'El reto es que no deserte ningún muchacho'

Uno de los logros del programa de becas ‘Ser pilo paga’ ha sido poner a debatir a todo el sistema universitario. La exministra de Educación analiza lo que está sucediendo.

Cecilia María Vélez, rectora de la U. Jorge Tadeo Lozano, considera que el riesgo más grande de deserción es por razones económicas, no académicas. / Daniel Góme

Cecilia María Vélez es la única ministra de Educación en la historia de Colombia que ha permanecido ocho años en el cargo. Ese tiempo le permitió conocer a fondo cómo funciona el sistema educativo del país.

Esta semana, como rectora de la Universidad Jorge Tadeo Lozano en Bogotá, les dio la bienvenida a 698 estudiantes del programa “Ser pilo paga”, impulsado por la actual ministra, Gina Parody. Estas son sus impresiones sobre lo que algunos han catalogado como una revolución educativa, si bien ella cree que es más preciso llamarlo un gran experimento que podría dar señales para futuras políticas públicas dirigidas a mejorar la calidad.

¿Es buena o mala idea este programa de becas?

Todo el proceso me ha parecido interesante. Hace poco me preguntaban si era un programa de cobertura. No es de cobertura. Estos muchachos probablemente iban a ir a otras universidades. Creo que es muy bueno para ellos y para las universidades. La llegada de estos muchachos les va a dar una dinámica importante a las universidades. Las va a democratizar mucho más. En nuestro caso, creo que va a jalonar estándares académicos.

Cada universidad tiene retos distintos. ¿Cuáles son los de la Tadeo?

Nosotros no tenemos tanto problema con la mezcla porque es una universidad más mezclada. Tenemos un porcentaje importante de alumnos de estratos más bajos, y además la universidad ha respetado mucho la individualidad. Tenemos la mitad de la matrícula en artes y la gente de artes es menos competitiva en términos sociales.

¿Qué van a hacer para acompañar a estos alumnos?

Queremos hacer un seguimiento muy claro a cada uno. A todos ellos les vamos a poner un consejero. Pero creemos que no vamos a tener problemas académicos. A lo que hay que poner cuidado son los problemas económicos.

El 85% de los becados se fueron a las privadas, que tendrán que invertir en programas de acompañamiento. ¿Lo ven como una carga económica?

No sabemos hasta dónde van a ser los apoyos, porque no tenemos una caracterización completa. Acaban de llegar. Tampoco el nivel de problemas que vamos a tener. Pero si recibo 600 muchachos, es un volumen de matrícula alto, y puedo crear un programa para acompañarlos.

Alguien decía que el Gobierno pudo negociar el valor de las matrículas con las privadas...

Lo que se negoció fue el apoyo. Vamos a tener una reunión para informar cuáles son los apoyos que van a dar las universidades. Si bajas las matrículas, entonces no les puedes dar los apoyos que quieres. Pero también pudo hacerse así.

En términos de política pública, ¿está bien hacer un programa sin saber cuál es su continuidad en tiempo y recursos?

Uno puede pensar que tiene que formular políticas con todas las variables, pero es difícil. Probablemente esta política se presente buena en unas cosas y mala en otras. Quizás tenga algún efecto perverso, pero imaginarlo es complicado. Entonces puedes no actuar. O puedes actuar como a veces hacen los médicos cuando no saben el diagnóstico. Piensan que es algo y lo tratan para ver si funciona. Más o menos estamos actuando así. Este es un pilotaje. Si se hace un buen seguimiento, luego se puede evaluar y negociar con futuros gobiernos esta política. Es un pilotaje suficientemente grande e importante para mirar el impacto. Y creo que si lo mantienen tres años será maravilloso. Pero inclusive con una sola cohorte, podrías tener unas reflexiones muy importantes. Son resultados que veremos en cinco o seis años. Todo está por verse.

Volvamos a la cifra de 10.080 becados. ¿Es mucho o poco?

Becar 10.000 muchachos es el equivalente a la población de una universidad grande. Estamos metiendo esa universidad en 22 universidades. Es una cifra importante para esas 22. Colombia gradúa del bachillerato cada año alrededor de 650.000 muchachos.

Se dice que el programa cuesta $150.000 millones. ¿Es un precio alto?

No creo, no es exagerado. La mayoría de programas de fomento valen entre $100.000 millones y $150.000 millones. El programa nos va a dar muchos elementos de calidad para mejorar la educación.

¿Y qué va a pasar con la deserción?

Creo que la deserción va a ser menor. Pero es un reto enorme para nosotros no dejar desertar un solo muchacho. El riesgo más grande de deserción es económico. Porque académicamente vienen formados.

Pero, si alguien deserta, ¿qué se puede hacer?

Es un problema distinto. Entre él y el Icetex.

¿Cuál es la tasa de deserción en la Tadeo?

Del 10% anual. Creo que va a ser mucho más bajita en estos muchachos, por el compromiso. Eso es lo distinto esta vez.

Hemos tenido estos años una gran discusión pública sobre educación. ¿Esto es una revolución para usted? ¿No se está dando la espalda a esa discusión que buscaba una reforma?

Creo que es un programa importante, pero no espero que sea la política pública en educación superior de este gobierno; eso hay que tenerlo claro. Estoy esperando a saber qué dice el Plan de Desarrollo. Además, está claro que es un programa, no la respuesta a todo lo que está pasando, y es contundente al decir: aquí no importa si la universidad es pública o privada, sino la calidad. También el Gobierno está diciendo que les debe financiar la educación a los pobres.