La batalla contra la deserción

Algunas instituciones han implementado programas para combatir este problema que representa una grave pérdida de capital humano para el país. Las dificultades económicas no son la única causa según expertos.

En países como Venezuela, Chile y Costa Rica las tasas de deserción en educación superior alcanzan el 52%, 54% y 62%, respectivamente. Flickr/ francisco_osorio

En Colombia, el 45,3% de los jóvenes que ingresan a la educación superior no culmina sus estudios. Esta alarmante cifra, registrada gracias al Sistema Nacional para la Prevención de la Deserción en la Educación Superior (SPADIES) con datos de 2012, llevó al país a cuestionarse sobre las causas y la manera de combatir este problema.

En la Universidad Popular del Cesar (pública), entre el 60% y el 70% de los estudiantes pertenece a estrato 1 y 2. Jhon Jairo Viloria, coordinador del Programa de Permanencia, asegura que las dificultades económicas ocasionan una parte importante de las deserciones: “Podrá haber muchos programas contra la deserción, pero si el estudiante no ha comido, qué se puede hacer ahí”.

Una situación que empeora para quienes llegan de áreas rurales, pues se encuentran con mayores dificultades para acceder a estadía y transporte. Por eso, uno de los componentes del programa que inició este año en la institución es el plan padrino, que busca que empresas de la zona apoyen financieramente a estos estudiantes.

Pero aunque las dificultades económicas generan una parte importante de la deserción, existen otros factores que no han sido tan reconocidos a la hora de combatirla. Para el profesor de sociología de la Universidad Nacional, Víctor Manuel Gómez, es un problema que se origina desde los primeros grados de primaria y que podría reducirse con una buena orientación: “Los estudiantes tienen un absoluto desconocimiento de las carreras, de las instituciones y de las ofertas laborales. Viene desde la educación media porque no se preocupan por orientar a los estudiantes en la vida post colegio”.

Este es un factor que ha considerado la Universidad de Medellín en su programa Permanencia con Calidad. Este año han capacitado a 8 mil estudiantes de 106 colegios públicos de la ciudad sobre cómo elegir su futuro profesional.

A diferencia de la Universidad del Cesar, en esta institución privada, que recibe principalmente a estratos 2, 3 y 4, los estudiantes desertan en su mayoría por causas personales, como problemas motivacionales, elección de carrera, insatisfacción con la universidad, enfermedad, o número de hermanos. “Empezamos en 2006 con un acompañamiento académico porque pensamos que la variable más importante era esa, pero empezamos a entender que había otras causas diferentes que movilizaban la deserción”, cuenta José Alberto Rúa Vásquez, jefe del departamento de ciencias básicas.

Otro problema en Colombia es el de las brechas de conocimiento, marcadas por el tipo de educación media que reciben los estudiantes. Para el orientador profesional Carlos Julio González “el conocimiento está a mayor disposición, pues la tecnología nos ha dado el camino para que haya una nivelación general, pero faltan herramientas de formación docente”.

Además de las desventajas académicas de quienes estudian en instituciones públicas, estos jóvenes salen del colegio para enfrentarse a una alta competencia para ingresar a la educación superior, por lo que muchas veces terminan por estudiar en instituciones que no llenan sus expectativas, y terminan renunciando a su desarrollo profesional. “En la Nacional recibimos sólo el 7% de los candidatos que se presentan. Muchos tienen que irse a universidades de garaje y se frustran. Colombia necesita mucha más oportunidad de educación superior pública de calidad”, asegura Gómez.

Lo sorprendente del panorama colombiano es que no se aleja de la realidad de sus vecinos. En países como Venezuela, Chile y Costa Rica las tasas de deserción alcanzan el 52%, 54% y 62%, respectivamente. Incluso países con mayores niveles de desarrollo como EEUU con 54% y Nueva Zelanda con 47%. Frente a este panorama, la ministra de educación María Fernanda Campo recalcó que “durante este gobierno se ha reducido la tasa de deserción anual de educación superior pasando del 12,9% en 2010 a 11,1% en 2012”.

A pesar de la leve mejoría y de los esfuerzos de algunas instituciones, la cifra se ha mantenido relativamente estable en los últimos años. Para Gómez, este problema se traduce en una pérdida de capital humano para el país: “Los datos son muy graves porque significa que hay un desperdicio de recursos, de plata y de gente. Colombia necesita muchas más personas egresadas de la educación superior. Estamos empeorando intelectualmente”.

 

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