Un premio a la excelencia

Los mejores maestros de Colombia

Carlos Enrique Arias y Orlando Ariza fueron elegidos por la Fundación Compartir como el mejor profesor y el mejor rector del país. Sus proyectos en Montelíbano (Córboba) y en Villagarzón (Putumayo), respectivamente, fueron seleccionados entre miles de iniciativas por su novedad pedagógica y su impacto en los estudiantes.

Carlos Enrique Arias (izq.) fue elegido como el mejor profesor de Colombia. Por su parte, Orlando Ariza estudió con los padres Redentoristas en Bogotá. Óscar Pérez

Así son las clases con el profesor más destacado del país

Antes de que el profesor Carlos Enrique Arias empezara el proyecto “Aula investigadora: la investigación como un proceso de lectoescritura y la lectoescritura como herramienta fundamental de la investigación”, el 80 % de los estudiantes que se graduaban del colegio San Antonio María Claret, en Montelíbano (Córdoba), no entraba a la educación superior. Hoy, casi 15 años después del primer piloto, el 94 % de los egresados estudian un programa técnico, tecnológico o una carrera profesional.

Estos resultados, sorprendentes en un municipio abandonado por el Estado y golpeado por la violencia, demuestran que los proyectos de investigación que realizan los estudiantes en los últimos años de bachillerato no solo transforman su mentalidad, sino que son una herramienta clave para mejorar su calidad de vida. Por eso, la Fundación Compartir escogió a Carlos Enrique Arias como el mejor profesor de Colombia. Su trabajo fue seleccionado entre 1.074 propuestas de maestros. La ceremonia de premiación fue ayer, en el auditorio Mario Laserna de la Universidad de los Andes, en Bogotá.

“Antes de empezar con este proyecto, la mayoría de mis estudiantes se graduaban y no querían saber nada de la educación superior: se casaban jóvenes, se embarazaban jóvenes, se metían en grupos armados o en el negocio del narcotráfico y terminaban repitiendo el mismo círculo de pobreza de sus papás”, asegura Arias. Reconoce que la educación que el colegio les daba no generaba aprendizajes significativos y no impactaba sus vidas. “Mi reto fue desarrollar una estrategia que mejorara la movilidad social de los alumnos a través de la lengua castellana. Debía enseñarles a investigar para que aprendieran a entender lo que les pasaba en su vida cotidiana y en su entorno más cercano”.

El proyecto de Arias tiene como propósito generar en el estudiante la capacidad de búsqueda e indagación rigurosa y al tiempo enseñarle distintas herramientas TIC. Es una buena excusa para mejorar los bajos niveles de lectura de sus estudiantes y para que descubran el origen de su realidad socioeconómica. “Quería ayudarles a entender que su pobreza no era decretada por los cielos, que había una lógica detrás y eso se podía cambiar”.

Los jurados del premio reconocieron que con cada investigación liderada por Arias se evidencia que sus estudiantes se fortalecen en competencias comunicativas básicas como lectura, escritura, oralidad, pensamiento crítico, toma de postura argumentada, autonomía y respeto por la diferencia. La idea, dice Arias, es que los proyectos de investigación surjan de las necesidades, los intereses, los problemas o las expectativas del estudiante. “Desechamos la clase tradicional, en la que el maestro enseña y los estudiantes aprenden, y empezamos a aplicar los conceptos y las tesis de Paulo Freire y Marco Raúl Mejía. La educación debe ser una negociación cultural, una transacción de significaciones en la que hay que valorar el diálogo de saberes, incluidos los preconceptos de los estudiantes”.

El proceso de investigación de los estudiantes comienza en 9 y termina en 11. Son tres años de trabajo en los que aprenden competencias morfosintácticas, pragmáticas y estilísticas para que construyan conocimiento propio. No aprenden a repetir sino a pensar por sí mismos y a cuestionar. Con la investigación se convierten en seres críticos y sujetos históricos. “Empezamos a trabajar con unidades básicas del texto como el párrafo, el texto argumentativo, el ensayo, hasta que finalmente construyen un informe científico, que funciona como una especie de tesis para optar al título de bachiller”.

El rector que transformó una escuela en Putumayo

Desde 2009, Orlando Ariza es el rector de la Institución Educativa Nuestra Señora del Pilar en Villagarzón, Putumayo. Cuando asumió el cargo, el colegio perdía estudiantes todos los días, su infraestructura era pobre y tenía mala fama. El nuevo rector, un maestro por accidente que estudió con los padres Redentoristas en Bogotá y llegó al Putumayo como catequista, puso en marcha una inesperada estrategia de crecimiento: recibió a todos los estudiantes desescolarizados de la comunidad. Llegaron al colegio los jóvenes que habían sido expulsados de otras instituciones, los consumidores de sustancias psicoactivas, los que tenían problemas de disciplina y de convivencia, y los de peores resultados académicos. 

A raíz de esa decisión, la gente del municipio empezó a referirse al colegio como “el recicladero. Diez años después, Ariza fue escogido entre más de 100 postulados como el mejor rector del país. Su apuesta pedagógica hizo que en 2017 el colegio obtuviera el tercer mejor rendimiento de Putumayo, según el ISCE. Ese año, todas las calificaciones estaban por encima de la meta de Colombia de ser la más educada para 2025: en primaria el puntaje fue de 7,22; en secundaria, de 7,38, y en media, de 7,37.

“Lo primero que hicimos fue construir un nuevo currículum que fuera pertinente y significativo para los niños. Queríamos que a los estudiantes les gustaran sus clases, entonces revisamos las asignaturas del plan de estudio y lo transformamos radicalmente”. 

El nuevo currículum del colegio Nuestra Señora del Pilar no se divide por materias independientes, sino que tiene tres grandes campos de investigación. El primero es Responsabilidad social y ciudadana, que incluye las clases de ciencias sociales, llamadas en el colegio Ciudadanos; las clases de español, conocidas como Comunicativos; las de inglés, que son We are explorers, y las de filosofía, que se llaman Reflexivo.

El segundo campo es el de Desarrollo sostenible, medioambiente e innovación. “Vivimos en una región amazónica en donde es importante que la tecnología vaya de la mano con el desarrollo sostenible”, dice Ariza y añade que las clases de este campo son Curiosos, que reemplaza ciencias naturales; Innovadores, que hace referencia a Tecnología; y Pilosos que es matemáticas”.

El tercer campo es el de Desarrollo personal. En él están Creativos, que es Artes; Activos, que es educación física; Espiritualidad, equivalente a religión y Solidaridad que es la antigua Ética. 

Estas asignaturas trabajan de forma articulada y armónica, y han logrado los buenos resultados académicos del colegio. De acuerdo con los jurados del premio, el rector logró transformar de forma positiva la institución a partir de “trabajo eficaz de resignificación curricular, liderazgo fuerte, pero con afecto, esfuerzo continuo de los docentes y fortalecimiento del rol de los padres de familia”. 

Su propuesta pedagógica tiene, como elementos básicos, el fortalecimiento de las prácticas de aula, el enfoque en competencias, el trabajo por proyectos y el cambio en la concepción y práctica evaluativa. En su inicio, la institución solo tenía ocho salones. Hoy cuenta con 20 aulas de clases, un área de 2.500 metros adicionales y el restaurante escolar más grande del departamento. De ser el recicladero, el colegio pasó a ser la institución más querida por la comunidad.

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2019-06-10T22:19:38-05:00

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