Un delito que puede dar de 2 a 5 años de cárcel
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Así funciona el grupo que rastrea plagios en Colombia

El portal web Plagios S.O.S. ha documentado 39 posibles casos de copias en publicaciones científicas, artículos periodísticos y tesis de grado. Uno de sus investigadores revela cuáles han sido los casos más importantes y qué metodologías usan.

El plagio es un delito que puede generar multas de hasta $8 millones . / Cristian Garavito

—Ingeniero, ¿cuál ha sido el plagio más grave que ha investigado?

—El de Diony González (ver actualización de esta información), un colombiano egresado de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB), de Medellín. Plagió un artículo completo de un profesor español, publicado en un libro de la Universidad de Salamanca. Lo que hizo fue transcribir el texto, que solo estaba en físico, y creyó que así nadie se iba a dar cuenta. Solo le cambió el título y la firma, y lo publicó igualito en la revista Escritos, de la Facultad de Teología, Filosofía y Humanidades de la UPB. Fue un robo completo, un descaro.

El hombre que responde a la pregunta es uno de los creadores de Plagio S.O.S., un portal web anónimo que lleva casi diez años investigando y denunciando posibles casos de copia en publicaciones científicas, artículos periodísticos y tesis de grado en las universidades de Colombia e Hispanoamérica. Mateo, como prefiere que lo llamen, es un ingeniero agrónomo caleño que hace más de quince años fue víctima de un plagio del que todavía no se recupera. Esa experiencia fue el origen de un colectivo que ha puesto en evidencia el trabajo deshonesto de varios investigadores colombianos y extranjeros.

Era mayo de 2003. La Asociación del Colectivo de Agroecología del Suroccidente Colombiano, a la que pertenecía Mateo, publicó el libro Pensamientos y experiencias: aportes a la agroecología colombiana. El libro había sido el resultado de muchos años de investigación con las comunidades. Meses después, en diciembre del mismo año, la Universidad Nacional de Colombia, sede Palmira, publicó y registró el libro Agricultura y ambiente, firmado por Martín Práger Mosquera y Efraín Escobar Guerrero, uno de ellos reconocido profesor de la región.

“Por cosas de la vida ese libro me llegó a las manos y comencé a leerlo, era de un tema que me interesaba. En medio de la lectura descubrí que había unos fragmentos idénticos a los de nuestro libro. Entonces les mostré a mis compañeros autores y le escribimos una carta a la Vicerrectoría Académica de la universidad pidiéndole que investigara. Hicimos una denuncia formal resaltando las páginas en las que se veía claramente el plagio”, dice Mateo.

El colectivo que había publicado el libro original creía que con un plagio tan evidente —habían encontrado que Agricultura y ambiente tenía 39 páginas con posible copia textual de otros documentos, sin la debida cita, y 153 páginas con copia casi textual sin cita— la universidad iba a retirar el libro de circulación y sancionaría muy pronto a los “autores”; pero no fue así. El proceso disciplinario duró casi tres años en dilaciones y enredos burocráticos.

Al final Mateo interpuso un derecho de petición preguntando qué había pasado con el caso. Para su sorpresa, la universidad lo había archivado. “Nos quedó la sensación de que ellos se tapaban con la misma cobija para proteger la reputación y el buen nombre de los profesores y de la universidad”. Mateo y sus colegas decidieron llevar el caso, con todas las pruebas, a los medios de comunicación locales, pero a ninguno le interesó.

—¿Finalmente eso quedó en impunidad?

—Claro, lógico. Pues si en este país quedan en impunidad miles de personas asesinadas, como no va a quedar en impunidad un delito como este.

Como Mateo y sus compañeros tenían los documentos que demostraban que les habían robado su trabajo, decidieron montar un blog en internet para presentar el caso. “Nuestro blog empezó con este caso, pero poco a poco comenzaron a llegar otras denuncias de gente que había sido víctima de plagios o que los había descubierto en su trabajo investigativo.

Así comenzó Plagios S.O.S., una iniciativa autónoma de investigación periodística, que se define como un observatorio ciudadano, voluntario y autofinanciado que contribuye al análisis y debate del plagio en la producción literaria, académica y científica de Iberoamérica. “Nosotros no somos abogados, pero llevamos quince años leyendo, investigando y autoformándonos en derecho de autor y en propiedad intelectual”, dice Mateo.

En plagios S.O.S. se han presentado 39 estudios de casos, 19 de estos son en publicaciones en universidades colombianas y el resto en tesis de Iberoamérica, sobre todo de Perú, México y España. En la actualidad están trabajando en veinte nuevas investigaciones.

Mateo no da su nombre real ni se deja tomar fotos. Dice que ha recibido correos de intimidación, persecución y señalamientos. Él y su grupo han sido víctimas de ostracismo académico y profesional por denunciar los plagios. Con un caso específico de un profesor universitario padecieron seguimientos, llamadas sospechosas y los citaron a una diligencia judicial que no prosperó para que bajaran el caso del portal.

“Generalmente alguien envía una información, y uno empieza a comparar los textos con programas gratuitos en internet que buscan similitudes. Eso es como la minería, si se encuentra un filamento, una veta, una frase igual, uno ya sabe por dónde comenzar”, dice Mateo mientras recuerda que hay dos tipos de plagios: el burdo y el sofisticado. “A veces los investigadores copian página por página, capítulos enteros; esos son muy fáciles de comprobar. En otras ocasiones encontramos plagios en los que hay mucho parafraseo, muchos cambios de palabras con el mismo sentido, ahí no es tan fácil señalar e identificar la fuente original. En esos casos nos demoramos meses e incluso años”.

Entre los casos más sonados del portal está la tesis doctoral de Luis Eduardo Yamín Lacouture, en la Universidad Politécnica de Cataluña. Al realizar el peritaje del contenido capitular de la tesis doctoral de Lacouture (2016), profesor titular de la Universidad de los Andes, y compararla con tres tesis que dirigió, se observa que 241 párrafos sin cita, en 174 páginas, provienen de los tres trabajos académicos.

El trabajo de grado: “Drenaje subterráneo de estructuras de contención”, con el que Liz Alejandra Izquierdo Merchán y William Ricardo Niño Silva obtuvieron el título de Especialización de Recursos Hídricos, en la Facultad de Ingeniería Civil de la Universidad Católica de Colombia, también está cuestionado. Los investigadores del portal aseguran que al inspeccionar el contenido de esta tesis “se observa que 117 subtítulos, 308 párrafos y 57 fotografías (93 páginas en total) presentan copia sin cita de la tesis “Sistemas de subdrenaje en obras de estabilización” presentada en 2007 por Mónica María Orozco Rivadeneira”.

Pese a estas acusaciones, en ninguno de los dos casos ha habido una sentencia judicial que los haya condenado por el delito de plagio.

Pero ¿por qué ha sobrevivido un colectivo de profesionales que dedican sus tiempos libres a comparar miles de páginas de tesis de grado en búsqueda de posibles plagios sin ningún beneficio a cambio? Porque nadie más lo hace.

Aunque en el artículo 23 de la Constitución dice que el Estado debe proteger la propiedad intelectual y garantizar los derechos de autor de los creadores, y aunque el plagio es un delito tipificado en el código penal, que puede dar entre dos y cinco años de cárcel y generar multas de hasta $8 millones, en Colombia no hay ninguna institución que se preocupe por controlar un problema que cada vez es más grave. En el país no hay cifras oficiales ni responsables. El Espectador habló con la Universidad de los Andes, la Javeriana y el Rosario, y aunque en todos los reglamentos está prohibido el fraude, ninguna universidad tiene registro de cuántos plagios hay por semestre. “Los plagiarios obtienen títulos, becas, premios, nombramientos, ascensos, puntos en el escalafón docente, incrementos salariales y lustran su buen nombre profesional de manera inmerecida”, se lee en el editorial de Plagios S.O.S.

“Nosotros no nos inventamos nada, todo lo que hacemos está en la ley. Pero no es suficiente, en Colombia el plagio está naturalizado y se debe a la mediocridad profesional, la laxitud editorial, la impunidad institucional y el silencio mediático”, dice Mateo. Y termina: el plagio es el reflejo del grado de descomposición moral de esta sociedad. El caso de Diony González lo demuestra: no es posible que una persona reciba una beca para estudiar en una universidad extranjera y a cambio se robe un artículo de un profesor de allá.

Cuando Mateo se comunicó con el profesor José Antonio Fernández, autor original del artículo plagiado por Diony González, para hacerle seguimiento al caso, lo primero que el académico dijo fue: “Un compatriota de ustedes es un delincuente. Se robó muchos años de trabajo y de investigación”.

En este caso, Plagios S.O.S. encontró que de los 33 párrafos de contenido del artículo original “Influencia literaria de los progymnásmata”, se copiaron 19 párrafos idénticos, uno fue modificado de forma insustancial, y a otro le fue mutilada una frase larga, los doce párrafos restantes fueron eliminados. Estas pruebas, presentadas a las dos universidades vinculadas, obligaron a que González reconociera su plagio, se retractara y pidiera perdón.

*Si usted sabe de un plagio o quiere conocer las pruebas de los casos mencionados visite el portal https://www.plagios.org/

Nota del Editor: Luego de publicada esta nota, se allegó nueva información que resulta relevante publicar para contrastar la versión del estrevistado. El señor Diony González aceptó públicamente, en el año 2012, haber cometido un plagio en el año 2007. Fue sancionado ese mismo año en las dos universidades donde cursaba su Doctorado en Filología Clásica (Universidad Carlos III de Madrid y Université Paris IV-Sorbonne), y recibió también una sanción por parte de la Universidad Pontificia Bolivariana, donde había cursado su pregrado. En la revista Escritos, donde se publicó el artículo plagiado, hizo pública una retractación en la que reconocía su falta. Después de las sanciones recibidas en 2012, la Université Paris IV-Sorbonne le permitió continuar con su doctorado, del cual se graduó en enero de 2017. Al ser contratado luego en el Instituto de Filosofía de la Universidad de Antioquía, este hizo público este comunicado. Respecto de la afirmación según la cual las pruebas fueron borradas, se trató de una petición formal de retirar de las plataformas académicas (bases de datos y bases de catálogos de las bibliotecas) una información errada, lo cual es un proceso normal cuando eso sucede en una publicación.

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2019-08-11T15:24:33-05:00

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2019-08-15T17:17:09-05:00

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Juan Miguel Hernández Bonilla / @juanmiguel94

Educación

Así funciona el grupo que rastrea plagios en Colombia

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