Vivir bajo el cese de pagos

Mientras el gobierno de Cristina Fernández arrecia su discurso contra los “fondos buitres”, el optimismo en el país por el futuro de la economía comienza a descender.

La presidenta argentina Cristina Fernández, mostró durante la reunión con sus seguidores su preocupación por el estado de la economía del país. / EFE

Durante una reunión de seguidores de línea dura de la presidenta de Argentina, la voz de Luis D’Elía se quebró de emoción al celebrar el rechazo de Cristina Fernández a pagarles a los acreedores que han sido llamados “fondos buitres”.

“Los buitres internos son mucho peores que los buitres externos”, le dijo el activista social a la multitud, refiriéndose a quienes critican la decisión de Fernández de no pagarles a los acreedores que no se acogieron a acuerdos anteriores y que empujaron a Argentina al octavo cese de pagos de su historia.
Poco después de la suspensión, el apoyo a Fernández se disparó por la percepción de que estaba defendiendo al país de los intereses de un enemigo que, a ojos de D’Elía, amenaza con socavar al país.

No obstante, en medio de los temores de que el cese de pagos haga más grave la recesión, mientras las pérdidas de empleo y los cierres de almacenes protagonizan los titulares de la prensa, la gran pregunta es por cuánto tiempo puede sobrevivir el Gobierno sin llegar a un acuerdo con los acreedores y así darle fin al cese de pagos.

“Si el Gobierno ve que no hay urgencia de llegar a un acuerdo, porque la economía está bajo control y no hay descontento en las calles, podría seguir posponiendo el acuerdo durante un tiempo”, dice Alejandro Catterberg, de la encuestadora Poliarquía, y agrega que los problemas actuales son pequeños en comparación con episodios anteriores en la historia de crisis que ha vivido Argentina.

Por ahora, el Gobierno se ha visto impulsado por varias encuestas de opinión positivas. Según una de Poliarquía hecha esta semana, el 49% de los argentinos cree que deberían obedecer las órdenes de un juez de Nueva York de pagarles a los acreedores, un grupo de fondos de apalancamiento que se negó a reestructurar la deuda luego del cese de pagos de 2001. Esto se compara con el 65% que expresó la misma opinión cuando la Corte Suprema de Justicia negó la apelación de Argentina, en junio.

No obstante, la misma encuesta mostró que más de dos tercios de los argentinos creen que un fracaso para llegar a un acuerdo con los acreedores generaría serios problemas económicos.

Los analistas están de acuerdo con que, si el optimismo del mercado comenzara a desaparecer, el Gobierno se vería forzado a hallar una solución para evitar una crisis en la balanza de pagos, con las reservas del banco central cayendo a niveles históricamente bajos. Entretanto, los precios de los bonos han seguido siendo altos, al tiempo que los inversionistas apuestan por que las elecciones en octubre de 2015 favorezcan a una administración más amigable con el mercado.

A medida que aumenta el pesimismo respecto a la esperanza de que haya un acuerdo entre los acreedores y el sector privado, muchos creen que el Gobierno esperará al fin de año, cuando venza una cláusula clave en sus contratos de bonos.

“Con el paso de los días, la gente vuelve a sus preocupaciones cotidianas: el crimen, la inflación y la inseguridad laboral”, dijo Ricardo Rouvier, un politólogo de Buenos Aires. Sergio Massa, el líder de la oposición de Argentina, ha descrito estos problemas como los verdaderos “buitres internos”.

“La presidenta quiere terminar su mandato de la mejor forma posible, para que pueda rescatar la idea de la llamada ‘década victoriosa’”, dijo Rouvier, refiriéndose a la manera como Fernández llama al período que inició en 2003 con el Gobierno de su predecesor, su esposo Néstor Kirchner. El eslogan está basado en la idea de que la pareja resucitó a Argentina luego de la crisis económica de 2001 y 2002 y condujo al país hacia la prosperidad económica duradera.

En efecto, el Gobierno ha hecho de las vueltas en U algo del pasado, cuando implementaba políticas que había jurado nunca considerar. Sobre todo la devaluación de enero y el acuerdo para compensar a Repsol, la compañía española de petróleo, luego de expropiar sus activos en Argentina en 2012.

“Al final, los Kirchner son pragmáticos. Si tienen que negociar, negociarán”, dijo Catterberg. “Esto no se trata de ideología, de quién es el bueno y quién el malo. El Gobierno tan sólo

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