‘Es un momento difícil para las universidades privadas’: rector de la U. de la Salle

Para Alberto Prada Sanmiguel, la crisis actual no solo es de las instituciones públicas. Proliferación de centros educativos extranjeros de poca calidad, falta de recursos y deserción son algunos de los principales problemas.

Alberto Prada Sanmiguel tiene una maestría en Psicología clínica en México y un doctorado en Ciencias sociales, niñez y juventud de la U. de Manizales. / Óscar Pérez

Desde los 18 años, Alberto Prada Sanmiguel está pensando los problemas y las virtudes de la educación y la pedagogía en Colombia. Estudió psicología en la Universidad Javeriana, una maestría en psicología clínica en México y un doctorado en Ciencias Sociales, Niñez y Juventud en la Universidad de Manizales. Fue rector del Colegio La Salle y estuvo siete años como secretario de formación para los religiosos lasallistas de América Latina. Durante seis años fue decano de educación de la Universidad de La Salle, vicerrector académico de la universidad y desde hace dos es el rector.

¿Cuál es la situación actual de la Universidad de la Salle?

Hoy tenemos 12.600 estudiantes, pero en la universidad hay capacidad instalada para 15.000. Estamos viviendo un proceso de expansión interesante. En Bogotá tenemos la sede de Chapinero, la de La Candelaria y la del norte. Y tenemos, además, varias fincas que ayudan a promover y consolidar el trabajo de campo de los estudiantes. Una finca cerca a Sopó dedicada a la leche y a la ganadería; una finca en el Alto del Vino, para que los alumnos estudien y trabajen con especies menores; otra en Sasaima para analizar los cultivos de distintos pisos térmicos, y una en Yopal, en donde está el proyecto Utopía.

El proyecto Utopía, en Yopal, se ha convertido en un referente de educación para la paz y la reconciliación en Colombia. ¿Cómo funciona?

Utopía empezó en 2010, bajo la rectoría del hermano Carlos Gabriel Gómez Restrepo. La idea es que los jóvenes campesinos afectados por la violencia tengan una oportunidad real de acceder a la educación universitaria de calidad con una condición especial: los muchachos que entran al programa tienen que volver a sus regiones de origen y transformarlas con proyectos productivos autosostenibles. Este es uno de los requisitos de grado. Todos los estudiantes que entran a Utopía son becados. Viven, comen y estudian en nuestra finca. Tenemos ya cinco cohortes graduadas, más de 220 estudiantes.

¿Cuál es la intención política y educativa de Utopía?

Básicamente es lograr que los campesinos, como sujetos sociales, como ciudadanos, tengan acceso a la promoción profesional y se conviertan en líderes de su comunidad a través de un primer programa pretexto llamado ingeniería agronómica.

¿Esta vocación de servicio tuvo algo que ver con el apoyo que le dio la Universidad a Titanes Caracol?

Nosotros decidimos ayudar a que este país se reconcilie. Y estamos convencidos de que la mejor manera de lograrlo es fortaleciendo la educación. Titanes Caracol demostró que es una plataforma con cobertura nacional que ayuda a divulgar los programas de los maestros en las regiones más apartadas. Por eso entramos al proceso. Pude ver algunos de los proyectos y me complace que casi todos tienen que ver con la educación rural. Ahí tenemos afinidad.

Volviendo a Bogotá, usted dice que hay menos estudiantes matriculados de los que podría tener la universidad. ¿Ese desbalance no genera dificultades económicas?

Estamos en proceso de aumentar el número de estudiantes y de servicios, porque ser matrículo-dependientes es muy frágil. Tenemos que buscar un poco más de solvencia. Es un momento difícil para las universidades: la crisis no es solo en las públicas, sino en las privadas que no pueden mantenerse a flote frente a un mercado imprevisto.

¿A qué se debe esa crisis?

Hay varios factores, uno es el auge y la proliferación de “universidades” extranjeras que vienen a ofrecer cualquier cosa a muy bajo costo. Los muchachos estudian donde pueden, no se dan cuenta de que esa carrera que están haciendo en tal sitio no les da ningún tipo de bienestar ni de acompañamiento en su proceso de formación profesional. Muchas veces la gente no ve la calidad de la educación, solo ve el precio de la matrícula. Otra causa es la crisis económica generalizada que vive Colombia y que hace que los hogares pobres y de clase media no tengan suficiente dinero para la educación de sus hijos. Unos pocos tienen recursos y pueden darse el lujo de pagar universidades de alto costo, pero la mayoría no. En las universidades medias, como La Salle, que trabajan con estratos dos o tres, lo difícil no es que los estudiantes entren, sino que permanezcan. Nosotros nos mantenemos con las matrículas, no tenemos otro negocio. Las universidades somos sin ánimo de lucro, pero no con ánimo de pérdida.

En ese sentido, ¿cuál es la propuesta la Universidad de la Salle?

Nosotros les ofrecemos a los estudiantes cosas muy importantes para su formación integral: la biblioteca, los laboratorios, los gimnasios, alimentación diaria a muy bajo costo, el centro de idiomas. Casi ningún muchacho entra con inglés a la Universidad de La Salle, y casi todos salen con B2 o C1. La mayoría de nuestros profesores de planta son doctores. Nuestras tarifas, además, son competitivas; eso facilita la cobertura. Pero también es importante la permanencia en el programa. ¿Qué sacamos con matricular cien alumnos si salen del programa en el próximo semestre? Por eso hacemos énfasis en el acompañamiento académico y psicológico personalizado.

¿Cuáles son los principios pedagógicos de la Universidad?

Nuestra apuesta es un currículo serio, consensuado a través del consejo académico, pero con una relación fraternal entre maestros y estudiantes. Evitamos el paternalismo y la consentidera, pero también evitamos la lejanía, la distancia y la agresión. El propósito es que nuestros alumnos se sientan tratados dignamente, en plena libertad. Nuestro orgullo son los semilleros de investigación, que han crecido en los últimos dos años significativamente; o sea, maestros y estudiantes que se asocian libremente para investigar en profundidad un tema que los apasiona.

¿Cuál cree que es el valor de la educación universitaria?

Se estudia una profesión, no solo para beneficio propio sino para la transformación social y política de Colombia. Hay que enseñarles a los muchachos que para el buen gobierno se necesitan unas prácticas y una ética.

¿Cuáles son los desafíos en el corto plazo?

Queremos tener más impacto en las regiones. Llegar con educación de calidad a los sitios más apartados del país. Queremos, especialmente, ir al campo con investigación y oportunidades. La otra cosa es la democratización: acceso y permanencia. Queremos, además, ser líderes en la formación de maestros y en educación virtual.