La generación que no sabe leer

Juan Carlos Vergara, miembro de la Academia Colombiana de la Lengua, dice que las pobres competencias lectoras de los estudiantes se deben, en parte, a las evaluaciones facilistas.

Las competencias de estudiantes de 65 países en matemáticas, ciencias y lectura, fueron evaluadas por las pruebas Pisa. / AFP

Según las pruebas internacionales Pisa –el examen de calidad educativa más importante del planeta– los estudiantes colombianos ocupan el noveno puesto en el mundo como los más deficientes para la lectura. La prueba midió a 65 países, y en Colombia tuvo en cuenta a 9.073 estudiantes de 15 años.

Juan Carlos Vergara, director del Departamento de Lingüística, Literatura y Filología de la Universidad de la Sabana y coordinador de la Comisión de Lingüística en la Academia Colombiana de la Lengua, trata de explicar cómo llegamos a este escenario, en el que los jóvenes están apenas preparados para leer “textos de manual en los que la información es tan clara que no admite ninguna interpretación”.

Frente a los pésimos resultados de Colombia, la ministra de Educación, María Fernanda Campo, ha dicho que los cambios en educación se demorarán décadas para percibirse. ¿Tendremos que esperar tanto para tener ciudadanos realmente bien educados y que sepan leer?
Hay dos tareas que toca hacer: la primera, mirar hacia el futuro y, la otra, resolver el problema hoy. No podemos esperar 20 años a ver si funcionó lo que estamos haciendo ahora; hay que reforzar las medidas que se están tomando para que en el futuro se vean los impactos.

¿Cómo se explica que un estudiante llegue a los 15 años con un nivel de lectura tan bajo?
El proceso de lectura es un proceso largo que empieza con la transcripción de grafías. Después hay que empezar a subir los niveles de lectura; este no es un proceso natural, hay que crearlo culturalmente y ahí está el problema. Los colegios tienen que ir aumentando el nivel de complejidad y este tiene que ser un trabajo consciente de los profesores, una política, no un pálpito o una intuición. El estudiante va por la ley del menor esfuerzo, entonces el sistema tiene que exigirle. Este es el trabajo que no estamos haciendo.

También se están cometiendo errores en la evaluación...
Si el profesor evalúa de manera textual el estudiante va a contestar de la manera más básica que pueda, pero si el profesor aprovecha lo que el estudiante ve y lee por fuera de clase y lo hace analizar con pensamiento crítico la realidad, lo obliga a subir su nivel.

¿Los profesores se están volviendo perezosos para evaluar?
Si un salón de clases está sobrepoblado el profesor va a buscar fórmulas sencillas y rápidas de evaluación. Nos estamos acostumbrando a pruebas de selección múltiple que no fomentan la capacidad de interpretación. La mejor fórmula para evaluar y que el estudiante tenga campo de interpretación es la escritura libre sobre una pregunta o un tema. La sugerencia está en que el profesor planee sus procesos para que no recurra a pruebas improvisadas y simples para salir del paso.

¿Cómo se pueden interpretar los resultados de las pruebas PISA en lectura (ocupamos el puesto 56 entre 65)?
Los estudiantes están leyendo textos de manera literal, no están logrando niveles de interpretación del texto, están leyendo casi textos de manual en los que la información es tan clara que no admite ninguna interpretación distinta. Es un termómetro de una población que es fundamental para el desarrollo del país y que en poco tiempo tendrá que enfrentarse al mundo de la educación superior.

¿Y eso qué puede representar más adelante?
Van a llegar con debilidades para la lectura de textos de universidad, que exigen interpretación, valoración, comparación. El problema más grave es que van a ingresar muy fácilmente en un proceso de deserción en la universidad y su nivel de competencia para acceder a posgrado o a un estudio superior se va a convertir en un problema.

Uno tiene la sensación de que los colegios no actualizan las lecturas…
Sí. Se debería trabajar con lecturas vivas, no podemos seguir utilizando los textos a los que siempre se le hacen las mismas preguntas y las respuestas que se le dieron hace años son las mismas que hoy. Es cómodo para el que dicta clase pero genera un adormecimiento en el interés. Estamos dormidos con una nómina de textos viejos.

¿Qué otros problema ve en la educación de hoy?
Dejamos de leer libros completos; estamos leyendo capítulos o fragmentos y esa falta de esfuerzo para entender un discurso completo les quita a los estudiantes la posibilidad de argumentar e interpretar; están aprendiendo con conocimientos fragmentados, rotos.

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Redacción Vivir

Educación

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