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Basado en la psicología positiva

Felicidad en Cundinamarca, una apuesta educativa en veremos

Inspirados en las corrientes mundiales sobre cómo hacer a los estudiantes más satisfechos con sus vidas, la anterior gobernación impulsó una política pública de felicidad especialmente para colegios. Relaciones positivas y compromiso dentro de esta innovación curricular.

La anterior Gobernación de Cundinamarca impulsó una innovación educativa para hacer a los estudiantes más felices. / Cristian Garavito

Ninguna clase en la Universidad de Yale, a lo largo de sus 318 años, ha tenido tantos estudiantes inscritos como aquella dictada por la profesora Laurie Santos en 2018. Se trató de la asignatura llamada Psicología y buena vida, una materia dirigida para aquellas personas que quieren encontrar la felicidad. Esta búsqueda, basada en los postulados de la psicología positiva, se esconde tras la creatividad, la capacidad de construir relaciones positivas, el compromiso por la vida y la inteligencia emocional. Una mezcla de virtudes que la anterior Gobernación de Cundinamarca asumió como bandera con el fin de crear una política pública para la felicidad especialmente para sus aulas escolares.

Con esa meta llegó Jorge Emilio Rey hace cuatro años, al asumir su cargo como gobernador. Para entonces, la cara del departamento no era la mejor: eran la cuarta entidad territorial con mayor número de intentos de suicidio en el país, según la vigilancia del Instituto Nacional de Salud (INS). Estudios de la Universidad de la Sabana aseguraban que cinco de cada diez estudiantes cundinamarqueses eran víctima de bullying, y la violencia intrafamiliar sumaba 3.471 casos, de acuerdo con cifras de Medicina Legal.

Ante ese panorama, la apuesta fue priorizar el bienestar de los ciudadanos en el Plan de Desarrollo de Cundinamarca Unidos Podemos Más 2016-2020. El patrón de oro para medir ese bienestar, según Martin Seligman, uno de los investigadores pioneros de la psicología positiva, es el crecimiento personal. Esta rama científica se concentra justamente en aumentar ese crecimiento, un ejercicio desarrollado desde hace más de dos décadas por la Fundación Alberto Merani, fundada por Miguel de Zubiría.

Por eso no hubo dudas al escoger a la Fundación como consultora del proyecto. Ellos, confiados en que “la principal empresa que se tiene es uno mismo”, tenían experiencia en la receta de la felicidad. La primera de ellas eran las emociones positivas, que, sin dejar de lado las negativas, le enseñan al sujeto a elegir las primeras por encima de las otras. Luego las relaciones positivas, fieles motivadoras del espíritu.

Otro ingrediente es el compromiso; es decir, la apuesta por aquello que a uno le gusta, le interesa y lo puede hacer bien. También está el sentido de la vida, que se refiere la intención de trascender en esa apuesta y, por último, el logro. No un logro como atravesar el arco al final de una maratón, sino como las pequeñas ganancias que se obtienen en el camino. Esos fueron los elementos que doce investigadores, entre psicólogos y pedagogos, fueron a indagar en quince municipios de Cundinamarca hace dos años.

Su tarea era definir cuál era el modelo de bienestar y satisfacción de los niños y los adultos en este territorio. Para ello tenían que medir la calidad de vida, una mezcla de indicadores e índices internacionales, utilizada desde hace tiempo por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), fue la guía que utilizaron. Se trata de preguntas que van desde el ingreso, el empleo, las condiciones de vivienda, salud, educación y seguridad personal, hasta la percepción del medio ambiente y el bienestar subjetivo. A estos cuestionarios les añadieron una novedad, cuenta Patricia Vega, investigadora líder del proyecto. “No nos interesaba saber tanto si las personas tenían una casa o vivían pagando arriendo. Queríamos saber cómo vivían ellos en esas casas, si se sentían seguros, con qué regularidad invitaban a sus amigos a esos hogares”, explicó.

Bajo ese enfoque, se aplicó la Encuesta de Felicidad y Bienestar en quince municipios seleccionados por la Gobernación y en quince instituciones educativas. El resultado, que sirvió como base para formular la política pública, fue un índice que calculó once dimensiones. Así fue como obtuvieron, a partir de las respuestas de 1.032 docentes, 2.510 niños, niñas y adolescentes y 3.008 adultos, “una percepción general de felicidad y bienestar alta en los encuestados”, incluido el sector educativo.

Con base en el resultado de ese índice de felicidad, colgado en la página de la Gobernación de Cundinamarca, los expertos escribieron un documento técnico de más de 300 páginas que la Asamblea Departamental aprobará como política. Pero la apuesta de hacer más felices a los cundinamarqueses no terminó ahí. Todo un paquete de innovación curricular, diplomados sobre psicología positiva para ciudadanos, también llamados embajadores de la felicidad, y maestros fueron dictados durante el año pasado en 261 colegios del departamento.

La innovación curricular se trató de una canasta educativa en la que se incluyeron fascículos sobre la importancia de la curiosidad, preguntas sobre lo que deseamos en la vida y un fortalecimiento de la empatía, entre otros elementos que componen esta nueva línea de la educación, a la que el mundo le presta atención actualmente, pero que hasta hoy, bajo el nuevo cambio de Gobierno en el departamento, no se sabe cuánta continuidad tendrá en el futuro.

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2020-02-21T21:00:18-05:00

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2020-02-21T21:30:01-05:00

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Camila Taborda

Educación

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