Educar para la transformación

El Banco Interamericano de Desarrollo propone una nueva política educativa basada en fortalecer las competencias y habilidades de los estudiantes, cambiar la técnica de la memorización por una en la que los docentes acompañen a sus alumnos y propiciar los recursos necesarios para que el aprendizaje sea exitoso.

Para transformar a una generación en términos de la calidad educativa, es necesario empezar desde el principio, es decir, incluso antes de que los alumnos ingresen al primer grado de la escuela primaria. En este caso no hay atajos. Si se continúa con esfuerzos dispersos que atienden algún aspecto específico de la educación en lugar de transformar al sector de raíz, probablemente estemos llegando a la era del conocimiento del siglo XXI cuando este ya esté terminando.

Por eso, la definición del perfil del egresado, el modelo educativo memorístico, la calidad de los insumos y los mecanismos de evaluación deben ser transformados para lograr avanzar en el tema educativo.

“Educación para la Transformación”, un libro del BID (Banco Interamericano de Desarrollo) propone entonces una nueva política educativa alrededor de cuatro temas. El primero consiste en definir el perfil de egreso de los alumnos de preescolar, primaria, secundaria básica, secundaria media y superior, como uno compuesto de competencias y habilidades, en lugar de constituir un listado de materias a cursar o de conocimientos que se acumulan a lo largo del ciclo educativo.

En el segundo pilar, el BID sugiere cambiar el modelo educativo memorístico a uno en donde los docentes ya no sean catedráticos, sino acompañantes y facilitadores en el proceso de aprendizaje. Un docente que ingresa al aula y concentra su tiempo en dictar cátedra o en transmitir conceptos, datos e información difícilmente propiciará el desarrollo de dichas competencias y habilidades.

De acuerdo al organismo, para que estos dos funcionen, los insumos deben mejorar también: la infraestructura, el equipamiento, los materiales educativos, un modelo de gestión escolar que permita al directivo tomar decisiones para su centro educativo, condiciones laborales adecuadas para los actores que participan en la educación, instrumentos para lograr una vinculación entre la escuela y el sector productivo, y la tecnología necesaria son clave.

Finalmente, el Banco concluye que los mecanismos de evaluación, que permiten verificar en qué medida el sistema educativo y cada centro educativo en particular se acercan a la generación del perfil de egreso deben estar integrados. Incluir la certificación de docentes y directivos para verificar si han desarrollado el perfil docente o directivo, la certificación de calidad de la infraestructura y el uso de pruebas estandarizadas similares a PISA o TIMMS son vitales para medir progreso.

Evidentemente, para impulsar una política pública de este tipo , es necesario llegar a un consenso entre los actores centrales de la educación, lo cual incluye a las autoridades de diversos órdenes de gobierno, a los docentes representados en sus organizaciones gremiales, a los padres de familia, a la sociedad que participa en el mejoramiento de la calidad de la educación mediante organizaciones formalmente reconocidas –entre ellas las empresariales, las organizaciones de la sociedad civil (OSC), los gremios de profesionales, etc.– y a las instituciones nacionales e internacionales que se sumen para acompañar la iniciativa.

 

*Representantes del Banco Interamericano de Desarrollo

El libro lo pueden consultar en http://www.iadb.org/es/temas/educacion/educacion-en-america-latina-y-el-...

 

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