"Los colegios deben ser los constructores de una cultura de paz"

Arturo Charría, exprofesor del Colegio los Nogales, considera que los planteles educativos deben estar preparados para convertirse en espacios en donde se promueva la tolerancia, la resolución de conflictos y la construcción de una memoria histórica.

Arturo Charria, profesor de Ciencias Sociales del Colegio Los Nogales, dirige el proyecto Museos de la Memoria / SeHablaDe

Para Arturo Charria el aula de clase es como un laboratorio. Allí, con sus gruesos lentes que no distan mucho de los que usaban los científicos en los años 30, se ha dedicado a experimentar fórmulas. Pero no de las que buscan transformar la composición de la materia o destilar el alcohol del líquido, sino de algo que parece tan simple y a la vez complejo como lo es crear Memoria Histórica. Detrás de él, en el salón donde dicta clase en el Colegio Los Nogales, tiene una colección de caudillos: una cartelera que reúne las frases, fotografías y momentos icónicos de los líderes que fueron asesinados en Bogotá. “Una alumna quería saber cuáles eran los lugares de violencia en la ciudad”, explica.

Porque, para él, la memoria se construye así: desde el impacto que tuvo en la sociedad, en los lugares y en quienes lo habitan. Preguntándose, precisamente, ¿qué tan cerca hemos estado de la violencia? Porque sin más, lo que ha logrado es que sus alumnos entiendan que el conflicto armado de Colombia y la construcción de la Memoria Histórica también es con ellos.

Su trabajo quedó resumido en los Museos Escolares, una exposición itinerante creada de forma paralela por los alumnos del Colegio Los Nogales, en el Norte de Bogotá, y La Giralda, en Las Cruces, donde a través de un objeto cotidiano que los estudiantes pudieran encontrar en su entorno, se contó la historia de muchas de las víctimas del conflicto armado.

¿Cuáles son los retos de la educación en el postconflito?

 

¿Cómo lograr reducir el estigma de los reintegrados desde la educación?

El panorama educativo de los reinsertados, según cifras de la Agencia Colombiana de Reintegración, es uno de los grandes retos para el país cuando se dé el fin del conflicto. El nivel educativo de personas que terminaron el proceso de reintegración para junio de 2015, era preocupante pues solo el 27,65% de estas personas culminaron sus estudios de bachillerato.

Para trabajar este tema, Charria considera que el postconflicto debe entenderse como un momento de transición. "Es importante que la política pública que se cree en relación a cómo el sistema educativo debe incorporar a los reinsertados también debe pensarse de manera transitoria", dice. Para el académico, es importante que las políticas deben pensarse de manera más amplia, no solo en la educación básica sino también dentro de la universitaria,

Además, afirma que uno de los riesgos más grandes es la probable deserción de los reinsertados, algo que para Charria debe ser incluído dentro de las políticas públicas que vengan con el fin del conflicto. "Hay que evitar que sean desertores de la escuela por el grado de vulnerabilidad que tienen: ya sea porque están amenazados o porque sean parte de un grupo ilegal para que puedan ser cooptados.

Por otro lado, otro tema importante es el del tránsito de la educación media a la educación superior. Según cifras entregadas por el DANE el porcentaje de deserción en los programas técnicos y tecnológicos es mayor al de la educación media y universitaria. "Hay que lograr el tránsito de la educación media. Que los reintegrados logren llegar al SENA o a la educación superior para que puedan encontrar, a través de la educación, una opción de vida real”, dice Charria.

¿Cómo debe ser un colegio para el posconflicto?

*Este artículo fue publicado en noviembre del 2015 y hace parte de 'Se Habla De', un trabajo periodístico realizada por Maria Monica Monsalve  para la Universidad Javeriana. Vea el trabajo completo en este enlace: http://www.sehablade.co/

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