¿Llegó la hora de reformar el Sena? Que respondan los candidatos

Los empleadores cada vez desconfían más de los títulos o certificaciones de formación; lo que piden es que el empleado sepa, que demuestre su competencia, su capacidad, en la práctica.

La formación para el trabajo en Colombia ha estado presidida desde mediados del Siglo XX por el Sena. Es una entidad querida por todos los colombianos pero que enfrenta profundos retos; los de siempre, han sido los relativos a las perennes acusaciones de la corrosión politiquera y la inflexibilidad de su propia naturaleza.  Por ambas cosas ha recibido críticas repetidas, por ejemplo, de los gremios empresariales. Pero los retos que ahora le plantea el entramado económico tecnológico y contemporáneo, son superiores y diferentes a los que ya tenía el Sena desde el siglo pasado.

El ambiente de formación para el trabajo, especialmente las exigencias de la demanda y el tipo de oferentes, en el mundo entero y por tanto en nuestro país, cambia hoy en día de manera considerable. Es difícil imaginar cualquier profesión o trabajo que no enfrente el cambio, el cual llega cada vez más rápido.

En términos simples, por ejemplo, desde 1980 hasta 2015 mientras la producción manufacturera aumentó de 100 a 250, el número de empleos necesarios para alcanzar esos niveles de producción disminuyó de 100 a 60 (cálculos del Instituto Brookings). Hoy, además, se dice que ya comenzó la cuarta Revolución Industrial, la de la producción y el valor agregado basado en la inteligencia artificial y similares.

Los avances en la tecnología y los conocimientos científicos siguen produciendo nuevas posibilidades y necesidades en el mercado laboral. Si cambia la economía, debe hacerlo también la educación. La rapidez del cambio laboral exige una respuesta de igual velocidad por parte de la oferta educativa. Hoy día se requieren nuevas capacidades por parte de los trabajadores y la oferta educativa debe adecuarse; esto ya está sucede en otras latitudes. Al menos es lo que hemos encontrado en Educación Global: Una exploración de las nuevas formas de educación terciaria al inicio del siglo XXI1, libro resultado de una consultoría solicitada por la Caja de Compensación Familiar de Caldas, Confa, gracias a la visión de su director, Juan Eduardo Zuluaga.

Estamos en la era del conocimiento abierto y sin dueño; personalizado. Sólo observe el lector a sus hijos, y mire lo que aprenden, por ejemplo, en YouTube: lo que quieran, cuando quieran y donde se les ocurra. Pero no me refiero sólo a ello. En los últimos años se ha observado un estallido de canales y medios para la educación y capacitación continua con una miríada de proveedores de estos servicios. Por ejemplo, los Moocs (Cursos Masivos Abiertos y en Línea, por sus siglas en inglés), de los cuales evaluamos 150, se han convertido en la práctica universal para la multiplicación de oportunidades de educación a lo largo de la vida. Sin embargo, estos tienen sus limitaciones. Si no se ofrecen con una mezcla adecuada entre lo virtual y lo presencial, mejor conocida como educación híbrida o blended learning, el riesgo de deserción es muy alto (mayor al 90%). Más aún: para ser exitoso en un Mooc, debe haber un perfil del estudiante mínimamente adecuado a la oferta. Hasta ahora, pocos se preocupan por ello.

Estamos todavía en la etapa inicial de esta revolución educativa. No obstante, ya ha tenido impacto. Hoy existen multiplicidad de oferentes, de formas de ofrecer la capacitación y de maneras de demostrarlo. Hay una tendencia hacia las micro-credenciales de todo tipo, ofrecidas por empresas, por instituciones educativas y por cualquiera otro. Oracle, la multinacional líder en bases de datos, por ejemplo, tiene 3,5 millones estudiantes al año. Se habla de distintivos digitales (open digital badges), campamentos (boot camps), agencias certificadoras (con y sin ánimo de lucro), portafolios de competencias individuales certificadas, etc.

Es una especie de caos. El más grande cambio es que en el campo de la capacitación, evaluación y certificación de las competencias laborales, hoy en día hay infinidad de proveedores no tradicionales. Existe ya un mundo paralelo a las universidades e institutos, tradicionales que está dando oportunidades importantes afuera del alcance de esas instituciones formales. Pero estas actividades ocurren sin supervisión, monitoreo o evaluación confiable. Es evidente que no existe todavía un consenso internacional para incorporar todas estas nuevas modalidades en un marco que brinde la información buscada por las agencias gubernamentales, el sector productivo o el sector universitario. Hay necesidad de precisar bien que significa todo esto: las competencias que se pretenden desarrollar, pero también, la manera de certificarlas, los proveedores, en fin.

Hace pocos años, por ejemplo, las universidades más famosas se unieron para ofrecer Moocs sin ánimo de lucro, mediante plataformas, donde la mejor es EdX. Sin embargo, este modelo ya está cambiando pues algunas de las mejores universidades se independizan de las plataformas, publican su oferta propia y aprovechan la veta de ingresos que hallaron; impactarán así también, de manera irreversible, la formación profesional y posgraduada.

A esto, se une otra complejidad. Al parecer estamos en una época de desvalorización de la formalidad en la educación. Los empleadores, al menos los colombianos que investigué en otro estudio, cada vez desconfían más de los títulos o certificaciones de formación; lo que piden es que el empleado sepa, que demuestre su competencia, su capacidad, en la práctica.

Por otro lado, si lo que se pretende es generar desarrollo económico, debe fortalecerse la coordinación permanente entre oferentes de la capacitación y los empleadores, por sectores empresariales y regiones, como lo hizo hace no mucho el sector textilconfecciones en Antioquia. Es más, sí queremos jalonar nuevas inversiones, nuevas industrias, empleo sostenible y aumento del PIB, no solo hay que ofrecer lo que hoy los empleadores nacionales y locales demandan, sino también ofrecer formaciones muy reconocidas en otras latitudes por mercados laborales más sofisticados. Ello facilitaría una necesaria y postergada modernización económica. El ejemplo clásico es el de Costa Rica, país que formó durante años a una parte de sus ciudadanos en inglés y microelectrónica y, principalmente gracias a ello, logró que al final del Siglo XX se instalara allí una de las plantas constructoras de microprocesadores de Intel.

El gobierno que viene debe percatarse estos cambios y tendencias de dimensión global y radical, y pensar en reformas sustanciales a la formación para el trabajo ¿Qué pensarán los candidatos presidenciales? ¿Por cuánto tiempo, por ejemplo, seguirá el Sena indemne, en statu quo ante las apremiantes necesidades de productividad de la economía y generación de empleo? ¿Seguirá siendo un monopolio con tantas deudas como aciertos? Son bastantes las preguntas que surgen en este tema. Pero nunca es tarde para intentar responderlas.

*Ex rector de la Universidad de Caldas. Autor del libro: Educación Global: Una exploración de las nuevas formas de educación terciaria al inicio del siglo XXI. Caja de Compensación Familiar de Caldas -Confa. Asopagos S. A. Manizales, Colombia. 91. Otros investigadores del proyecto: Liz Reisberg, Mauricio Arbeláez R., Darwin Dubay Quintero y Paula Andrea Henao Ruiz.