escenario lejano, fue claro en que “el desafío es extraordinario, y América Latina lo tiene, hay agua, tierra y cultura campesina, hay innovación en el campo de Brasil, Paraguay, Bolivia, Argentina y Perú, me parece que cómo invirtamos en tecnología da para la revolución industrial verde de Latinoamérica y puede ser algo comparable con la Inglaterra del siglo XVIII y XIX y la revolución industrial. Ese es el gran desafío que tenemos”.

La realidad es que el problema del campo no se va a resolver en el corto tiempo, se deben definir políticas de largo plazo, una actitud y un proceso donde se vea la agricultura no como un área de pobreza sino como parte del desarrollo del país. Víctor Manuel Villalobos Arámbula, director general del Inter-American Institute for Cooperation on Agriculture (IICA), recordó que “hay tecnología que se debe usar, en Brasil y Argentina lo han hecho, usan el recurso del agua adecuadamente, si necesitamos 70 litros de agua para cultivar una manzana, se puede usar la mitad para la misma manzana. Hay la tecnología pero, ¿cómo se los hacemos llegar a los campesinos?”.

Laxman Narasimhan, presidente de PepsiCo para Latinoamérica, PepsiCo Inc., advirtió que “el gran reto es que se está quedando gente rezagada. Si no queremos dejar a nadie rezagado, hay que entender que no se puede dejar a los pequeños terratenientes por fuera, hemos pasado a tener el 50% de la producción que compramos que viene de pequeñas granjas, pero hay mucha ineficiencia, no hay tierra disponible en muchos lugares o no es arable. Hay que buscar que para la gente sea rentable, desde el pequeño hasta el grande. Hay que llevarles esa tecnología”.

Y eso ya se lo habían preguntado: ¿cómo? “Somos un socio, reunimos gente que sabe de tecnología en cosecha, en clima y clasificamos toda esa información y se la pasamos a los productores. Somos además su cliente garantizando la compra a una granja a un buen precio. Trabajamos con gobiernos y ONG’s para que se prepare el terreno y se den las cosas. Hay que incluir y resolver los problemas del granjero, y América Latina es una gran apuesta para ello”, agregó.

Entonces soltó un par de casos de éxito: “La historia de la agricultura debe ser la historia de la inclusión y les voy a decir cómo hacerlo. En Colombia hemos invertido en Belén, donde tenemos Naturchips, hay una historia detrás de la marca. Empleamos a 90 viudas de Colombia porque hacemos parte del proceso de reconciliación. En Perú hay 4.000 variedades de papas y creamos Papas Andino para conservar el legado de ese país, es una gran oportunidad para incluir y ayudar”.

Con cifras en mano, Juan Pablo Pineda Azuero, viceministro de Agricultura de Colombia, intervino: “En el 2050 vamos a pasar de 1590 millones de hectáreas sembradas a 1660 millones, ¿quién va a sembrar eso? Pues van a decrecer las naciones desarrolladas en 40 millones de hectáreas, los que van a crecer son los países en vía de desarrollo, unos en Suramérica y otros en África Subsahariana. A nosotros nos toca el 47%, y Colombia tiene 26 millones de hectáreas disponibles para el sector agropecuario sin tocar bosques, reservas hídricas, comunidades indígenas o los resguardos afros.

Al final, construyeron un escenario entre todos al que definitivamente hay que prestarle atención: “La clase media se va a duplicar en siete años y esa clase media, con más poder adquisitivo, va a demandar productos con valor agregado. Quesos, vinos, cacaos, cafés deben ser especializados, con aromas especiales, porque el consumidor que ahora tiene más recursos, lo compre. Hay que dejar de ser el proveedor de materias primas y convertirnos en el supermercado, como lo decía el presidente Macri”. ¿Lo podrá lograr América Latina unida?