“Hay que dejar de subestimar la inteligencia de los niños”

El experto en educación y tecnología Marc Prensky ha escrito seis libros y más de cien artículos académicos sobre la conexión que existe entre las herramientas digitales y las aulas.

El experto en educación Marc Prensky estuvo en la Cumbre de Líderes por la Educación, en Bogotá.
El experto en educación Marc Prensky estuvo en la Cumbre de Líderes por la Educación, en Bogotá. Cristiano Sant’ Anna

El estadounidense Marc Prensky, director de la Global Future Education Foundation, es considerado uno de los más importantes investigadores en el mundo sobre la conexión entre el aprendizaje y la tecnología. Fue él quien acuñó los términos “nativos digitales” e “inmigrantes digitales” para definir dos momentos históricos y maneras de concebir el aprendizaje: aquellos que nacen y se forman con las herramientas digitales y aquellos que se han visto en la necesidad de aprender a usarlas pues su vida, quieran o no, está influenciada por ellas.

Este docente, que viaja por el mundo escuchando la perspectiva de los más pequeños, considera que esa brecha digital y generacional es la causante de algunos de los problemas del sistema educativo actual, obsoleto para las necesidades y competencias que exige el siglo XXI.

De acuerdo con Prensky, los jóvenes de hoy no pueden aprender como los jóvenes de ayer, por la sencilla razón de que son diferentes, que su cultura ha cambiado y el mundo también lo está haciendo de forma acelerada. Por eso urge que la escuela tradicional incorpore formatos educativos basados en el ocio y el entretenimiento, utilizando las herramientas o el lenguaje que los nativos conocen, disfrutan y descifran con facilidad, para que esa ruptura generacional sea menor.

Durante su participación en la tercera edición de la Cumbre de Líderes por la Educación, que reunió a más de 46 expertos del campo educativo, 11 de ellos internacionales, Prensky habló con El Espectador sobre lo que considera debe ser la educación del futuro.

¿Por qué los niños necesitan un nuevo currículo?

Por tres razones: el mundo ha cambiado drásticamente, por lo que muchas de las cosas que fueron verdad en el pasado ya no lo son; porque los niños y jóvenes también han cambiado, sus intereses y formas de aprendizaje, y porque la educación tradicional ya no está siendo útil.

Nuevas formas de educación están emergiendo. Lo que llamemos educación en unos años será muy diferente a lo que hoy es, no tanto por los avances de la tecnología, sino porque nuestras necesidades están cambiando, por lo que los objetivos de la educación también deben hacerlo.

¿Cómo debería ser el nuevo modelo de educación?

Uno en el que los niños piensen cómo mejorar el mundo y resolver problemas reales, que estén empoderados y seguros de sus conocimientos. Los niños necesitan convertirse en las personas que ellos quieran ser y no en las que nosotros queremos que sean.

¿Cómo lo hacemos? Está la manera antigua, que consiste en educar a los niños con contenidos académicos, donde se supone que deben aprender algo para luego convertirse en individuos intelectuales y, tal vez, algún día, ayuden a mejorar el mundo.

Y está la nueva manera de hacerlo, en la que los niños conocen los problemas del mundo real, los locales y globales, se preocupan por ellos y por eso buscan soluciones. Son propositivos, lo que significa que están aprendiendo, que están interesados y pueden mejorar el mundo, hoy y siempre, a través de sus ideas.

Para atender efectivamente a estos niños necesitamos un modelo de educación diferente, cambiar el significado de la educación y empezar a emplear el lenguaje que ellos mejor conocen: el digital.

¿Cuáles serían los pasos a seguir?

Son cinco. El primero es preguntarnos por qué. Tenemos que definir nuestro objetivo, cambiar los logros personales por un mundo mejor, cambiar el reconocimiento o el éxito individual por ser buenas personas que ayudan a resolver situaciones de la vida diaria. El aprendizaje es bueno, pero no es la razón para educar a nuestros hijos.

El segundo consiste en definir los medios. Nada construye tanto la autoconfianza como el logro personal. Hay que pasar de las asignaturas y los exámenes a proyectos del mundo real que resuelven problemas y que combinan los intereses y las pasiones de cada individuo.

El tercero requiere un nuevo currículo. Es necesario redefinir los métodos de aprendizaje para ayudarlos a cumplir sus metas. No hay que esperar hasta la universidad para empezar a trabajar en ciertos proyectos; se puede empezar desde ya. También es necesario empezar a enseñar habilidades del pensamiento eficaz, como autoconciencia de las pasiones y fortalezas, control, pensamientos positivos, liderazgo, toma de decisiones en situaciones de inseguridad, espíritu empresarial, ingenio, improvisación, producción de videos, etc.

El cuarto paso es redefinir el papel de los maestros. Los buenos docentes siempre serán necesarios, pero deben enseñar lo que la tecnología no puede. Deben dejar de ser presentadores de contenidos y empezar a ser entrenadores y empoderadores.

Y, por último, la tecnología, que no es una nueva forma de papel sino la base de la educación del futuro. Para ello hay que pasar de lo trivial a lo poderoso, dejar de utilizar la tecnología como un mero buscador y entender que sirve para crear conexiones, aplicaciones, hacer robótica y mucho más.

¿Cómo debería enseñárseles a los niños y jóvenes la paz en las aulas?

No se debería enseñar, se debería tener una conversación al respecto. Es un inmenso error creer que los educadores son los que deben transmitir el conocimiento, y no es así. Estamos hablando de una relación entre pares, con igualdades. Hay que saber qué piensan los niños de la paz, a qué le temen, cómo ven el país en un futuro. Eso es lo importante: conversar y no subestimar la inteligencia y las capacidades de los menores.

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