Un nuevo banquero en el vecindario

En medio de la más absoluta reserva, el imperio financiero del venezolano Juan Carlos Escotet aterrizó en el mercado colombiano.

Juan Carlos Escotet, durante la velada de su ingreso a Colombia. / Cortesía
Juan Carlos Escotet, durante la velada de su ingreso a Colombia. / Cortesía

El nombre de Chris Gillespie es reconocido en los corrillos más selectos de la música jazz en el mundo. La gente suele llamar con meses de anticipación al Carlyle Hotel, de la ciudad de Nueva York, para reservar una de sus mesas en el bar Bemelmans y pagar US$70 por puesto (US$35 para los niños) y escuchar su repertorio. O suelen seguirlo hasta su natal Australia.

Pero la semana pasada aterrizó en Bogotá con el mayor sigilo. Fue uno de los invitados especiales a la Galería La Cometa en la noche del miércoles para amenizar la velada en la cual se oficializó la llegada al país del banco venezolano Banesco. En un evento discreto, con lo más selecto del empresariado del vecino país en Colombia, la atención se centró en el repertorio de Gillespie. Y en el hombre que lo contrató: el banquero Juan Carlos Escotet.

El suyo no es un nombre con escaso bagaje musical, pero muy respetado por la diáspora empresarial venezolana y que al mismo tiempo genera la animadversión de los funcionarios chavistas. Una de las posibles respuestas a esta dicotomía puede encontrarse en la lista de millonarios de la revista Forbes, a la cual entró este año por primera vez, con una fortuna avaluada en US$1.400 millones que lo situaron en la casilla número 1.031.

Su secreto, desde finales de los años 70, ha residido en el mundo financiero. Desde que entró a trabajar a los 17 años en el área financiera del Banco Unión, pasando por la fundación de Casa de Bolsa Escotet Valores, la firma comisionista que abrió en los frenéticos años 80, hasta la apertura de Banesco en 1992, su especialidad ha consistido en saber el momento y el lugar adecuados para invertir.

Su imperio personal se traduce en una operación con 459 oficinas en seis países de América Latina y el Caribe, que administró en 2012 activos totales por US$32.918 millones y, gracias a sus más de seis millones de clientes, registró US$30.782 millones en depósitos. Su llegada a Colombia, más que el aterrizaje de un nuevo competidor que busca ganar espacios en el mercado local, se centrará en los servicios de un banco de segundo piso. Y qué mejor símbolo que sus oficinas se sitúen frente a las de Bancoldex, su nuevo competidor.

“Su objetivo no es atender las operaciones binacionales sino hacerse cargo de negocios internacionales. Por eso entraron a través de su filial en Panamá”, explica Magdalena Pardo, presidenta de la Cámara Colombo Venezolana.

La llegada de Banesco también representa un nuevo aire para las inversiones venezolanas en el sistema financiero local. Según cifras del Banco de la República, durante la década pasada el sector sufrió una salida de capitales del vecino país que sobrepasaron los US$100 millones, mientras que el comercio y la industria atrajeron en conjunto alrededor de US$175 millones (concentrados, ante todo, en restaurantes, desarrollos inmobiliarios y servicios petroleros).

Y también se da en un momento coyuntural. Aunque el banco intentó oficializar su entrada a Colombia en meses pasados, prefirió abstenerse ante la tensa realidad electoral de Venezuela. La estrategia también pretendía ahorrarle problemas a Escotet, quien desde la presidencia de la Asociación Bancaria del vecino país se convirtió en una figura poco amigable para el Gobierno.

Su oposición a la nacionalización y el apoyo a un encuentro de intelectuales foráneos que criticaron el modelo chavista bastaron para ponerlo en el ojo del huracán. También fue protagonista del escándalo de infiltraciones diplomáticas descubierto por Wikileaks, en el que lo señalaban como partícipe en una operación de blanqueo de capitales para el régimen de Irán (él ofreció las explicaciones pertinentes en la embajada de EE.UU. en Caracas).

“Todos los empresarios que están con Capriles asistieron”, confirmó una persona que estuvo en la velada bogotana. Los presentes saludaron al nuevo banquero, quien se deleitó con cada nota que salía del piano de Chris Gillespie.

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