Una industria que aún no ajusta sus engranajes

Las estadísticas dan a entender que áreas como caucho, vehículos y confecciones no se reponen todavía de una larga recaída.

En lo corrido del año, la industria ensambladora de vehículos es una de las que más disminuciones han registrado en su producción. / Nelson Sierra

Desde antes que terminara el año 2012, las señales de que a la industria en Colombia le estaba dando fiebre alta eran cada vez más evidentes. En ese momento, empresarios y académicos empezaron a advertir constantemente que una caída de la demanda interna le pasaría una costosa cuenta al sector manufacturero. Y así sucedió en los primeros meses de 2013. Ahora, la producción del sector pugna por su recuperación y los planes de choque puestos en marcha por el Estado a través del Plan de Impulso a la Productividad y el Empleo (PIPE), aunque pueden suavizar el frenazo, no solucionan del todo un problema que, según expertos, necesitará políticas de largo plazo.

Aun así, Bruce Mac Master, el recién nombrado presidente de la Asociación Nacional de Empresarios (Andi), y Luis Carlos Villegas, quien se desempeñó como jefe de ese gremio, aseguraron recientemente, tras una reunión con el presidente Juan Manuel Santos, que la economía colombiana está atravesando un momento brillante, incluso para los temas de manufactura que “muestran recuperaciones lentas”. Estas afirmaciones, según el académico José Manuel Restrepo, rector del CESA, son “una bofetada para los industriales”.

Lo que está viviendo la industria nacional, visto desde el análisis hecho por Juan Esteban Carranza, director del Centro de Estudios sobre Economía Industrial e Internacional del Banco de la República, es una “heterogeneidad creciente del desempeño sectorial”. Esto significa que, pese a que la producción manufacturera ha caído 2,8% entre enero y agosto de 2013, a algunos renglones industriales les ha ido muy bien. Reflejo de ello es el comportamiento de renglones como alimentos, refinación de petróleo y equipos de transporte.

En contraste, explica Carranza, el caucho —afectado por la salida del productor de llantas Michelin del país—, la fabricación de papel, el ensamblaje de vehículos, las confecciones y las industrias metálicas no han podido dejar atrás la fiebre, pese a que hace un par de años mostraban a los empresarios números en verde. “La distorsión de la industria es muy parecida a la de hace dos años. Como hubo un freno en la demanda, a los sectores que menos bien les iba les va mal ahora. A los que estaban bien, no les va como antes”. A esto, agrega, va ligada una heterogeneidad entre departamentos: esto significa, por ejemplo, que aunque las confecciones en general caen a tasas del 10%, en el Valle del Cauca e incluso en la costa Caribe arrojan números positivos.

En abril pasado el Gobierno anunció que se metería la mano al dril para sacar $5 billones destinados a ayudar a la industria y también al agro. Estos recursos, según explicó en ese entonces el ministro de Hacienda y Crédito Público, Mauricio Cárdenas, tienen como propósito reducir costos laborales a los industriales, dar retención en la fuente preferencial, brindar cero aranceles a más de 3.000 subpartidas de bienes de capital y materias primas, eliminar la sobretasa de 20% a la energía, facilitar la financiación de los empresarios e, incluso, mejorar puntos críticos de la infraestructura, entre otros.

Pese a las intenciones del Gobierno, el exministro de Hacienda y Crédito Público Juan Carlos Echeverry, quien ahora representa al país ante el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), cree que el problema industrial va más allá. “Se debe partir de que Colombia difícilmente puede competir con costos bajos, pues tiene una tasa de cambio con tendencia a apreciarse, costos laborales que financian en parte el sistema de seguridad social y un atraso considerable en logística, aparte de haber heredado de la era sustitutiva una localización geográfica de su industria lejana de los puertos. La relocalización hacia las costas será inevitable”.

De acuerdo con el exministro, lo más importante para la industria en Colombia “es explotar aquellos sectores en los que podemos producir mejor y mucho más barato que otros países. El país debe ser un buen productor agrícola y hay muchos ejemplos en Latinoamérica de crecimiento industrial ligados al éxito exportador del agro”. Además resalta que Colombia cuenta con recursos energéticos atados a una capacidad de refinación, que, de incrementarse, puede posicionar a la nación en petroquímica.

En medio de la crisis que atraviesa la industria, según Echeverry, el país le está dando ventajas inexcusables a la competencia con costos de transacción en aduanas, revisiones de sanidad y logística. Adicionalmente, el exministro considera vital el deber que tiene la educación para sacar adelante a la industria. “Lo que saca a un país de pobre y lo desarrolla son las ideas de sus nacionales, su talento, identificado y puesto a trabajar y a innovar en actividades productivas”.

Dejar atrás la crisis de la industria significa para Marcel Hofstetter, director del programa de Finanzas y Comercio Internacional de la Universidad de La Salle, reconvertir del todo al sector y sentar bases reales de innovación, dejando atrás los pequeños cambios y ajustes. “Los mecanismos de corto plazo del Gobierno suavizan la caída. Sin salvaguardas y sin PIPE hubiera sido más profunda. Hay que hacer una gran revolución industrial en Colombia”.

Y es que la desaceleración de la industria, en su opinión, no se va a revertir en el corto plazo, pues también “se requiere una reestructuración económica mundial. Tardaremos tres o cuatro años para ello”. Además, la concreción de la paz —o al menos la esperanza de que se logre— también podría cambiar el ritmo con el que marcha la industria.

“Así los funcionarios públicos y los de la Andi hayan sacado de su léxico el vocablo desindustrialización, la relación valor agregado industrial/PIB seguirá disminuyendo hacia el 10% en los próximos años, frente al actual 12%. No han adoptado correctivos”, dice un informe de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (ANIF).

Según el organismo, algunas de las soluciones al problema de la industria “no están en el comportamiento esquizofrénico de adoptar salvaguardas y sobrearanceles”, sino en poner a tono la ejecución de infraestructura, bajar costos de la energía, aprovechar los clústeres, relocalizar las industrias y encaminar a este renglón de la economía por la senda de los sectores potenciales.

Mientras que la Andi sostiene que la recuperación industrial va por una senda lenta y las encuestas hechas a los empresarios dicen que la tasa de cambio, el costo de las materias primas y el contrabando continúan siendo un persistente dolor de cabeza, los industriales siguen a la espera de mejores tiempos y de recomponer el norte de sus negocios. Según el Banco de la República, una de las primeras señales esperanzadoras, por ahora, es que la demanda interna ya está mostrando recuperación.