Bachilleres, flojos en el manejo de las emociones

Empresarios creen que los jóvenes no están suficientemente preparados para la vida laboral, no tienen un proyecto de vida claro y salen con deficiencias en las habilidades emocionales.

Participaron en el estudio Amy Ritterbusch, Sebastián León Giraldo, Julián Felipe Gutiérrez y Darío Maldonado. Cristian Garavito

Que la educación en Colombia está llena de vacíos no es un secreto para nadie. Aunque el presidente Juan Manuel Santos sueña con que el país sea el más educado de América Latina para el 2025, la realidad va a pasos lentos, alejada de los anhelos del Gobierno.

Uno de los puntos que más preocupan es el porcentaje de jóvenes que están saliendo del colegio directamente a trabajar, sin pasar por una universidad o un técnico.

De acuerdo con la Encuesta Integrada de Hogares del DANE, en el 2014 esa cifra era del 49,57 % , lo que supone una nueva pregunta, y a la vez reto para el país: ¿Están graduándose los jóvenes con las capacidades necesarias para competir en el mercado laboral? ¿cuál es el papel de los colegios? ¿les enseñan lo que realmente se necesita? 

Para resolver esta duda, investigadores de la Universidad de los Andes, en un convenio con el Ministerio de Educación, entrevistaron a 24 representantes del sector empresarial (gerentes y encargados de recursos humanos), 12 representantes de las instituciones de educación media (rectores y coordinadores) y 19 representantes de la educación terciaria (encargados de programas de articulación del Sena y de las universidades con la educación media) de cuatro ciudades del país: Manizales, Cali, Bogotá y Medellín.

El estudio, llamado "La visión del sector empresarial de la educación media", sugiere que tanto el sector empresarial como el educativo consideran que la formación académica de los estudiantes es la apropiada, “aunque presenta altos déficits en el desarrollo de habilidades socioemocionales, situación que les dificulta a los egresados asumir los retos que les presentan tanto la educación terciaria como el ambiente laboral”.

A los ojos de los empresarios, aquellos que se gradúan no están lo suficientemente preparados para trabajar, entre muchas razones, porque no cuentan con las competencias necesarias para el puesto, no son autónomos, no tienen un proyecto de vida claro, no han tenido ninguna experiencia antes o carecen de habilidades socioemocionales.

Según los entrevistados las debilidades del sector tienen que ver con asignaturas innecesarias en el plan de estudios y un currículo que no es pertinente, que no los enfoca ni tiene en cuenta las necesidades locales en las que vive el estudiante y las habilidades del mismo.

“Un empresario no va a decir ‘necesito que me traigan un profesional que sepa cuántas células tiene el cuerpo humano’ o que me hable de la cátedra filosófica, sino, ‘oiga, ¿él sabe analizar un balance o él sabe actuar como un auxiliar de algún proceso administrativo o financiero?’. Entonces son currículos más orientados a la realidad del sector”, expresó un empresario bogotano.

La deserción escolar es otra de las preocupaciones. La proporción de jóvenes entre 16 y 24 años graduados de educación media en Colombia entre el 2008 y el 2014 aumentó, pero es insuficiente para lograr una cobertura integral a corto plazo. 

“Teniendo en cuenta que en el 2014 la tasa era de 55,72 %, si seguimos a este ritmo solo alrededor del 2042 estaremos en tasas cercanas al 80 %. Todavía falta mucho camino y se sigue evidenciando un desorden institucional”, dice Darío Maldonado, coordinador de las investigaciones y profesor de la Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes.

Las razones de los jóvenes para no asistir a la escuela van desde el desinterés y la poca motivación, hasta el embarazo, la necesidad de trabajar y cuidar del hogar y la falta de dinero para mantener sus estudios.

El retiro de los docentes de las instituciones es otro de los vacíos que encontraron los entrevistados. Aunque es una ventaja que los docentes sean profesionales, muchos se están retirando y no hay reemplazos para continuar con el mismo nivel, lo que crea un déficit de planta docente y baja calidad educativa.

“El profesor de electricidad es electricista, el profesor de mecánica es mecánico, pero se nos están acabando; entonces no hay quien los reemplace ¿qué va a pasar allí?”, preguntó un directivo de una escuela en Cali.

Los representantes de la educación terciaria y del sector empresarial no consideran que ampliar la duración de la educación media mejore directamente su calidad y su formación, lo que significa que ven innecesario crear un curso doce como ocurre en otros países para obtener mejores resultados.

“Creo que no es favorable pensar en un año doce, pero sí es favorable pensar en reformar los currículos, en garantizar que las horas que se diseñaron para formar a los estudiantes sean específicamente para eso. Una jornada única, de manera que lo que el estudiante ve en el aula sea pertinente a futuro con su vocación profesional”, comentó un representante de la educación terciaria en Bogotá.

Producto de esos vacíos institucionales, los graduados de la educación media en Colombia ingresan a trabajar en los niveles más básicos de la pirámide laboral. Generalmente en ocupaciones con “poca autonomía y un alto grado de supervisión, principalmente con labores en el área de servicios (asesores de ventas, por ejemplo) y labores que requieran un componente importante de esfuerzo físico”, dice el Observatorio Laboral y Ocupacional Colombiano. Estas tareas o bien no requieren un conocimiento específico, o bien necesitan de un conocimiento que puede ser obtenido a través de entrenamiento.

Para muchos de los empresarios, por lo tanto, lo realmente importante son las habilidades sociales y emocionales de los jóvenes, más que las académicas, con el objetivo de que puedan desenvolverse fácilmente dentro del ambiente laboral.

“Cuando pensamos en un perfil de ingreso en el estudiante que viene de educación media a la educación superior, la academia espera encontrarse con un individuo que tenga capacidad y pensamiento crítico, una persona que sea capaz de reflexionar sobre una situación, de analizarla y sugerir propuestas de solución, una persona que tenga la competencia humana y de racionamiento para saber interactuar con diferentes comunidades y minorías”, argumenta un representante de educación terciaria en Bogotá.

Frente a ese panorama, los participantes concluyeron que las soluciones pueden darse de diferentes maneras: lograr una articulación de largo plazo entre empresas y colegios, vincular a las familias en la educación de los estudiantes, enfatizar el desarrollo de habilidades blandas y mejorar la calidad de los docentes.

Los contratos de aprendizaje, las visitas a empresas, las mentorías y las prácticas profesionales podrían ser una alternativa para que los jóvenes se enganchen mucho más con la educación, encuentren trabajo fácilmente y salgan preparados para el mercado, que no solo está pidiendo personas inteligentes, sino también éticas y capaces de resolver problemas.

Para completar la investigación, las universidades de los Andes, Nacional y Externado abordaron otros temas relacionados con la percepción de los padres de familia sobre el tipo de educación que reciben sus hijos, el contexto internacional de la educación media, las tasas de graduación, la infraestructura de más de 500 colegios públicos de todos los departamentos y los niveles de permanencia, deserción y repitencia en la educación secundaria. Todo con el objetivo de darle unos lineamientos al Ministerio para que sepa cómo enfocar las políticas públicas de educación durante los próximos años.

En este estudio, específicamente, participaron los investigadores de la Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes, Amy Ritterbusch, Sebastián León Giraldo, Julián Felipe Gutiérrez y Darío Maldonado.