Une y Tigo, la hora de la verdad

Entre señalamientos y recusaciones, el Concejo de Medellín decidía la suerte de una operación planeada para transformar la industria de telecomunicaciones en Colombia.

“¡Ahí están, esos son, los que venden la Nación!”. Aquel cántico se repitió ayer por algunos minutos en las barras del Concejo de Medellín. Fue entonado por los asistentes al debate del Acuerdo 106 de 2013, con el cual se pedía la autorización de los 22 cabildantes para fusionar a Une (el operador de telecomunicaciones de las Empresas Públicas de Medellín, EPM) con la multinacional luxemburguesa Millicom, que opera en Colombia a través de Tigo.

El debate comenzó hacia las 10 de la mañana y se caracterizó, en su primera parte, por las recusaciones (un hecho no visto en la historia reciente de la corporación) de los cabildantes Jaime Roberto Cuartas (del Partido Verde) y Aura Marleny Arcila (liberal) por supuestos conflictos de intereses. Los gritos del público aumentaron tras el voto negativo a los impedimentos y bajo la mirada de los principales ejecutivos de Une y EPM. Y con la atención de los principales jugadores de la industria de las telecomunicaciones.

Según el cronograma fijado por las juntas directivas, el siguiente paso en el proceso es la negociación entre directivos, una etapa en la que las cláusulas contractuales y jurídicas adquirirán un protagonismo especial para garantizar una transacción sin mayores contratiempos. Porque los términos generales quedaron consignados en el cronograma de entendimiento que ambas firmaron en febrero pasado: la luxemburguesa se quedará con el control de la operación, la sede principal de la nueva compañía será Medellín y EPM mantendrá en ella una participación accionaria equivalente al 50%.

“Une y Tigo seguirán operando como lo han venido haciendo por un lapso de ocho meses, que es el tiempo en el que deben darse las aprobaciones de las superintendencias y entes de control respectivos. Eso quiere decir que para enero de 2014 veríamos las primeras señales palpables de la nueva compañía”, explica Marc Eichmann, presidente de Une.

Hoy en día, su empresa es uno de los líderes en el segmento de internet, ocupa el segundo lugar en el de telefonía fija y televisión paga y es el cuarto prestador del servicio de internet móvil. Y en este apartado mantiene un activo estratégico: es el único operador del país en ofrecer la tecnología LTE (mejor conocida como 4G), que permite una mayor velocidad de navegación por internet y menor tiempo de descarga de contenidos. Es, de hecho, la punta de lanza del Gobierno en su proyecto por fortalecer la penetración de las nuevas tecnologías en el país, que se cristalizará con la subasta de espectro para masificarla.

Por su parte, Millicom (sus principales accionistas son de origen sueco) tiene una amplia presencia desarrollando el segmento de telefonía móvil alrededor del mundo (tiene presencia en 15 mercados de América Latina y África). “Es experta en comprar compañías con dificultades en países emergentes, valorizarlas y venderlas”, explica un analista que prefiere la reserva de su nombre. Por esa vía entró a Colombia en 2007 al adquirir Ola, el experimento entre EPM y la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá (ETB) que cosechó resultados discretos. Tras cambiarle su nombre a Tigo, la transformó en el tercer operador de telefonía celular de Colombia, con una participación de mercado de 13,48% y 672.685 suscriptores de internet móvil al final de 2012.

La propia industria es una de las más interesadas en la aparición de este operador. En el momento en que aparezca la nueva marca (aún no se sabe si prevalecerá Tigo o Une, o si se consolidará otro nombre), el mercado viviría una transformación tanto en el tipo de servicios ofrecidos a los consumidores como en el equilibrio de la industria. “Su mayor ventaja sería la posibilidad de fortalecer el portafolio de servicios empaquetados (múltiples opciones en una misma factura). La nueva empresa podría utilizar la fuerte presencia de Une en Antioquia en los segmentos de banda ancha y televisión paga como base para estimular el crecimiento orgánico de sus ingresos mientras paulatinamente expande su oferta a nivel nacional”, explica José Otero, presidente de la consultora Signals Telecom Group.

Ese paso implicaría que en el futuro, cuando un usuario firme un contrato con el operador reciba, a precios competitivos, los servicios de televisión por cable, telefonía móvil y fija, internet fijo y/o móvil, y el que se explotaría como principal valor agregado: televisión móvil, para que pueda verse en cualquier dispositivo portátil (computador, teléfono celular o tableta). “Esa sería nuestra principal apuesta: fortalecer la movilidad”, precisa Eichmann.

Otro punto clave de la fusión es la consolidación de un jugador de peso que genere economías de escala con las que pueda no sólo rebajar los costos de operación, sino conseguir mejores precios por cuenta de sus proveedores en referencia al número de suscriptores (en este caso, alrededor de 10 millones de personas).

“La ventaja de economía de escala será una reducción en inversiones de capital y de operación por redes de 30% y de entre 15% y 20% por temas como servicio al cliente, desarrollo de producto, call centers, entre otros; sin embargo, es imperativo que no pierda su participación de mercado. La mejor manera de hacerlo es crear una nueva marca y gradualmente (en un período de tres años) reemplazar Une y Tigo, que no son tan conocidas y fuertes a nivel nacional”, comenta Sunny Dogra, director de la firma Rawlings Consultants.

Un elemento clave en el desarrollo de este proceso será el espectro radioeléctrico, el insumo vital para que los servicios móviles sean prestados. Es, además, el tema central de la próxima subasta para masificar la tecnología LTE, programada para el 26 de junio, en la que se concesionarán 225 megahertz (MHZ) del recurso.

Para evitar que la balanza se incline hacia alguno de los participantes, el Gobierno ha diseñado un tope máximo de 85 MHz, el cual se sobrepasaría en el momento de una integración entre Une y Tigo (juntas tendrían 105 MHz). En ese escenario, la solución propuesta por Diego Molano, ministro de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC), es la devolución de los 20 MHz excedentes.

Pero esta no será una decisión sencilla. Los operadores en cuestión cuentan con espectro en dos bandas: la AWS (de 1.700 a 2.100 MHz), que supone menores inversiones y un extenso cubrimiento para la tecnología LTE, y la de 2.500 MHz, que, aunque precisa de mayor músculo financiero, permite transmitir más datos.

Es un tema en el que los expertos difieren. “Lo más lógico es que sea el espectro en bandas altas (2.500 MHz) el que sea relegado”, opina Otero, mientras que Dogra se inclina más por una posible exclusión de la puja: “Con la fusión, la empresa combinada tendría todas las tecnologías disponibles, desde GSM, pasando por voz (2G), datos (3G), y LTE”.

Al cierre de esta edición, en el Concejo de la capital antioqueña desfilaban los 45 representantes de la sociedad civil inscritos para dar su punto de vista sobre la propuesta de fusión; la industria, por su parte, esperaba el resultado de la votación.

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