¿Tributaria para la clase media?

Gravar los ingresos superiores a los $3’300.000, menores tarifas a las herencias y tributo a los giros, algunos de los temas que encienden debate por el proyecto de ley.

El senador Jorge Enrique Robledo, el ministro de Hacienda Mauricio Cárdenas y el presidente Juan Manuel Santos./ El Espectador
El senador Jorge Enrique Robledo, el ministro de Hacienda Mauricio Cárdenas y el presidente Juan Manuel Santos./ El Espectador

Los impuestos son, ni más ni menos, la fuente principal de ingresos que tienen los gobiernos. El dinero con el que se sostienen, sobreviven y planifican. Con el que ejecutan los planes sociales, educativos, de infraestructura. Pero el modelo con el que se recaudan tiene tantos detractores como el tributo mismo que se recibe de los contribuyentes.

En Francia, por ejemplo, tras el aterrizaje del socialista François Hollande en la presidencia, el alza de esta obligación, que tenía como objetivo que los adinerados pagarán más impuestos, se convirtió en debate de primera línea y terminó por ahuyentar a los acaudalados, que salieron hacia países vecinos buscando otra nacionalidad para evadir la embarazosa imposición.

En España, en tiempos de crisis, también se estableció que uno de los caminos para tapar los huecos fiscales debería ser conducido y liderado por las reformas en los impuestos, acompañado de recortes y ajustes. En resumidas cuentas, el IVA se llevó al techo más alto que se había tenido y a pesar de pasar tragos amargos, lograron su cometido. Aunque muchos críticos siguen pensando que el gobierno de Mariano Rajoy debería buscar un rescate generalizado.

Y en Colombia, en un escenario positivo gracias a las buenas cifras macroeconómicas que sigue registrando el país, el debate también está por cuenta de los impuestos. ¿La razón? Después de meses de expectativa sobre lo que sería una propuesta de reforma tributaria y tras el primer debate de este proyecto de ley que ya cursa en el Congreso, hay quienes piensan que la gruesa modificación económica no es tan igualitaria como la pinta el Gobierno. Son varios los que creen que la reforma es un ataque a la clase media del país, esa misma que hoy, por su nivel de ingresos y capacidad de gastos, es la que más está jalonando la economía. ¿Quién tiene la razón?

El presidente Juan Manuel Santos, en su discurso de esta semana les dijo a los colombianos: “¿Qué buscamos con la reforma? Pues la respuesta es muy clara y contundente: buscamos que haya más equidad y que se puedan crear más empleos dignos y estables”. A lo que se refiere el mandatario es a que el Gobierno pretende, una vez entre en vigencia, crear 1 millón de empleos formales.

Y ha sido enfático, junto con el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, en que, como lo dijo durante su campaña, “no iba a subir las tarifas de los impuestos en mi gobierno, y dije que podían esculpir esa promesa en piedra, porque iba a cumplirla”.

Pero la realidad, por lo menos para sus detractores, es otra. “Santos dijo que les iban a subir los impuestos a los que más ganan. Yo he dicho que se los van a subir a los que menos tienen”, detalla el senador Jorge Enrique Robledo. “La renta baja del 33% al 25% para las empresas. Esto cuesta $8,06 billones, dinero que se dejará de recibir y habrá que conseguirlo en alguna parte, y eso es con más impuestos al trabajo, a las clases medias”.

Básicamente, con el Impuesto Mínimo Alternativo Nacional (IMAN), lo que se busca es que las personas naturales que ganen entre $3’300.000 y $5’150.000 deberán pagar un gravamen de renta del 1%. Para los que están entre los $5’150.000 y los $15’000.000 un 5% a 7%. Y los que estén arriba de este monto, pagarían una tarifa del 15%. Actualmente si una persona gana esos $15’000.000, ni siquiera paga por renta un 2%.

Por eso, Robledo es enfático en asegurar que “los que ganan más de $3 millones no son los ricos” y criticó que a sectores como la banca les vayan a reducir impuestos. “Cuando Santos dice lo que dijo, yo aseguro lo contrario. Uno de los dos miente. Pongo mi credencial de senador para que me la quiten si estoy mintiendo. Que el ministro Cárdenas ponga la suya”. Y señaló que los empresarios apoyan la reforma porque “les van a regalar $8 billones”.

Pero el debate se amplía. Un segundo tema entra a la discusión y se trata de las ganancias ocasionales y las herencias, más aún en un país donde quienes son herederos de capitales significativos son una minoría. Dice el documento presentado por el Gobierno que las herencias y donaciones se bajarían al 15% y las ganancias de capital del 15% al 10%.

Camilo Sánchez Ortega, también senador, asegura que ese monto es “mínimo”. Y recomienda que “se pague algo mayor. Parece que la tarifa es alta, pero los recaudos son mínimos”. En otras palabras, esto significa que una persona que recibe una herencia de mil millones de pesos, ya no pagaría tanto como paga actualmente. Mientras que alguien que recibe $50 millones, tendría que pagar la misma tarifa que tributaría el acaudalado. En contraste, el gran ganador sería el afortunado heredero de los mil millones.

Y a esto se suma que se les cobraría un impuesto a los giros y remesas. En la práctica, quienes hacen este tipo de envío de dinero son las personas de bajos recursos que no están bancarizadas, o aquellos de clase media que tienen familiares en el exterior y deben usar este vehículo transaccional. Para los contradictores de la reforma, esto es otro ataque al sector productivo de los trabajadores, que están en la mitad de la pirámide.

Sin embargo, no todo es visto desde el lado oscuro. “La clase media definida en cualquier parte del mundo paga impuestos de 40%. En Colombia se le pide que pague entre 5% y 15%. Eso es razonable y progresivo. Podría complementarse la reforma pidiendo que los pensionados que ganen más de $13 millones no sólo paguen el 5%”, detalla Leonardo Villar, director de Fedesarrollo.

El curso en el Congreso apenas comienza. Tan solo ha transcurrido un debate y la discusión ha comenzado a ponerse ruda. Son más los que le han dado el espaldarazo a la propuesta del Gobierno que quienes se han tomado la tarea de criticarla. Los industriales, liderados por Luis Carlos Villegas, sentaron su posición: “La Andi apoya la iniciativa presentada por el Gobierno, por cuanto ajusta el sistema hacia la mayor progresividad y equidad entre los contribuyentes. Especialmente la reforma reduce las cargas parafiscales sobre la nómina, sin afectar el ingreso de las instituciones que administran tales recursos”.

Un documento amplio, extenso, que está siendo sujeto de análisis desde todos los sectores. Y también desde aquellos que siguen pensando que es una reforma hecha para la clase media. “El que se liquide con tasas más bajas (hasta el 15% en vez de hasta el 33%) no lo hace equitativo. Si el modelo fuese tributariamente el más adecuado, también debería usarse para personas jurídicas”, apunta Rafael Paredes, magíster en economía de la Universidad de los Andes.

Y él mismo sentencia un escenario que pondría contra las cuerdas a más de uno: “Cabe preguntar: ¿Dónde convendría a las personas naturales, gravadas según el IMAN invertir sus ahorros? Si lo hacen en el sector financiero se les gravaría injustamente la corrección monetaria, que no constituye ingreso real. Si adquieren acciones, aunque los dividendos continuarían exentos, cuando quieran recomponer su portafolio se les gravarían las ventas de las acciones, aunque experimenten pérdidas en la operación, hasta por el 15% del valor de la venta. La única salida viable parecería esconder los ahorros en el exterior, lo cual sería un desastre para el país”.

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