Un abismo fiscal de discordia

Las negociaciones en torno al presupuesto de Estados Unidos estuvieron sumidas en la discordia, y se aumentó cada vez más la alarma en el Congreso de que no se pueda llegar a un acuerdo antes de Navidad. Esto ha hecho que las negociaciones se alarguen casi hasta la fecha límite del fin de año.

Durante las ruedas de prensa en Washington, John Boehner, vocero republicano de la Cámara de Representantes, y Harry Reid, líder de la mayoría Demócrata, intercambiaron ataques y se acusaron entre sí de haber prevenido un avance. Aquello generó un tono y una imagen negativos sobre los prospectos de un acuerdo.

Tan sólo quedan 18 días antes de que Estados Unidos sienta el impacto del precipicio fiscal: un aumento automático de los impuestos y recortes de gasto que amenazan con llevar a la recesión a la economía más grande del mundo.

Boehner dejó claro que seguía oponiéndose a la principal exigencia de Obama, de aumentar los impuestos de los estadounidenses más ricos, y dijo que la responsabilidad de presentar recortes detallados al gasto para desatascar las conversaciones caía sobre la Casa Blanca.

“El presidente quiere hacer creer que el gasto no es el problema, y por eso no hemos llegado a un acuerdo”, dijo Boehner, y luego añadió que la Casa Blanca “parece estar dispuesta a desacelerar cualquier acuerdo y llevar a nuestra economía directo hacia el precipicio fiscal”.

Los Demócratas y la Casa Blanca han señalado que las discusiones no pueden progresar hasta que los Republicanos acuerden aumentar los impuestos sobre los más ricos, que es uno de los principales mensajes que envió Obama durante la campaña para su reelección.

Las encuestas entre el público arrojan que los estadounidenses apoyan el aumento de los impuestos para los ricos, lo cual les da una palanca importante para sus negociaciones. Sin embargo, aunque un Boehner firme está sometido a presión por parte de los Republicanos, en particular los del Senado, para que ceda, él también debe lidiar con los miembros conservadores más tradicionales, que se resisten profundamente a ceder cualquier terreno.

“Estamos en una situación de tablas. Nosotros decimos impuestos, ellos dicen recortes”, dijo uno de los Demócratas del Senado cercano a las conversaciones. “Ellos deben pestañear antes. Si cedieran en el tema de los impuestos, desencadenarían una serie de intercambios que llevarían a un acuerdo en cuestión de días”.

Pero el asesor lanzó la advertencia de que los Demócratas “no vamos a ofrecerles recortes de antemano”, porque se sienten “políticamente muy cómodos en la posición que tenemos”.

“Estamos 100 por ciento seguros de que ellos tendrán que llevar el peso político” si los Estados Unidos llegan al abismo, dijo el asesor Demócrata.