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hace 25 mins

Las falencias de los estudiantes que empiezan a estudiar un posgrado

Lectura, escritura e idiomas son las principales falencias de los estudiantes que cursan maestrías y doctorados. Un problema estructural que se siembra desde la primaria.

La baja exigencia en los criterios de admisión en muchas universidades afecta la calidad de los programas de los que egresan los investigadores en el país.  / iStock
La baja exigencia en los criterios de admisión en muchas universidades afecta la calidad de los programas de los que egresan los investigadores en el país. / iStock

Una reciente investigación realizada por la Red de Lectura y Escritura en Educación Superior dejó una conclusión que debería encender alarmas: en la educación media los estudiantes no desarrollan las habilidades lingüísticas que se necesitan para el manejo del español. En pocas palabras, los alumnos que ingresan a primer semestre en las universidades se rajaron en lectura y escritura.

Una situación que no es nueva y que resulta aún más preocupante si se tiene en cuenta que estas falencias pasan de largo por el pregrado y permean el ámbito de los posgrados, siendo más evidentes en maestrías y doctorados. Mauricio Herrón, coordinador de la Maestría en Educación de la Universidad del Norte, en Barranquilla, señala que los principales problemas que presentan quienes ingresan a este nivel educativo, y específicamente al programa que dirige, están en la redacción y los idiomas.

Competencias que no son de poca importancia, teniendo en cuenta el componente investigativo que caracteriza estos posgrados. Además, Herrón alerta sobre un riesgo peor: “La mayoría de quienes ingresan son docentes, es decir, quienes tienen en sus manos la educación de millones de colombianos”. A esta situación se le agrega que, según cifras del Ministerio de Educación, la segunda mayor cantidad de magísteres en el período 2004-2013 se graduaron en Educación (11.026), ligeramente superados por los graduados de maestrías cuyo núcleo básico de conocimiento es administración (12.015).

Por su parte, Carl Langebeak, vicerrector académico de la Universidad de los Andes, señala que la falta de conocimiento en inglés es una de las mayores falencias. “Hoy en día es impensable ser un investigador en cualquier disciplina sin, por lo menos, leer en inglés”. Para el académico es un tema gravísimo sobre el que hay un gran atraso en el país y en el que se insiste mucho en esta universidad, sobre todo en los doctorados.

De estas realidades no dista lo que dice Andrés Gutiérrez, director de Evaluación del Icfes, al señalar que el estudiante colombiano tiene muchas dificultades en el momento de plasmar las ideas en el papel. “Esto no es fácil para muchos. Ahí tenemos problemas de raíz y todas las universidades deberían tener planes de mejora. Sin embargo, sería injusto cargarles la culpa a las instituciones de educación superior, debido a que en el proceso educativo se van agregando competencias todo el tiempo y en él confluyen factores personales, familiares y del entorno”.

Al respecto, Langebeak agrega que son problemas que arrancan desde la primaria y se agravan con el nivel de exigencia para entrar en muchas instituciones del país que ofrecen posgrados. “Hay una proliferación de programas de mala calidad que, seguramente, están teniendo criterios de admisión muy flojos. Eso es grave, porque los posgrados son el mayor nivel de formación, es la gente que está en la punta del conocimiento, son los investigadores”.

Además, Gutiérrez lamenta que las pruebas Saber Pro no tengan mayor trascendencia, algo de lo que el Icfes es consciente y que motivó dos medidas —que ya entraron en vigor— que buscan que esta prueba sea más que un simple requisito y pueda ser utilizada como una herramienta para el ingreso de estudiantes a carreras de posgrado, la elección de personas en agencias de talento e, incluso, en las convocatorias de la Comisión Nacional del Servicio Civil (CNSC).

La primera consiste en la realización de pruebas diferentes para carreras profesionales (Saber Pro) y para carreras técnicas y tecnológicas (que se llamarán TyT). Un cambio pertinente, según el funcionario, para no medir de la misma forma a personas que tomaron decisiones diferentes y que no cursan lo mismo.

La segunda medida consiste en el cambio en la escala de la prueba, lo que le dará otra connotación a la puntuación. De esta manera, el puntaje máximo para las Pruebas Saber 11 (la de los bachilleres) será de 100; el de las Saber TyT de 150, con media de 75; y de las Saber Pro de 200, con media de 100. “De esta forma, las universidades se tomarán más en serio el proceso de admisión y, sobre todo, de formación. Una cosa es que una institución tenga un estudiante con baja calificación y otra es que ese resultado sea el de la mayoría”, concluye Gutiérrez, aclarando que más que medidas coercitivas, la medición será utilizada para emprender planes de mejoramiento.

El reto es grande, muy evidente y, teniendo en cuenta los tiempos de los procesos dentro de un sistema educativo, urge un replanteamiento de las políticas para que los problemas que nacen desde los primeros años del colegio no repercutan en las competencias de quienes deberían ser las personas más capacitadas del país.

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2016-05-21T21:04:59-05:00

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Redacción Educación

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