Un sistema financiero más seguro, al alcance

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En la antesala de la crisis financiera, los requisitos mundiales de capital derivaron en un modelo que subestimaba tremendamente el riesgo. Esto la agravó. ¿De qué se trata el nuevo escenario?

Mucho se ha escrito sobre el grado de progreso que hemos alcanzado en la tarea continua de una reforma financiera. Muy poco crédito, sin embargo, se les ha dado a los supervisores por sus esfuerzos para imponer una restricción simple, de sentido común, al apalancamiento de nuestras compañías bancarias más grandes.

Todos sabemos de la importancia de los estándares robustos de capital para mejorar la capacidad de absorción de pérdidas de megainstituciones tan complejas y sistémicamente importantes. En la antesala de la crisis financiera los requisitos mundiales de capital derivaron hacia una aproximación compleja y basada en modelos que subestimaba tremendamente el riesgo. Esto agravó la crisis cuando más se necesitaba el apoyo del capital. El añadir una proporción simple de apalancamiento, que está basada en la cantidad de capital común que un banco tiene en relación con sus activos, es un paso importante para atacar la debilidad del actual sistema. El cambio debería reducir la probabilidad y el impacto de un gran fracaso bancario.

De todos los temas que vemos en las crisis financieras y los fracasos, uno recurrente es el apalancamiento: el pedir demasiado préstamo para mejorar los retornos. Si bien es fantástico para hacer inversiones agresivas y especulación, es brutal cuando hay que aterrizar. Un negocio muy apalancado no sólo fracasará más rápido que uno menos apalancado que enfrenta pérdidas similares, sino que su pérdida tendrá un impacto sistémico mayor por la transmisión de pérdidas potenciales a sus contrapartes. Si se le suma suficiente apalancamiento a la ecuación, la inversión más segura puede convertirse en una receta para el fracaso certero cuando los mercados comiencen a moverse.

Nos place que los supervisores de Estados Unidos estén aplicando una proporción más alta de apalancamiento junto con un estándar basado en riesgo. Mientras que los supervisores internacionales están de acuerdo en que las proporciones de apalancamiento de los grandes bancos no deben caer por debajo del 3%, los supervisores de EE.UU. han propuesto doblar la cifra a 6%. En otras palabras, por cada US$100 en activos, los bancos deben financiar al menos US$6 con capital común. Críticos argumentan que esto podría crear incentivos perversos para que los bancos busquen activos de mayor riesgo y mayores retornos. Sin embargo, estos incentivos pueden ser atacados al utilizar el estándar junto con un sistema robusto de contrapesos al riesgo. Dado que cada aproximación trata las limitaciones de otra, utilizar las dos en conjunto es un procedimiento prudente.

Los actuales requisitos de capital “basados en el riesgo” tienen varias limitaciones. Las medidas de riesgo son estáticas y el riesgo es dinámico. Un activo que se perciba como seguro un día puede volverse riesgoso al siguiente. Los juicios de los supervisores en torno al riesgo a menudo se ven nublados por prejuicios analíticos y políticos, por información incompleta y por las incertidumbres inherentes a los pronósticos económicos. Como resultado, las reglas son demasiado complicadas y están llenas de excepciones que pueden crear incentivos perversos para favorecer ciertos activos, mientras que generan falsa sensación de seguridad.

 El añadir una simple proporción de apalancamiento equilibra muchas de estas limitaciones. Es fácil de entender para administradores, juntas directivas, inversionistas y supervisores. También es comparable entre compañías, y en conjunto con un sistema estandarizado basado en riesgo, es difícil de engañar. Una aproximación dual mejora dramáticamente la transparencia en torno a la exposición de riesgo de una compañía, y debería permitirles a los inversionistas y a las contrapartes ejecutar comparaciones del tipo “manzanas con manzanas” entre una institución grande y compleja, y la otra.

Sin embargo, hay un problema importante. Junto con aumentar los estándares, como nosotros en el Consejo de Riesgo Sistémico y otros grupos de interés público que hemos argumentado, una manera de mejorar esta aproximación es aumentar nuestro régimen de contaduría para permitir que estas comparaciones del tipo “manzanas con manzanas” se den también entre las instituciones de Estados Unidos y sus contrapartes mundiales.

Aunque los supervisores han hecho un buen trabajo al tratar de establecer una prueba de apalancamiento que dé cuenta de los elementos que están por fuera de los balances, dadas las diferencias entre EE.UU. y los estándares de banca internacionales, la convergencia sería mayor. Muchos lectores estarían sorprendidos si supieran lo apalancadas que están ciertas instituciones de EE.UU. que utilizan los estándares internacionales. La puerta a un sistema financiero más seguro, menos apalancado, está entreabierta. Podemos terminar de abrirla al unificar las reglas estandarizadas de capital, basadas en riesgo y con limitaciones al apalancamiento, con medidas comunes en los balances a través de una convergencia mundial de estándares de contaduría.

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