WhatsApp se lanza al vacío

La reciente adquisición de Facebook podría poner a la compañía a la cabeza de nuevos modelos de publicidad.

La noticia es tan exuberante como improbable: Facebook cree firmemente que WhatsApp vale US$16.000 millones. La red social de Mark Zuckerberg es bien conocida por adquirir servicios novedosos por sumas algo escandalosas. Lo hizo con Instagram (US$1.000 millones), lo intentó con Snapchat (US$3.000 millones) y superó todas sus anteriores ofertas con la adquisición de una empresa pequeña, en una oficina casi anónima, cuyo mayor activo es su base de 450 millones de usuarios en todo el planeta.
Y la pregunta obvia de esta semana ha sido si esos usuarios, más los futuros, valen la cifra. Y la única respuesta realmente certera, al menos hasta el momento, es: no se sabe.

La mensajería instantánea es uno de los pocos servicios que constantemente han crecido en los últimos años en la red, una plataforma de alcance global que se dirige a la necesidad más básica y primitiva de internet: la comunicación instantánea.

WhatsApp agrega un millón de usuarios cada día (a juzgar por el número de descargas de la aplicación) y al menos el 70% de la gente que lo usa lo hace en una base diaria: 315 millones de personas entran a la aplicación todos los días.

El tráfico que circula por los servidores de la empresa supera los mensajes de texto enviados y recibidos a través de los operadores celulares de todo el planeta, según un documento presentado por Facebook ante las autoridades de Estados Unidos para buscar el aval de la compra.

Con estos números resulta casi obvio por qué Facebook querría tener al servicio en su portafolio: la posibilidad de llegar a una audiencia global y constante, que además utiliza la plataforma en dispositivos móviles. Ahora, ¿entrar al mundo de 450 millones de usuarios para qué? ¿Para vender publicidad en un servicio que no la tiene y que, según sus fundadores, no la tendrá?

La apuesta parecería, entonces, un contrasentido. Al menos bajo los términos de la publicidad masiva de hoy. La conversación será otra cuando el despliegue de información comercial se inserte, bueno, en la conversación entre dos personas. Una posibilidad que parece detestable, pues rompe el mismo propósito de la aplicación (comunicación directa y sin interrupciones entre usuarios), pero que podría derivar en la aplicación de modelos más audaces y menos intrusivos para anunciar y vender.

Zuckerberg dijo esta semana que la monetización de WhatsApp será un asunto que evolucionará en la medida en la que capture más usuarios (una de sus metas es llegar a los mil millones de personas en el servicio), palabras que no suenan nada reconfortantes cuando vienen de la persona que compró Instagram para después cambiar las políticas de privacidad y, esencialmente, pasar a poseer las fotos de los usuarios (un movimiento que tuvo una reversa rápida y escandalosa).

Aplicaciones como WhatsApp han permitido darle una especie de sepultura inacabada al mensaje de texto, y con él a las tarifas que los operadores celulares cobran por un servicio que no les representa mayores problemas de tráfico; en lugares como México y Brasil, el 25% del tiempo que un usuario pasa en su celular lo hace utilizando la aplicación. Jugando un poco la carta de la conspiración (piensa mal y acertarás) no resulta del todo tranquilizador que un servicio con este alcance y magnitud quede en manos de una compañía con algunas de las decisiones más controversiales en temas como control de privacidad, por decir lo menos.