El preocupante informe sobre el nivel de lectura y escritura de los primíparos del país

Pobre y mediocre. En esos términos definió una investigación de la Universidad de la Sabana el desempeño en competencias de comprensión y redacción de los estudiantes recién salidos del colegio.

El lío de las noticias falsas que influyó en las elecciones de Estados Unidos, la votación del plebiscito por la paz en Clombia y del “Brexit” en el Reino Unido, deja entrever que en el mundo hay una tendencia: la gente cada vez prefiere la información encapsulada en dosis muy digeribles, sean productos audiovisuales, infografías e incluso memes, y ha empezado a dejar de lado textos estructurados con explicaciones profundas sobre uno u otro tema. En el país, el escenario parece enlodarse más con los resultados de las últimas pruebas internacionales a estudiantes que están ad portas de enfrentarse a una vida universitaria en la que, sea la carrera que sea, tendrán grandes exigencias de lectura, y también de escritura.

La Universidad de la Sabana realizó una investigación al respecto con un resultado nada alentados. La conclusión principal del informe revelado esta semana es clara: menos de la mitad (47%) de los primíparos -aquellos que están en su primer año de universidad- tienen un nivel al menos aceptable en las competencias básicas que se miden en las pruebas internacionales. Peor aún, una gran mayoría de esos estudiantes que están todavía haciendo la transición entre el colegio y la universidad no tienen buena ortografía, mucho menos saben redactar un ensayo o comprender efectivamente un texto académico o informativo.

El informe desmenuzó las posibles causas de esta situación, encontrando como la más influyente el poco y nulo cultivo que hay en los colegios de las habilidades lingüísticas para graduarse con un, al menos, básico conocimiento del manejo y comprensión del español. De esta forma, al llegar a los claustros muchos estudiantes tropiezan al darse cuenta que no son capaces de desarrollar textos del nivel que exige la educación superior. Otra de las raíces de la preocupante conclusión del estudio es la poca diferenciación que hacen los primíparos sobre los procesos académicos que enfrentan en su último año de colegio y los que les piden en su primer o segundo semestre universitario.

“El estudiante, por lo general, es muy descuidado con la ortografía, especialmente con la puntuación y acentuación. En el bachillerato, en clase de español o literatura, poco se le enseña el manejo de las normas ortográficas”, explica el profesor Mariano Lozano, del Departamento de Lengua de la universidad, sobre el estudio del que fue uno de los principales investigadores.

Para realizar el informe, la unidad investigativa de la Sabana examinó a los estudiantes de primer año de 13 universidades del país, entre las cuales se cuentan muchas con gran nombre y trayectoria. La Universidad de La Salle, la Sergio Arboleda, la Santo Tomás, la Piloto, Los Libertadores, la Universidad de Ciencias Aplicadas y Ambientales (UDCA) y la Fundación Universitaria del Área Andina, fueron algunos de los centros educativos en los que indagaron.

El estudio enlaza directamente con los más recientes resultados del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA), en las que literalmente los evaluados se “rajaron”. La prueba, que evalúa a estudiantes de 15 años en lectura, matemáticas y ciencias naturales, concluyó que cerca de la mitad de los bachilleres evaluados está en el Nivel 2 de la competencia de lectura. Esto traduce que ese porcentaje de bachilleres evaluados está por debajo del nivel mínimo que exige la prueba. “Ellos leen, entienden e infieren, pero cuando llegan al proceso de la lectura crítica a través del texto se les complica la situación”, agrega el profesor Lozano.

Pero las pruebas PISA no fueron la única cruz roja a los colegiales del país. PIRLS (Estudio Internacional del Progreso de Competencia Lectora), una prueba que se realiza en 48 países y nueve regiones del mundo, también concluyó que el desempeño en competencia lectora en la educación media de Colombia es muy bajo. En la más reciente medición de PIRLS, los bachilleres colombianos obtuvieron un puntaje de 448 (nivel bajo) sobre 675 (nivel avanzado).

Pero el único problema de la formación en competencias de lectura y escritura de los estudiantes no es solamente la mala formación en los colegios. Otro problema, aún más complejo, que se halló la investigación fue la deficiencia de políticas institucionales para que los jóvenes desarrollen esos procesos adecuadamente. “Es cierto que se hacen procesos de lectura y escritura, porque se tienen establecidos en los programas, pero hace falta una política que determine esta competencia como tal”, concluye Lozano.

 

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