‘No sabemos interpretar la educación’: Pablo Lipnizky

Para el pedagogo Pablo Lipnizky el país debe transformar su forma de enseñar.

En agosto de 2012 el argentino Germán Doin logró algo que muchos cineastas desearían: en tres días su documental La educación prohibida fue visto por casi 500 mil personas y compartido cientos de veces en redes sociales. Su mensaje había estremecido a muchos latinos que parecían no estar de acuerdo en la manera como los habían formado en los colegios.

Hoy aquella película, que retrataba el éxito de varios ejemplos de educación alternativa y criticaba con dureza los métodos tradicionales, suma más de 11 millones de reproducciones y tiene más de 14 mil comentarios. La mayoría están de acuerdo con su tesis: hay que transformar el aprendizaje. “Hay que tener en cuenta la creatividad y la libertad de aprender”, le había dicho Doin a El Espectador.

El tema que presentó aquella vez hoy tiene tanta acogida que ahora es frecuente que se reúnan líderes de esas pedagogías para mostrar sus avances. Y Bogotá no ha sido la excepción. Hace un par de semanas, bajo el nombre de la “Semana de la educación alternativa”, varios profesores, rectores y estudiantes se dieron cita para analizar los desafíos del sistema colombiano y el rol del Estado y la academia.

Uno de los presentes fue Pablo Lipnizky, director del colegio Ekirayá Montessori, ubicado en La Calera. Para este argentino hasta el momento Colombia se ha equivocado con su manera de enseñar. A la hora de explicar por qué estos métodos son más eficaces, dice que lo tienen sin cuidado las pruebas Saber y asegura que los mismos colegios han sido generadores de violencia. “Nos han inducido a pensar de forma fragmentada”.

¿Qué piensa de los currículos de los colegios tradicionales?

No se aprende en el colegio porque existen currículos estrictos. Según el Estado, un niño tiene que ver 40 temas y tiene 40 semanas de clase. ¿Alguien me puede explicar quién aprende y cómo desarrolla sus habilidades?

¿Entonces estamos malentendiendo la educación?

Tenemos una pésima interpretación de la educación. La palabra “educación” viene del latín educare o educere, que significa sacar lo que está adentro. Pero eso no pasa en los colegios. Dentro de la palabra educación aparece “formación”, que es moldear a alguien como se cree que ese alguien debe ser. En el país no tenemos educación, sino formación.

Hasta ahora la educación tradicional se ha enfocado en la enseñanza por medio de materias. ¿Cómo ve ese método?

El neurocientífico argentino Estanislao Barchrach dice que el cerebro humano es como un lago en donde todo está interconectado. Cuando llegamos a los colegios congelan el lago y lo convierten en cubitos de hielo para que pensemos de manera fragmentada.

¿Cuál es el sentido de competir?

Ninguno. Algo que se incentiva en los colegios es ranquear a los humanos: el mejor, el número uno. Los colegios que premian y castigan son generadores de violencia.

Pero cuando los estudiantes se gradúan del colegio pasan de un modelo donde los califican y ranquean...

Estos niños aprenden a cooperar porque es la única forma de que una sociedad crezca. Lo que me atrevo a decir es que los colegios están formando gente incompetente para la realidad social porque les enseñan a ser individualistas, competitivos y tramposos.

Usted habla de la educación para la paz. ¿En qué consiste esta propuesta?

En saber cuidar al ser humano. Los niños acumulan estrés porque los exponen. Tal vez el alcohol, la drogadicción y el tabaquismo representan fugas para descargarse. Lo que se sufre en un colegio es el reflejo de un país. ¿Cómo ayudamos al que se le dificulta en lugar de caerle? Eso es educar para la paz.

¿Cómo le va en las pruebas de Estado?

No miro esos resultados porque no me importan, aunque hasta ahora nos ha ido bien.

Si no le interesa, ¿quiénes evalúan si lo están haciendo bien?

Nuestros estudiantes cuando tengan 20 o 25 años. Ellos sabrán si están haciendo bien su trabajo, si es la vida que quieren.

¿Vamos por el camino equivocado?

Según la ONU, Colombia es el país que más años ha durado en guerra, los niveles de inseguridad son grandísimos y la diferencia social es abismal. Eso refleja que estamos fallando en educación. Los casos de corrupción involucran alumnos que estudiaron en los mejores colegios y universidades del país. Ellos tenían mucha formación, no educación. No estamos educando gente con visión de futuro. Hay que dejar de mirar tanto contenido para fijarse en el ser humano: sus habilidades, su creatividad, su potencial investigativo.

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