Con un par de tizas y un techo incompleto, así fue la primera clase en la Universidad CES

A 40 años de su fundación, la primera generación de egresados rinde homenaje a la institución que vieron nacer y que hoy se ha convertido en una de las más reconocidas a nivel nacional en ciencias de la salud.

Tomado de Facebook.

El 6 de febrero de 1978, 240 adolescentes antioqueños llegaron expectantes a una institución que comenzaba a gestarse en Zúñiga, en el municipio de Envigado. A los salones les hacía falta un pedazo de techo y la biblioteca consistía en una pila de libros amontonados. No había cafetería, canchas ni grandes instalaciones, solo un par de tizas y las ganas inquebrantables de aprender para transformar el país.

Fueron 80 personas las que llegaron a cada programa de la recién inaugurada CES, la entonces Corporación para Estudios de Salud, pre medicina, pre enfermería y pre odontología, grados que aún no estaban certificados por el ICFES.

Los fundadores, un grupo de profesionales de la salud egresados de la Universidad de Antioquia, habían congregado sus ideas, en 1977, en una oficina prestada. Con una donación de 5 mil pesos cada uno, le dieron forma a un sueño que estaba dando sus primeros pasos.

Le puede interesar: Universidad Nacional lanza el primer Doctorado de Oncología de Colombia y de América Latina

Los estudiantes sabíamos de los riesgos. Sabíamos que no tenían presupuesto, pero que había un montón de gente muy capaz y unida para sacar adelante el nombre de la academia y la ciencia en pro de Antioquia”, cuenta Iván Darío Jiménez Vargas, actual director clínico de un distinguido centro de ortodoncia de la ciudad de Medellín, quien hace cuatro décadas se encontraba sentado en un pupitre de madera dispuesto a cultivar su vocación.

Jiménez recuerda que, unos meses antes de comenzar con la carrera que le dio rumbo a su vida, durante examen de admisión -que se llevó a cabo en un colegio de Medellín porque aún no tenía un salón para hacerlo-, los estudiantes firmaron un acta en la que declararon saber “que íbamos a una institución que apenas se estaba formando y que no tenía la certeza de salir adelante, pero nosotros, al ver esto, como alumnos nos sentimos también fundadores de un nuevo proyecto que auguraba el desarrollo de las ciencias de la salud en Colombia”.

Cuenta el odontólogo que de lo que estaban seguros él y sus compañeros era de la solidez de los profesionales que estaban edificando, con paciencia y esperanza, la universidad que hoy, cuatro décadas después, tiene 15 programas de pregrado, 35 grupos de investigación, 63 especializaciones, 19 maestrías, 3 doctorados, cerca de 6 mil estudiantes, mil docentes y más de 14 mil egresados.

Lea también: En Nigeria los niños estudian con tabletas de madera en lugar de digitales

Por esta razón, el pasado 6 de febrero, la primera generación de graduados se reunió alrededor de aquella ilusión compartida, esa apuesta a ciegas que hicieron profesores y estudiantes confiando en que serían los pioneros de una educación de calidad. “Esa es la marca del CES: gente comprometida con el país. Eso es lo que estamos celebrando”, manifiesta el ortodoncista.

En la ceremonia, celebrada en sus instalaciones de El Poblado, cada exalumno recibió un diploma que lo nombraba fundador de la universidad y una mención especial por parte de la Asamblea Departamental, el Concejo y Alcaldía de Medellín.

Los presentes recordaron los momentos vividos alrededor de una exposición de arte de seis egresados. “Éramos 240 compañeros que vivíamos unidos. Nos convertimos en una familia y todavía somos como hermanos porque nos tocó todo con mucho esfuerzo”, dice Jiménez.

Le puede interesar: Colombia es el tercer país que más contribuye en la Red Iberoamericana de Innovación y Conocimiento Científico

Por supuesto, después de la solemnidad llegó la hora de revivir la adolescencia. Los asistentes se montaron a una chiva en la que bailaron, cantaron y capturaron fotografías, mientras se dirigían al lugar que le dio comienzo a todo.

La sede de Zúñiga, que hoy pertenece a otra institución, les dio la bienvenida de nuevo. Esa de los salones sin terminar y los recreos compartidos fue testigo de la formación de quienes, 40 años después, ejercen su profesión con el mismo compromiso con el que llegaron a su primera clase. 

últimas noticias