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hace 9 horas

El ‘pilo’ chocoano que quiere ser ministro de Salud

La muerte de su padre le dio la fuerza para decidirse por estudiar medicina. Isacio Serna quiere llegar a las altas esferas del poder para ayudar al olvidado Quibdó.

Cristian Garavito / El Espectador

Hace tres años el padre de Isacio Serna Palacios murió de cáncer de colon. Con apenas 13 años, vivió de cerca el drama de no contar con los recursos ni tener la posibilidad de que su papá fuese atendido por los especialistas que requería para intentar salvar su vida, sencillamente, porque en el Chocó, en ese rincón tan olvidado de Colombia, no había quien se encargase.

No echó todo a la basura. No fue una excusa para caer. Por el contrario, este doloroso episodio de su corta vida fue la motivación más clara para, a pesar de las adversidades económicas, decidirse a estudiar medicina. Isacio hoy tiene 16 años y, aunque apenas inicia su vida universitaria, tiene las metas en el horizonte, ahí, visibles ante sus ojos. “Yo soy de Quibdó y me ha tocado ver toda la pobreza, como muere la gente, sentir la falta de oportunidades. Soy una víctima directa de ello. La muerte de mi papá me ha impactado y me gustaría ayudar a mi región desde la medicina. Quizá ser secretario de salud departamental y, por qué no, ministro de salud”, dice con una convicción que refuerza su voz de niño. Antes de eso, piensa en estudiar lo que le dictan sus pasiones: medicina interna o neurología, y para entender más el complejo sistema de salud de Colombia, una especialización en gerencia de la salud.

Sus días como universitario se tejen en los pasillos de la Universidad de la Sabana, en donde está desde enero de 2015 gracias al programa Ser Pilo Paga, que le quitó una preocupación de encima a la señora Digna María Palacios, su mamá, cuando, con toda la inversión que conlleva, le dijo que quería ser médico. “Me gusta el campus, la calidad educativa y la investigación. También me ofrece actividades para mejorar deportiva y culturalmente. Me gusta mucho el fútbol y estoy en la selección de la universidad”.

Y aunque Isacio se muestra a gusto con su universidad y su carrera, el traslado desde Quibdó a Bogotá ha tenido sus complicaciones. Hasta el año pasado, nunca había salido de su terruño, y si bien dice que no ha vivido ningún acto de discriminación en el campus por ser afro ni por ser parte del programa estatal, no niega haber sentido la mirada juzgadora de muchos en otros espacios de la ciudad. “He visto que algunos, quizás por ser afro, aprietan sus bolsos en Transmilenio”. Sin embargo, su atención no se centra en ese “detalle”. Lo más difícil para él es hacer el trayecto diario desde su casa en Candelaria La Nueva —un barrio de la localidad de Ciudad Bolívar, donde vive con su tía Shirley— hasta la sede de la Sabana, en Chía; un recorrido que le toma dos horas y media y que, a pesar de levantarse desde las cuatro de la mañana, en varias ocasiones le ha significado problemas con las clases de siete.

Más allá de reparar que el programa se ha demorado en algunas ocasiones con la consignación del subsidio de manutención —que para su caso es de cuatro salarios mínimo por semestre, entregados en dos desembolsos—, una situación que lo pone en apuros, su deseo es que más jóvenes puedan disfrutar de este beneficio. Por el momento, la verdadera dedicación de Isacio es el estudio, dice no salir mucho y su esfuerzo se enfoca en obtener un promedio alto para aspirar a hacer residencias a través de su universidad o de otra alma máter fuera del país.