¿Cómo convertir a los mejores profesionales en maestros de escuela?

El programa Enseña por Colombia ha logrado entregarle más de 100 profesores de alto nivel a poblaciones pobres del país.

Disparar la calidad de los maestros. Ese es el punto de partida sobre el que Gobierno, empresarios y sociedad civil deben actuar si se quiere mejorar el sistema de educación básica del país. O al menos ese es el horizonte que han trazado los expertos que, en los últimos años, han comandado estudios nacionales al respecto.

Identificado el problema, ¿cuál debe ser el camino a seguir? El Ministerio de Educación y autoridades como la Fundación Compartir han coincidido en que se debe impulsar a los mejores bachilleres a que vean en las licenciaturas una opción de vida. También se necesita diversificar la oferta de programas de pedagogía en las universidades y motivar a que profesionales de todas las áreas estudien maestrías y doctorados enfocados en la enseñanza. Esto, unido a la “redignificación social” de la profesión docente, permitiría tener en una década profesores de primaria mucho más cultos.

Lo que muchos desconocen es que en el país ya existen iniciativas que desde hace algunos años han actuado frente a este desafío. En 2010, movidos por la idea de trasformar el modelo educativo del país en un sistema más equitativo –donde los niños de comunidades vulnerables pudieran tener profesores de altísimo nivel– los colombianos Luis Enrique García, Jorge Mahecha y Pablo Jaramillo constituyeron Enseña por Colombia.

Este programa, inspirado en el modelo educativo estadounidense Teach for All, ha motivado a cerca de 150 profesionales de distintas disciplinas, egresados de las mejores universidades del país, a convertirse durante un tiempo en los profesores de niños de regiones apartadas y afectadas por la pobreza y la violencia.

Se eligieron colegios públicos de poblaciones vulnerables como Soacha (Bogotá), Cumaribo (en Vichada) y San Pedro, Chigorodó, Carepa en el Urabá antioqueño. Los profesionales recibieron formación en pedagogía y acompañamiento docente y durante dos años trabajaron como maestros de estas escuelas, ganándose el mismo sueldo de los educadores de esas instituciones.

¿Pero qué motiva a un economista recién graduado de una de las universidades más costosas del país, a convertirse en el ‘profe’ de matemáticas de una escuela pública al sur Bogotá? ¿Por qué acepta ganarse un salario de maestro de escuela en lugar de aplicar a un empleo en el Banco Interamericano de Desarrollo, o en una compañía privada donde su carrera en la Universidad de los Andes le permitiría aspirar a un sueldo de millones?

“Por asumir un reto personal. Porque hay jóvenes a los que nos interesa que el sistema educativo colombiano se transforme y queremos aportar para que eso suceda”, dije Juan Felipe Martínez, quien fue elegido entre mil postulantes para conformar el primer grupo de maestros del programa Enseña por Colombia en 2011. Tres años más tarde 5.000 profesionales han participado de manera voluntaria en las convocatorias. El 50% de ellos egresados de la Universidad de Antioquia, la Nacional y la de los Andes.

Este martes Martínez participó del acto público en el que finalizó su ciclo dentro del programa. A su lado estaba Julián Hernández, su alumno de 11 años, quien con micrófono en mano le agradeció por hacer de él una mejor persona, por despertar su gusto por las matemáticas.

El economista, que hace un par de años soñaba con convertirse en un ejecutivo de alguna entidad pública, ahora está aplicando a las mejores universidades de Estados Unidos para estudiar una maestría en educación. Acepta que sus alumnos de sexto del Colegio Compartir, en el barrio Kennedy de Bogotá, le trasformaron la vida.

Enseña por Colombia aspira a tener, en cinco años, mil historias de vida como la de Juan Felipe Martínez. “Solo el 10% de estos profesionales quieren dedicar su vida a la enseñanza cuando ingresan al programa, pero cuando terminan el 70% de ellos quiere seguir trabajando por la educación”, dice Pablo Jaramillo, cofundador de Enseña por Colombia.

Isabel Segovia, directora de la Fundación Compartir, señala que esta iniciativa le demuestra al país que en las mejores universidades sí existen jóvenes con vocación hacia la educación. “Este tipo de historias de vida serán la clave del éxito. Necesitamos que la sociedad colombiana entienda de que la educación es el eje transformador de este país, y eso solo lo vamos a lograr si estos líderes nos ayudan a convencer a las familias de que la calidad educativa es el camino”, dice Segovia, exviceministra de Educación.

Para esta experta, este primer impulso deberá estar acompañado de una política pública que compense a los jóvenes y les entregue incentivos para seguir vinculados al sector, un gobierno que financie con becas los posgrados y maestrías a las que quieran aplicar. Finalmente estos jóvenes serán los futuros rectores, directivos secretarios o ministros de educación.

Wendy Kopp, directora de Teach for All (organización que ha logrado atraer a 40 mil profesionales de las mejores universidades de EE.UU. bajo este mismo modelo), sabe que el centro de esta propuesta de transformación es entregarle a la educación más líderes. Líderes que puedan romper los ciclos de pobreza y que les entreguen a las poblaciones vulnerables la posibilidad de soñar con que sus hijos, al igual que los hijos de los más favorecidos, pueden cumplir sus sueños.