"Chucho Bejarano", un compromiso por la paz

El reconocido economista fue una figura clave para los procesos de negociación exitosos. Cuarta entrega de la serie “Grandes maestros”, de la Universidad Nacional.

Archivo Jesús Antonio Bejarano, economista y profesor universitario.
En un discurso pronunciado en el XXVI Congreso Agrario Nacional de 1992, Jesús Antonio Bejarano, por esa época Consejero presidencial para la paz, expresó, con cierta esperanza y sin dejar de lado su característica ironía, que: “la posibilidad de una solución negociada es más factible, más viable ahora que nunca, a la luz de las circunstancias políticas nacionales e internacionales, pero para buscar acuerdos se necesitan dos, y la paz se hace solo con quien quiere hacerla”. 
 
Esta última frase, aunque obvia, no deja de ser el mayor obstáculo de cualquier negociación de paz. Hoy, que estamos cerca de firmar el acuerdo con la guerrilla de las Farc sólo esperamos, como insistió Bejarano, que el acuerdo se concentre en solucionar el conflicto, en lugar de que únicamente se negocie una simple desmovilización.
 
Bejarano fue uno de los intelectuales colombianos más influyentes en el desarrollo de los numerosos procesos de paz que hemos emprendido en los últimos treinta años. Este tolimense, economista de la Universidad Nacional, en donde fue profesor por varias décadas, conoció y estudió al detalle los procesos de negociación de conflictos, no sólo de nuestro país, sino los que se llevaron a cabo en otras latitudes. Su conocimiento de la historia económica de Colombia, de las dinámicas del sector agrario que alimentaron inicialmente la guerra y de las diversas teorías de negociación, lo convirtieron en protagonista de los acuerdos políticos con los grupos guerrilleros del país. 
 
Puede decirse, sin temor a exagerar, que Bejarano es, hasta el momento, el negociador de paz más efectivo y exitoso de nuestra historia. Bajo su responsabilidad se lograron los acuerdos de paz con el M-19 entre 1989 y 1990; con el Ejército Popular de Liberación (Epl) en 1991; con el Partido Revolucionario de los Trabajadores (Prt) y con el  Movimiento Armado Quintín Lame (Maql), también en 1991, una guerrilla indígena que tenía su epicentro en el departamento del Cauca. Como consejero de paz del Gobierno de César Gaviria lideró las negociaciones en Tlaxcala y Caracas con la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar, que reunía en ese momento a las Farc, el Eln y una facción del Epl. A pesar de haber logrado establecer una agenda y algunos mecanismos para el desarrollo de ésta, las negociaciones fracasaron porque, como llegó a decir Bejarano, “la otra parte, en el fondo, aún no quiere negociar”. 

 
Jesús Antonio Bejarano, aquel negociador que fue embajador en Guatemala y El Salvador -en donde también apoyó los respectivos procesos de paz-, director de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), fue en su esencia el profesor ‘Chucho’ Bejarano de la Universidad Nacional y del Externado. Académico por excelencia, cercano a los estudiantes con quienes interactuaba más en la cafetería de la Facultad de Economía que en los salones de clase. 
 
‘Chucho’ fue una inteligencia sobresaliente en la academia que transmitió a estudiantes y compañeros su poder crítico y reflexivo sobre la situación del país, pero vista en su conjunto, asumiendo la historia como fundamento para su comprensión. Por eso, decir que Bejarano era un excelente economista es referirse a sólo una parte de sus capacidades como intelectual. El profesor Bejarano fue sociólogo, historiador, filósofo de la economía y, tal vez, el primer ‘pazológo’ de nuestro largo conflicto. Término que él mismo acuñó para distanciarse de la corriente de moda por aquella época, la violentología.  
 
Bejarano dedicó los últimos quince años de su vida a identificar las posibles salidas pacíficas y negociadas de nuestro conflicto armado. 
 
Sus estudios de paz, que reúnen varios libros y una docena de artículos se constituyen en una teoría para explicar los escenarios más adecuados de resolución del conflicto colombiano.  
 
Compañeros y estudiantes del profesor Bejarano recuerdan que discutir con él era como discutir con Sherlock Holmes, una persona que evaluaba críticamente todos los aspectos, que rastreaba cada detalle, que sistemáticamente argumentaba paso a paso, para defender sus puntos o corregirlos. Claro, en ese juego de las razones, ‘Chucho’ Bejarano sabía que perder no era una opción porque: o lograba convencer, o le convencían aprendiendo algo más. Quizás por esto y por su buen sentido del humor y la ironía Bejarano tuvo tan buen desempeño como negociador de paz; porque era experto con las armas de la argumentación y, sobre todo, porque su posición crítica lo excluía de todo dogma o bando extremo. A sus estudiantes les decía “no hay verdades absolutas, por eso no hay ciencia burguesa, no hay ciencia proletaria”. Así, para él era indispensable criticar y superar las posiciones rígidas, el dogmatismo, los actos de fe. Pero, no para asumir ideas más rígidas, sino para mostrar que es en la crítica, hasta de los propios puntos de vista, en donde se logran los acuerdos, en donde se encuentran las razones. 
 
Este académico, de lecturas incesantes y abundante escritura (su obra completa, de más de 5.000 folios, fue editada en 2011 por la Universidad Nacional de Colombia), siempre tuvo tiempo para los amigos y la tertulia, pero sobre todo, para disfrutar del baile en su casa, en El Goce Pagano o donde se le atravesara la salsa y la rumba. Uno de sus mayores orgullos fue su colección de salsa y boleros que lo hacían un hombre pleno y un bailarín experto.  
 
A Bejarano lo asesinaron en la academia, a unos pasos antes de entrar al salón de clases. Aún hoy, como en una infinidad de casos, no sabemos qué bando o qué dogma disparó. De lo que somos conscientes es que a ‘Chucho’ Bejarano le hubiera gustado dialogar, dialogar y argumentar; tarea fundamental que todos los colombianos tenemos que asumir de aquí en adelante para construir una verdadera paz.
 
 *Filósofo, profesor del Departamento de Filosofía, Universidad Nacional de Colombia.