Adela Cortina recibe doctorado honoris causa de la U. Nacional
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“La solidaridad es sinónimo de felicidad”

La catedrática habló con El Espectador sobre el bien común y de cómo felicidad y la solidaridad son un imperativo para nuestra sobrevivencia como especie en tiempos de crisis climática.

Adela Cortina, recibió un doctorado honoris causa de la U. Nacional. / Cortesía Unimedios.

La filósofa Adela Cortina ha ocupado sus cuatro décadas de vida académica en discusiones sobre la ética de la ciencia, las nuevas tecnologías, la migración masiva y los derechos humanos.

Es miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas y desde hace 27 años dirige la Fundación Étnor, para la ética de los negocios y de las organizaciones del mundo. Ha publicado los libros Ética mínima, Por una ética del consumo, ¿Para qué sirve realmente la ética? y Aporofobia, el rechazo al pobre, entre muchos otros. Este jueves, la profesora emérita de la Universidad de Valencia recibió el doctorado honoris causa por parte de la Universidad Nacional de Colombia. En su paso por Bogotá, El Espectador charló con ella sobre figuras como Greta Thunberg y Jair Bolsonaro, y valores como la felicidad y la esperanza.

Quería preguntarle sobre el discurso que pronunció la activista de 16 años, Greta Thunberg, en Naciones Unidas: “¿Cómo se atreven? Me robaron el futuro”, decía entre lágrimas. Lo que en el fondo pedía era que los líderes del mundo hicieran lo correcto por las generaciones futuras, pero algunos criticaron su tono. ¿Qué es entonces hacer lo correcto en tiempos de cambio climático y la sexta extinción masiva?

Efectivamente, hacer lo correcto es radical hoy día. Lo que esta chica ha dicho sencillamente es de sentido común. Por lo visto necesitamos figuras emblemáticas. Estamos buscando metáforas, figuras, referentes, y ella ha servido para eso. Igual que cuando cantidad de gentes se ahogan en el Mediterráneo tratando de llegar a Europa. De pronto aparece la figura de un niño en la arena y todo mundo se revoluciona, porque ha nacido un símbolo. Necesitamos símbolos. Y Greta ha sido un símbolo de que estamos acabando con nuestros recursos y que las futuras generaciones tendrán pocas oportunidades. Es importante que haya símbolos y que atendamos a las catástrofes que no nos van a afectar solo a nosotros, sino a los que vienen después.

¿Es Greta una brújula moral? Para muchos hay otras brújulas morales, con otras éticas, como los grandes líderes del mundo: Donald Trump en Estados Unidos, Jair Bolsonaro en Brasil…

Hay una diferencia bastante clara. La gente necesita referentes en la política, en la ciencia. Pero no diría que las personas que optan por Trump o Maduro o Bolsonaro están optando por un referente moral, sino por un político que les resulta útil para sus deseos y necesidades. Hay una diferencia entre la ética y la política. Hay personas que son referentes morales, como Greta, o la madre Teresa de Calcuta, o Mahatma Ghandi. Son gente que pueden haber entrado en política o no, pero cuyas vidas merece la pena imitar. Eso es un referente moral. El caso de los políticos es otra cosa: es alguien que hace una oferta a la sociedad, pueden elegirlo o no. Y a uno puede parecerle que su oferta satisface sus necesidades y deseos, aunque el personaje no le parezca maravilloso moralmente. Si alguien pertenece a la clase media estadounidense y ha pasado no sé cuánto tiempo de su vida y ve que no asciende y que otros sí, y que ese señor ha ganado muchísimo dinero y le propone cómo hacer lo mismo, pues vota por él, no porque le parezca un referente moral. Como un negocio, casi. Sería maravilloso que cuando la gente elige políticos pensara en quién favorecerá más el bien común. Pero no es el caso, aunque sería maravilloso.

Entonces, ¿qué clase de ética o de moral deberíamos pedirle a un líder? ¿Deberíamos buscarla o solo limitarnos a ser prácticos y votar en términos de costo-beneficio?

Los señores de quienes estamos hablando son políticos. Pero la gente confunde ética con política. Una socióloga argentina me dijo una vez: “Lo que nos pasa en Argentina es que no buscamos un presidente, buscamos un salvador”. Así en el resto del continente. Los políticos no tienen que salvar a los países, ni hacer felices a las personas. Los políticos tienen que ser modestos, muy, y pertrechar a los países de los mínimos de justicia para que puedan desarrollar su vida. Bolsonaro no tiene que hacer felices a los brasileños, ni Duque a los colombianos. No tiene que ser un ideal de persona, solo cumplir con su tarea, igual que un médico debe curar y un profesor debe dar clases. Y nada más.

En su libro “Ética mínima” dice que alcanzar el bien o practicar la justicia no son más ambiciones, a pesar de que muchas culturas aún se preguntan por la rectitud o la justicia. Dice que ya no añoramos “vivir bien” sino “pasar bien”. ¿Qué es vivir bien, entonces?

Esa es la gran asignatura pendiente que la humanidad no ha podido aprobar desde hace varios siglos. Bueno pues, desde siempre, los seres humanos tendemos a la felicidad, lo que pasa es que alcanzar la felicidad no es tan fácil porque se necesita tener todo un proyecto de vida, no tiene que ser inmediatista, no se tiene que intentar conseguir ya todo lo que uno quiere. Si intentas conseguirlo todo ya, en el primer impulso, puede haber consecuencias catastróficas. Hay que organizarse bien, aplazar la gratificación, ser capaz de captar las personas que te pueden aportar algo en la vida. Algo afectivo y algo efectivo. Hay que ser capaz de tener los ojos abiertos y no dejar pasar oportunidades de dicha y felicidad por no verlas. La felicidad va consistiendo en estas cosas. ¿Puede ser felicitante reunirse a ayudar a la gente? ¿Puedes sentirte verdaderamente bien por que otros salen del sufrimiento y tú puedes ayudarlos? A lo mejor eso hace parte de la felicidad: considerar al otro. A lo mejor la solidaridad es un momento felicitante y uno no lo ve cuando va solamente a sus intereses egoístas. La felicidad es una asignatura muy grande y seria, a lo que aspiramos todas las personas desde siempre.

Algo similar decía Greta en su discurso. “Hay gente sufriendo, los ecosistemas mueren. Yo debería estar en el colegio, en cambio estoy aquí”. No estaba feliz, se veía triste. ¿Es posible ser feliz cuando la gente sufre?

Hay mucha gente que desatiende lo que sucede con el medio ambiente y los demás. Greta, más que feliz, está bien. Tiene bienestar. No es lo mismo bienestar que la felicidad, bueno, si no tiene uno recursos suficientes para vivir, si puede disfrutar la vida con amigos, compañeros, de un oficio, conocer otros lugares, está bien. El bienestar quiere decir tener todos esos deseos satisfechos y alguien puede estar bien, pero la gente que está bien no suele atender a las demandas de justicia. No le preocupa que haya gente sufriendo, pone sus vidas entre paréntesis. Tenemos una gran capacidad para poner al margen lo que nos perturba y molesta, vamos nada más a lo satisfactorio. Efectivamente, puedo estar bien, pero, claro, la pregunta es si eso es felicidad humana. Si la felicidad es estar bien, pase lo que les pase a los demás o si hay que tener en cuenta la justicia y ayudar a salir del sufrimiento a los demás.

¿La solidaridad sería un sinónimo de felicidad, no solo con otros humanos, sino con la naturaleza?

Claro, hay cantidad de gente joven enormemente feliz y solidaria. Si dejan de un lado lo segundo, pierden lo primero. Los seres humanos somos animales sociales. Vivimos con los otros y su sufrimiento nos duele y su alegría nos alegra, lo que pasa es que para estar bien dejamos de lado el sufrimiento ajeno y nos ponemos las gafas y listo.

¿Detener el cambio climático sería un imperativo para ser felices?

Los progresos técnicos y avances científicos están demostrando que los seres humanos somos capaces de crear riqueza. Por ejemplo, la biología sintética nos lleva a producir nuevos alimentos, nuevos medios, y entonces la humanidad puede seguir creciendo, y no solo eso: prosperando. Mediante productos transgénicos se crean más posibilidades de alimentación, se puede tener la esperanza de seguir teniendo niños, una cosa muy bonita para todos, porque ancianos ya hay bastantes. Una humanidad avejentada y homogénea no es muy emocionante. Por eso Greta, por ejemplo.

¿Es optimista sobre el futuro de los humanos como especie?

El optimismo o el pesimismo son estados de ánimo, son cambiantes. No me interesan. En cambio sí me interesa algo que tiene que ver con el carácter, y es la esperanza. La capacidad de tener esperanza con respecto al futuro, y para eso hay que dar razones. ¿Las hay, actualmente, para que esperemos que la humanidad mejore? Pues sí. Afortunadamente, como decía Steven Pinker, la humanidad, hasta el momento, ha progresado enormemente. Pensemos desde las primeras etapas de vida de los seres humanos: piensa que la esclavitud ha sido legal, que las mujeres hemos sido supeditadas sin voto, que el cambio climático era un mito hace treinta años. Cada vez que se producen muertes salvajes decimos no con más fuerza. Desde el punto de vista moral ha habido un enorme progreso. ¿Qué no se ha conseguido desde las tecnociencias? ¿Cuánta gente muere por la peste hoy? Antes vivíamos 30 años, ahora más de 80. Hay razones para que siga habiendo progreso, sí. Hay cantidades de gente que se atañe a lo que dice la Declaración de los Derechos Humanos: todos los seres humanos tienen derecho a la vida, a la salud. Todos. Así que construir esperanza también es una tarea pendiente.

Habla sobre las tecnociencias. Dentro de todas estas grandezas que hemos logrado como especie también hay momentos cuestionables. Por ejemplo, el uso de la inteligencia artificial para la vigilancia o la edición genética para la modificación de humanos, o, para no ir muy lejos, la guerra y sus armas letales y sofisticadas. ¿Cómo asegurar que siempre estén al servicio de un bien común? ¿A través de una ética común, moral, una política, un sentido de justicia, una tiranía?

La tiranía descártala. Ni pensarlo, eso es letal. Las tecnociencias efectivamente son instrumentos que dependen de quien los maneja. Se pueden usar para bien o para mal, obviamente, entonces es necesario construir una ética de las tecnociencias en cada una de ellas. Y se está trabajando en esto. Te lo decía por las razones para la esperanza. Somos muchos tratando de hacer marcos éticos, políticos y jurídicos para las ciencias al servicio de la gente, que se merece un mundo en donde puedan seguirse seguros y confiables.

Por último, ¿qué puede resolver la ética?

La ética es una necesidad humana que no nos damos cuenta de que lo es, como decía Amartya Sen. Pasa con la ética como con el oxígeno, no nos damos cuenta de lo necesario que es hasta que dejamos de respirar. Se puede hacer una humanidad que use mejor sus medios a través de una ética común. Ese es el gran tema de nuestros tiempos.

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2019-09-26T15:03:56-05:00

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2019-09-26T18:07:39-05:00

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Helena Calle

Educación

“La solidaridad es sinónimo de felicidad”

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