Con Trump no habrá problemas para empresarios

Lo dice Camilo Reyes, quien asegura que la fortaleza institucional y el proceso de empalme con el gobierno de Obama serán la clave para mantener y mejorar las relaciones comerciales entre Colombia y Estados Unidos.

Director ejecutivo de la Cámara de Comercio Colombo-Americana. /Gustavo TorrijosEl Espectador
Director ejecutivo de la Cámara de Comercio Colombo-Americana. /Gustavo TorrijosEl Espectador

A la pregunta de qué va a pasar con el comercio y la inversión entre Colombia y Estados Unidos después del triunfo de Donald Trump, Camilo Reyes, director ejecutivo de la Cámara de Comercio Colombo-Americana (Amcham), responde con cautela y serenidad. En medio del desconcierto y la incertidumbre que ha generado la elección del nuevo mandatario norteamericano en los distintos sectores de la economía colombiana, Reyes da un parte de tranquilidad, confianza y optimismo.

Especialista en negociación internacional, antiguo ministro de Relaciones Internacionales, experto en derecho internacional humanitario, exembajador, exvicecanciller y ahora cabeza de la entidad encargada de manejar las relaciones comerciales de Colombia con la primera potencia mundial, Reyes es tal vez la voz más autorizada para referirse a los impactos y las oportunidades económicas que traerá consigo este nuevo e inesperado panorama político.

¿Cómo están el comercio y las inversiones colombianas en Estados Unidos actualmente?

El desempeño de la economía mundial en los últimos años ha sido un desempeño pobre. El comercio ha sido pobre. El crecimiento de los principales actores de la economía, Estados Unidos, Francia, China, India o Brasil, ha sido pobre. Por eso, el crecimiento del comercio entre Colombia y Estados Unidos se ha visto particularmente afectado. La industria extractiva, en especial el petróleo y el carbón, se redujo de una forma muy importante por la caída de los precios. Sin embargo, las exportaciones no minero-energéticas, no tradicionales, han venido creciendo gracias a la implementación del Tratado de Libre Comercio (TLC).

En cifras...

Según datos de Procolombia, de 2014 a 2015 pasamos de exportar US$14.200 millones a US$9.500 millones, una reducción del 31 %. La reducción correspondió, en su totalidad, a la caída en exportaciones minero-energéticas. Las no minero-energéticas crecieron muy discretamente, al pasar de US$3.796 millones a US$3.801 millones. Es importante resaltar que desde 2013 hemos exportado a Estados Unidos 104 nuevos productos y aparecieron 271 empresas que exportaron por primera vez.

¿Qué productos nuevos vale la pena resaltar?

El 64 % de las exportaciones colombianas son materias primas y productos intermedios. El caso de las uchuvas es excepcional. En 2014 Colombia exportó US$347.322 en uchuvas, usted comprende que US$347.322 son un montón de uchuvas (risas), pero en 2015 exportamos US$447.436, hubo un aumento del 29 % . Después, en el último tramo, si comparamos enero a junio de 2015 con enero a junio de 2016 pasamos de US$212.000 a US$588.000, un crecimiento del 176 % en exportación de uchuvas a Estados Unidos. Además, productos como engrasadores, medicamentos, hongos, ajos frescos, bombas para maquinaria, licores de anís y naranjas también se exportaron por primera vez desde la implementación del Tratado de Libre Comercio.

La victoria de Donald Trump ha generado cierta inestabilidad frente a las relaciones comerciales entre ambos países, en particular frente al futuro del TLC. ¿Cuál es su perspectiva?

La Cámara de Comercio Colombo-Americana y la Cámara de Comercio Americana quieren que se genere cada vez más inversión entre los dos países. En Colombia estamos convencidos de que de esta forma se genera más empleo y más riqueza. Por ende, haremos todo lo posible por trabajar de la mano con el nuevo gobierno. Nosotros sabemos que hay una propuesta de campaña del nuevo presidente que consiste en revisar los tratados de libre comercio que han afectado el empleo en Estados Unidos, pero creemos que en el caso colombiano no pasará nada grave.

¿Por qué?

Estados Unidos se ha beneficiado y se sigue beneficiando con la implementación del tratado de libre comercio con nuestro país. Las cifras revelan que Colombia le compra más a Estados Unidos de lo que Estados Unidos le compra a Colombia. Por ejemplo, durante el primer semestre del año en curso Colombia importó US$5.839 millones y exportó US$4.821, o sea la balanza fue deficitaria para Colombia en US$1.018 millones. Sin embargo, nosotros seguimos creyendo que el comercio es bueno en ambos sentidos. Si Colombia quiere convertirse en un país importante como exportador, tiene que ser fuerte como importador.

¿Cómo lo tomó la noticia del triunfo del Trump?

No hubo nada muy extraordinario, porque en la medida en que se fue acercando la fecha de la votación, las encuestas no dieron ninguna certeza. Las diferencias entre los candidatos en cada estado eran mínimas. En realidad, parecía un empate técnico. Reflejaba que había una altísima volatilidad en la forma en la que se podía comportar el electorado norteamericano. Sin embargo, el resultado final sí me generó cierta sorpresa, pero dentro de mi propia evaluación había contemplado la posibilidad alta de que ganara el candidato Trump.

¿Qué sienten los empresarios colombianos con negocios en Estados Unidos frente a este nuevo panorama político? ¿Hay desconcierto? ¿Hay miedo? ¿Hay incertidumbre?

Lo que he visto es que sí hay cierto nivel de incerteza, porque todos los cambios políticos reflejan que va ha haber formas distintas de atender la relación entre los países. Creo que hay incertidumbre, pero creo que esa es la naturaleza de la democracia y que hay instituciones suficientemente fuertes de lado y lado para ser capaces de preservar el gran acervo que representa para los dos países una relación estable, antigua y de confianza que se ha construido a través de los años.

¿Por qué es tan fuerte esa relación?

En Colombia hay varias empresas norteamericanas que llevan más de cien años trabajando en el país. Durante ese tiempo han producido riqueza, han generado ganancias, empleo, aumento de producción y de competitividad. Es una relación que ha sido beneficiaria en ambos sentidos. Hay que saber interpretar esos cambios y hacer todo lo posible para preservar algo que se ha construido con mucha dificultad y con mucha persistencia. Otro fenómeno reciente que demuestra la solidez de la relación entre los dos países es que ya hay empresas colombianas importantes operando en Estados unidos. Ya tienen la capacidad financiera y empresarial para ser competitivas en la primera potencia mundial.

Es decir, ¿para usted la solidez de la relación entre Estados Unidos y Colombia puede sobrellevar un cambio político de esta magnitud?

Diría que sí. Hay una institucionalidad y una realidad histórica de políticas que han sido bipartidistas y van más allá de quien esté en la Casa Blanca. Creemos que hay una realidad internacional cambiante y que la elección demuestra cambios internos en EE. UU., pero la fortaleza y la independencia de las instituciones deberían ser capaces de encauzar las diferencias sin perder el capital mutuo y compartido que ha sido conveniente para ambas naciones a lo largo de los años.

¿Qué cree que va a pasar con las inversiones que estaban destinadas para el posconflicto?

Tengo la esperanza de que se pueda mantener una parte muy importante de esos recursos. Creo que ahí va a cumplir un papel fundamental el Partido Republicano y el Congreso, bajo el control del partido. La historia de la relación entre Colombia y Estados Unidos, en todos los capítulos anteriores, demuestra que muchos miembros actuales del Congreso han tenido contacto directo con Colombia, han participado en el Plan Colombia, en la lucha contra el narcotráfico y en el proceso de paz. Hay mucha gente que conoce el país y que ha apoyado los proyectos conjuntos en materia comercio, inversión y seguridad.

La victoria de Donald Trump disparó inmediatamente el precio del dólar. ¿Qué otros efectos a corto plazo traerá para la economía nacional?

No me atrevo a hacer especulaciones en ese tema, creo que es demasiado riesgoso y están de por medio intereses de empresas colombianas e interés de los ciudadanos. Lo que espero que suceda es que la institucionalidad de los dos países triunfe. Lo más importante es que seamos capaces de encauzar las diferencias, las distancias y las confrontaciones que se dieron en el contexto de la campaña y se mantengan la estabilidad y el diálogo. Ojalá que esa intitucionalidad no sólo se reconozca, sino que sea capaz de absorber e incorporar los cambios políticos y, sobre todo, de dislumbrar todas las nuevas oportunidades que tendremos en el futuro.

Entonces, ¿está tranquilo? ¿Es optimista?

Hay razones para ser optimista. Todo ese acervo de conocimiento, de conversaciones previas y de esfuerzos mutuos no se puede abandonar. ¿Qué pasa? Un cambio de estos tiene repercusiones en todo el mundo y se necesitará tiempo antes de que la agenda internacional se vuelva a estabilizar. Tenemos que tomar este cambio con paciencia, con serenidad. Hay que esperar a que el mundo se estabilice.

Colombia no parece estar en las prioridades de Donald Trump. ¿Qué hacer para fortalecer las relaciones bilaterales?

Creo que ahí hay que tener en cuenta dos elementos fundamentales. Primero, la forma como el presidente electo entienda la enorme diferencia que hay entre el escenario de la campaña política y el escenario de mandar en la primera potencia mundial. Esos son dos escenarios distintos, dos realidades distintas, dos historias distintas. Entender con claridad la diferencia entre lo que se hizo, se ofreció y se propuso en la campaña, y lo que se debe y se puede hacer cuando se representan los intereses nacionales de la primera potencia mundial, definirá el éxito o el fracaso de su mandato. Segundo, aquí asume enorme relevancia el equipo de gobierno y el ejercicio de empalme que tendrán Obama y Trump. Va a ser muy importante la gente que le ayude al candidato ganador a entender el proceso y la cantidad de intereses, sutilezas y complejidades que tiene gobernar Estados Unidos. En ese sentido, si el ejercicio de empalme se hace en una forma cuidadosa y seria se entenderá la importancia regional de Colombia para Estados Unidos.