Yo estuve en la venta de Isagén

Juan Pablo Córdova, presidente de la Bolsa de Valores de Colombia, dice ser testigo del negocio más importante del país: la enajenación de la participación accionaria que tenía el Estado en la energética Isagén. ¿Qué significó dicho acuerdo para el titular del mercado de capitales de Colombia?

Juan Pablo Córdoba, presidente de la Bolsa de Valores de Colombia, BVC.  / El Espectador.
Juan Pablo Córdoba, presidente de la Bolsa de Valores de Colombia, BVC. / El Espectador.

La Bolsa de Valores de Colombia fue en 2016 el escenario de uno de los negocios más importantes de América Latina y el más grande en Colombia de los últimos años: la venta de Isagén, que rompió muchos mitos y afianzó la confianza de los inversionistas. Así, en un año de volatilidad en los mercados y con incremento en el riesgo país, ingresaron al presupuesto nacional más de 2 mil millones de dólares para ser reinvertidos en proyectos que buscan mejorar nuestra competitividad.

Como colombiano y presidente de la Bolsa de Valores de Colombia, quedé muy satisfecho porque se realizó una operación cumpliendo toda la normatividad vigente, de una forma transparente y con el tiempo suficiente para que todas las partes involucradas tuvieran la oportunidad de opinar y resolver sus dudas jurídicas con plenas garantías. De esto no se puede quejar nadie.

Pero además es de destacar como un gran precedente que en el marco de la ley colombiana, los gobiernos tienen la potestad legal para cambiar un activo por otro. Esa discusión quedó zanjada en los tribunales. Es decir, no deberían prosperar a futuro demandas o discusiones sobre este tema. Hacerlo enviaría un mensaje muy malo sobre las reglas de juego en los procesos de enajenación de activos de la Nación.

La argumentación de que no se puede vender un activo o una participación en una empresa, porque es la joya de la corona, es muy inconveniente y no responde a la racionalidad económica del Estado, ni a la de un administrador eficiente de un portafolio que busca crear valor de manera permanente en el tiempo.

Este proceso generó consciencia sobre los efectos positivos de cambiar un activo por otro que genere una alta productividad para el país, para su economía y sus inversiones. Y sin duda un tema prioritario por resolver es la infraestructura, por lo cual fue una buena decisión.

Finalmente, este negocio dejó abierta la invitación para que se dé una mayor participación de los inversionistas locales, ya que hoy son los extranjeros los que más invierten y al parecer creen con mayor firmeza en el futuro y generación de valor de las empresas en Colombia.

 

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