Los espartanos de la Universidad Nacional, el equipo que sueña con estar en primera

Esta institución cumple 150 años formando excelentes profesionales en distintos campos del conocimiento. Sin embargo, ha sido poco su reconocimiento por formar deportistas.

Poco antes de que Uruguay enfrentara a Jamaica en la Copa América, el delantero uruguayo Edinson Cavani señaló lo difícil que era enfrentar un equipo africano por su gran condición física. Cavani se ubica muy bien en el área rival, pero está muy desubicado en clase de geografía. Jamaica está en el Caribe.

Los futbolistas son muy conocidos por ser brillantes dentro de la cancha, y por “meter la pata” fuera de ella. Tropezones y embarradas en sus declaraciones han puesto en juego las habilidades intelectuales de los futbolistas. Pero esto no aplica para los jugadores de la selección de fútbol de la Universidad Nacional, quienes complementan su pasión por el deporte con un gran rendimiento académico.

Elocuentes, agiles, comprometidos. Hablar de fútbol en la Universidad Nacional es hablar de la historia de este deporte en Colombia. Pocos saben que dentro de la Ciudad Universitaria se encuentra un recinto sagrado para el deporte colombiano, el estadio Alfonso López Pumarejo, o como lo llaman los jugadores del equipo de fútbol “El Templo”.

Los estudiantes del equipo de la Universidad Nacional ganaron el torneo de la Asociación Colombiana de Universidades (ASCUN) en el primer semestre de este año. / Óscar Pérez
 

“Sus características arquitectónicas son excelentes, es comparable con cualquier otro estadio profesional y hay personas que lo comparan con el Estadio Olímpico de Berlín. Pero por encima de las cuestiones arquitectónicas, su valor patrimonial yace en quienes seguimos hoy dándole esa noción de patrimonio, una que no se queda solo en lo físico, sino que contempla todo lo que rodea a este lugar, es ahí donde se resignifica todo el valor histórico del escenario. Para nosotros es realmente un espacio sagrado” señala Luis Carlos Barrera, volante del equipo y egresado de arquitectura en septiembre de este año.

Barrera, el arquitecto del equipo, entiende las dimensiones que tiene el lugar que está pisando cuando corre por las bandas. Este estadio tiene una trascendencia muy importante para el deporte en Colombia. Fue diseñado por Leopoldo Rother, un arquitecto alemán, y fue abierto en 1938, a la par del Nemesio Camacho El Campín, para servir como sede de los Juegos Bolivarianos de ese año. Además, ha sido sede de los equipos capitalinos, Independiente Santa Fe y Millonarios, donde el equipo rojo consiguió levantar su primera copa. Además, albergó a Equidad Seguros, antes de que se fuera al Estadio de Techo, y a Boyacá Chicó, cuando se llamaba Bogotá Chicó y jugaba en la capital en el año 2004.

“Mi abuelo era estudiante de esta universidad, mi papá era estudiante de esta universidad, y cuando era niño recuerdo que venía a veces a jugar a este estadio, y nunca quise estudiar en otra universidad. Yo estaba en las inferiores de Santa Fe y cuando llegué a jugar acá nunca imaginé que un equipo universitario fuera tan competitivo como lo es este. Es un equipo que quiere ganar siempre todo y que trabaja mucho”, dice Guillermo Leal, estudiante de farmacia y volante de creación del equipo.

Pocos saben que la Universidad Nacional contó con un equipo en la primera división del fútbol nacional y que además este fue el encargado de abrir el primer campeonato. A las 11 de la mañana del 15 de agosto de 1948, los merengues, como les decían a los de la Universidad Nacional, se enfrentaron a Atlético Municipal, hoy Atlético Nacional, en el primer partido de la liga colombiana.

El inicio del fútbol estuvo marcado por una derrota de los merengues 2 a 0 en el Hipódromo de Itaguí, en donde Rafael Serna, tío segundo de Mauricio “El Chicho” Serna, se encargó de abrir el marcador. El segundo tanto llegaría por un autogol de Carlos Rodríguez de los universitarios. Elías Coll, padre de Marcos Coll, jugador que anotó el único gol olímpico en los mundiales de fútbol, pitó el encuentro.

En su primera temporada, debido a las restricciones que impedían que existieran más de dos equipos por ciudad, los universitarios jugaron en Pereira. Fue hasta 1949 cuando el equipo jugó en Bogotá. Contó con jugadores como Jesús María Lires López y Luis Alberto “El Mono” Rubio, quienes jugaron también en Independiente Santa Fe y en Millonarios.

No quedan archivos fotográficos ni reportes en prensa de los primeros eventos deportivos en Colombia, una escasez que demuestra el atraso que se tiene en el país en periodismo deportivo. Es por esta razón que las memorias de los merengues, al igual que el equipo, desaparecieron. Tras cinco temporadas en primera el equipo se retiró del profesionalismo en 1953. 

“A pesar de que no se continuó con ese proceso aún se tiene ese sueño porque la universidad cuenta con el material humano necesario para sacar un proyecto de este estilo adelante. Esto desafortunadamente ha sido una lucha constante porque muchos de los directivos de la universidad consideran que uno entra a la academia es netamente a estudiar y quieren resaltar a la academia únicamente por sus logros académicos, sin embargo, una persona debe ser integral y no todo está en el estudio. Pese a esto, con lo poco que hemos obtenido de parte de la universidad, le hemos demostrado a la gente de arriba que tenemos con qué y la idea es seguir con esa mentalidad y seguir creciendo más” declara Julián Falla, veterano arquero del equipo y estudiante de ingeniería industrial.

Sin embargo, este no fue el fin para el sueño profesional del equipo. En 2002, John Faber López, quien fue director técnico de La Equidad en 2014, tomó las riendas del equipo universitario con el interés de llevarlo al profesionalismo, interés que se vio frustrado cuando se dejó de lado el ascenso de la categoría Primera C.

“John Faber López era una máquina socialmente y administrativamente, movía muchas influencias y mucha gente lo quería, él se va para el Club La Equidad, y se llevó algunos jugadores de la universidad. A pesar de que fue un gran entrenador nunca ganamos nada. Fue cuando llegó el profe Edison Muñoz que comenzamos a tener nuestra racha ganadora”, señala David Alejandro López, estudiante de química y arquero del equipo.

El viejo equipo merengue quedó en el pasado, ahora se apodan los espartanos, y con su grito de guerra, al estilo de la película 300, se motivan para luchar contra sus clásicos rivales de la Universidad Distrital, los Andes, y la Universidad Javeriana. 

En otros países de Latinoamérica los clubes universitarios han tenido bastante éxito. En Ecuador, Liga Universitaria de Quito, cuyo origen está en la Universidad Central de Ecuador, quedó campeón de la Copa Libertadores de 2008. En Chile, Universidad Católica y Universidad de Chile han salido campeones en 30 ocasiones del torneo local. Mientras que, en Perú, Universitario de Deportes, cuenta con 24 títulos locales y un subcampeonato continental. México es otro país donde las universidades tienen éxito en lo deportivo pues los Pumas de la Universidad Autónoma de México, y el Club de Fútbol Tigres de la Universidad Autónoma de Nuevo León, han logrado quedar campeones en cinco ocasiones cada uno.

A pesar de que el artículo 19 de la ley 185 de 1995 expresa que “las instituciones superiores, públicas y privadas, conformarán clubes deportivos de acuerdo con sus características y recursos, para garantizar a sus educandos la iniciación y continuidad en el aprendizaje y desarrollo deportivos, contribuir a la práctica ordenada del deporte”, esta práctica está muy olvidada en Colombia. 

El último intento de un club en una división profesional de fútbol fue el de la Universidad Autónoma del Caribe Fútbol Club, en representación de la Universidad Autónoma del Caribe que debutó en el torneo de ascenso de 2011, y ascendió a la máxima categoría en 2014. El equipo desapareció del profesionalismo en 2015 luego de que su rector, Ramsés Vargas, emitiera un comunicado en el que señalaba que “la docencia y la investigación de calidad son las únicas prioridades en la Autónoma”.

“La Universidad es el espacio del conocimiento universal y en ese orden de ideas es el momento para poder hacer muchas cosas al tiempo, y más en un campus como el de la Universidad Nacional que es un espacio central en la ciudad donde conviven distintos campus del saber e incluso su mismo diseño permite que relacionen en el mismo lugar personas de muy distintos conocimientos, y eso hace una experiencia incomparable con cualquier otro espacio deportivo del país.”, señala Luis Carlos Barrera.

A pesar de su historia y sus condiciones, el Alfonso López hoy no cuenta con ningún equipo de fútbol que dispute una categoría profesional. La FIFA dio instrucciones para la apertura de una tercera división en el país, lo que significa una nueva oportunidad para que el fútbol universitario cumpla su sueño de llegar al profesionalismo, una meta que no solo es de la Universidad Nacional, pues la Universidad de Córdoba también tiene el interés de vincular su institución al deporte de alto rendimiento.

“El fútbol universitario en Colombia hoy en día está un poco olvidado. Mi primer contacto con la universidad no fue académico sino deportivo porque las convocatorias abrían antes de que comenzaran las clases. Es muy difícil entrar al equipo, yo me sentía muy emocionado de entrar a jugar. Mucha gente se va por el compromiso, porque no basta ser bueno sino comprometido, acá prima el compromiso sobre el talento”, declara Paulo Díaz, estudiante de ingeniería eléctrica y goleador del equipo. 

“Nosotros somos muy unidos, ese es el mayor éxito del equipo, reunir a personas muy diferentes y hacer una familia muy sólida, eso nos fortalece tanto socialmente como intelectualmente porque aquí hay profesionales o estudiante de carreras de todas las áreas del conocimiento, eso quiere decir que este equipo es un punto central para el intercambio de opiniones y de ideas de todo tipo”, complementa David López.